martes, 31 de mayo de 2016
ADIÓS - Gabriela Mistral
Adiós
En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos...
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!
Gabriela Mistral
Gabriela Mistral
lunes, 30 de mayo de 2016
AMANECER
Amanecer
Hincho mi corazón para que entre
como cascada ardiente el Universo.
El nuevo día llega y su llegada
me deja sin aliento.
Canto como la gruta que es colmada
canto mi día nuevo.
Por la gracia perdida y recobrada
humilde soy sin dar y recibiendo
hasta que la Gorgona de la noche
va, derrotada, huyendo.
Gabriela Mistral
UNA ANGUSTIOSA ESPERANZA
Angustia me llama.
La oigo diáfana,
siempre la oigo.
Esperanza me jala,
dice: no vayas, no vayas.
Pero el llamado de Angustia es tajante y claro.
Se parece al arpón de un trueno,
que resuena y se clava,
siniestro y nunca soberano.
Angustia me llama,
dice: ven, ven.
Se conserva tozuda,
directa y pantanosa;
me guiñe un ojo,
y recita una plegaria.
Mientras,
en mi subconsciente yace Esperanza.
Se yergue gallarda;
alto se yergue.
Saluda a las águilas,
a mis ideas y a los halcones.
Besa mi cara,
y con cuidado la muerde.
Me rodea medio semblante y al oído me suplica:
“no vayas, te lo ruego.”
Angustia se percata de Esperanza.
Le eyacula una mirada,
un guante blanco le arroja.
“Pilla radiante”, le dice,
“consérvate para ti sola”.
Esperanza gira la mirada.
Inhalando,
airada se posa.
Cruza los brazos,
las cejas enarbola.
Exhalando,
deja caer un gemido.
Esperanza da unos pasos;
Esperanza de mí se aleja.
Esperanza, a unos pasos,
iza su bandera.
De Osadía se contagia,
y con ella su temblor incinera.
Se acerca,
lame mi oreja.
Se aleja…
…se aleja.
Se paran una frente a la otra;
un espacio de Miedo las separa.
Angustia alza una grave roca,
la empuña,
la amamanta,
se hace con ella,
y con un pujido la expulsa.
Inefable, zumba en el aire.
Frenética, a Esperanza se aproxima;
con desdén,
un brazo le arrebata.
Del ojo le brota una lágrima;
mugre le sale de la herida.
No rompe en llanto pero ah cómo babea.
De su mirada manan conjuros;
de su hocico obtusos insultos.
Deglute palabras;
vomita serpientes.
Esperanza mira en el suelo su brazo.
Se lamenta,
lo patea,
lanza un silbido y sobre Angustia se abalanza.
Angustia monta guardia,
se persigna con su zarpa.
Esperanza se aproxima,
Soberbia y engreída.
Pronto están una frente a la otra.
Se miran,
se exploran.
Esperanza contempla sus ojos Escarlata.
Angustia observa su herida:
observa la mugre que le sale de su herida.
Esperanza le muerde el cuello;
Angustia le vomita en la cara.
Un rojo cuello sangra;
una esperanza se ahoga con angustia.
Yo quedo libre y emancipado.
Porque el que se angustia necesita una esperanza,
y el que tiene esperanza en vano se angustia.
Carlos Villarreal
Fuente: CULTURA COLECTIVA
domingo, 29 de mayo de 2016
sábado, 28 de mayo de 2016
miércoles, 25 de mayo de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
lunes, 23 de mayo de 2016
domingo, 22 de mayo de 2016
sábado, 21 de mayo de 2016
BARRICADA
Barricada (Achtung, Halt!)
José Rafael Herrera
“Mal revolucionario es aquel que cree hallarse de continuo en el fragor de la barricada”.
G. W. F. Hegel
La barricada es una versión urbana de lo que, en el ámbito militar, se conoce con el nombre de “parapeto”, es decir, un terraplén hecho de piedras o cemento recubierto con arena y precedido por un foso, cuyo propósito consiste no solo en resistir el fuego de la artillería enemiga, sino, además, de impedir –o de obstaculizar– el paso de las tropas que intentan cruzar los límites impuestos, precisamente, por quienes lo han construido. En el caso de la barricada, se trata de un parapeto improvisado en las calles o avenidas de una determinada ciudad, y que debe su nombre a las barricas o recipientes utilizados para la crianza del vino. El lector avezado en la cata vinícola habrá descifrado el lugar de origen de las mismas: la París de 1588, durante el célebre “día de las barricadas”. Más tarde, serán el derrocamiento de Mazzarino, de 1648; las convulsiones previas a le grand révolution, de 1789; las “jornadas de febrero”, de 1848; y, por supuesto, la “Comuna de París”, de 1870.
Con el tiempo, a las barricas se le fueron añadiendo carretas, tablones, gaveras, alambre de púas, vidrio y cuanto material de desecho permitiera cumplir con el objetivo deseado: cerrarle el paso al “enemigo de clase”. De hecho, la popular y archiconocida consigna: “¡No pasarán!”, tiene su génesis, precisamente, en el ambiente de conflicto y delimitación de las fogosas barricadas. Como auténticos escenarios representativos de la lucha callejera, las barricadas terminaron por convertirse en parte constitutiva de los enfrentamientos sociales y políticos de los tiempos modernos hasta nuestros días, y en todo el mundo. De ahí que en la construcción misma de una barricada se ponga en evidencia toda una simbología en sí misma. Todo un imaginario. Un pasquín de los años setenta en Venezuela llevaba por título, precisamente, el nombre de “Barricada”.
Lo cierto es que la representación general que inspira la construcción de una barricada tiene sus fundamentos en la idea de límite, es decir, la idea de trazar una delimitación espacial entre dos términos en confrontación. De modo que, transformadas en elementos conceptuales, estas –las barricadas– pudieran terminar convirtiéndose en códigos de conducta social y hasta en definición de la “lógica” de todo un país. Y, así, desde los límites trazados por una barricada, todas las expectativas de progreso, desarrollo y bienestar de una nación pueden diluirse y rodar “cuesta abajo”, hasta sumergirse por el foso del alcantarillado que ha sido levantado, como parte de la propia barricada mental.
Algún mesiánico e intergaláctico caudillo, del pasado reciente, dio en llamar a las barricadas “guarimbas”, porque, obviamente, llamarlas barricadas hubiese significado poner “el balón del otro lado de la cancha”, dado que, como se sabe, también las canchas deportivas establecen reglas precisas para sus límites. Además, como se trataba no solo de distinguirlas de las “heroicas” barricadas “populares”, sino de minimizar toda eventual irrupción de protesta contra el régimen, el hecho de bautizarlas como “guarimbas” las reducía a un simple juego infantil –la “ere”– en el que la guarimba en cuestión representa una suerte de locus seguro, un free, un“territorio liberado”. Si son “de izquierda” son barricadas. Pero si son “de derecha” son guarimbas. Cabe preguntarse si, por simple extensión ana-lógica de la idea de delimitación, los llamados “puestos de control” o las “alcabalas”, que habituaba instalar el régimen nazi-fascista en lugares “estratégicos” –rodeadas de “miguelitos”, concertinas y sacos de arena, con esos grandes letreros, por cierto, pintados en negro y rojo: Achtung, Halt!, que equivale a decir, tal vez de un modo menos poético, pero sin duda efectivo: “¡No pasarán!” –, ¿eran barricadas o guarimbas?
El amenazante “llegas hasta aquí”, como rígido y perentorio criterio de demarcación, es fascista de principio a fin, y no importa si viene revestido de “heroicas” bambalinas y guirnaldas negras y rojas, con estrellas o con “ojitos” estrellados. Es tan fascista la rigidez, la inflexión, la barrera “infranqueable”, como el primitivo e irracional deseo de agredir, la exaltación de la violencia como modo de vida, el culto a la “acción de las masas” como negación del saber, como exaltación a la mediocridad. En política –y no solo en política– el odio, el resentimiento, el deseo de venganza, son claras expresiones de fascismo, con independencia del lado que se quiera ocupar, a la derecha o a la izquierda del poder. De ahí proviene la evidente relación del fascismo con los carteles del crimen. No se trata de no reconocer el hecho, absolutamente objetivo, de que la violencia ha sido una constante en el decurso de la historia de la humanidad. Se trata, más bien, de propiciar la construcción –via educationis– de una sociedad que dirima sus conflictos “por otros medios”, como dice Clausewitz, cabe decir, y en virtud de la praxis política, del debate abierto y libre, la tolerancia, la cohabitación y el civilizado reconocimiento del otro. Solo de ese modo el espectro de la barbarie fascista quedará sepultado en el recuerdo de la prehistoria humana.
La pretensión de institucionalizar la barricada –sea esta material o mental– como modo de vida, como fundamento del ser y de la conciencia sociales, es contraria al espíritu de cambio, de progreso histórico, de desarrollo de “las fuerzas productivas” de la sociedad. Interpretar las funciones del Estado como una “trinchera” sin fin y concebir a quien protesta como al “enemigo” que debe ser aplastado y reducido a polvo, no es, por cierto, una actitud auténticamente revolucionaria. Como dice Hegel, es un mal revolucionario quien asume la vida como si estuviese inmerso en el “fragor de las barricadas”. La hipostatización hecha por el régimen de sus mitos requiere de un estudio de compleja psiquiatría social. Entre tanto, son justamente esos mitos hipostasiados los que lo mantienen, en este mismo momento, en una auténtica barricada, rodeados, esta vez, por todo un pueblo indignado que les exige aceptar, finalmente, su salida del poder.
JOSÉ RAFAEL HERRERA / @JRHERRERAUCV
EL NACIONAL.COM / 12 DE MAYO 2016
Fuente: EL NACIONAL.COM
viernes, 20 de mayo de 2016
jueves, 19 de mayo de 2016
VIVO EN UN MUNDO DE GENTE ENCORVADA
Vivo en un mundo de gente encorvada,
pero nadie lo nota
porque todos viven de erguirse sobre alguien.
Vivo con gente que apaga la luz a las doce
y se marchita arrancando hojas al calendario,
pero se consuelan con otros
que ni siquiera saben
si estarán vivos al día siguiente.
Vivo rodeado de gente con sed,
mordiéndose constantemente los labios,
pero solo cuando han comido.
Vivo subido a las palabras,
porque en ningún otro sitio
he encontrado casa
Antonio Orihuela
Piedra,Corazon del Mundo
Antología personal 1995-2000
Editorial Germania
miércoles, 18 de mayo de 2016
¿DE QUÉ PATRIA HABLAMOS?
¿De qué patria hablamos?
Ofelia Avella
Me pregunto qué patria puede haber cuando el concepto mismo está tan confuso. Si unos tenemos algo en mente y otros, otra cosa, ¿cómo puede haber patria si no hablamos de una común a todos?
El diccionario de la Real Academia Española incluye esta breve definición: "Lugar, ciudad o país en que se ha nacido". Esto, aunque debería bastar, no lo es todo, pues puedo haber nacido en un lugar en el que viví una semana o incluso años y llevar, en adelante, otro país en el corazón. Por eso prefiero aludir a esta otra definición que se da: "Nación propia nuestra, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas". Pienso, pues, que se trata de una definición mucho más completa y profunda.
Llama la atención lo primero: "nación propia nuestra". La patria es propia, puesto que antes de ser parte de un colectivo, uno es un individuo, único, irrepetible, con una inteligencia, una voluntad, unos talentos y una misión, intransferible, no endosable a alguien más, y por ello propia. Al nacer en un país, es lógico que uno lo considere su patria. Por otra parte, vivimos en comunidad, hecho que se manifiesta ya desde que venimos al mundo a través de unos padres, pues nadie puede nacer solo. Entramos al mundo en familia, y al igual que tantos otros individuos, nacemos en un lugar común. Por eso la patria es propia nuestra, "de cada quien" y "de todos".
Si seguimos analizando la definición, vemos que "lo propio y nuestro" incluye los bienes de esa patria, es decir, "las cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras (que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas"). Vamos, pues, a hablar de esos bienes. Las cosas materiales resultan, quizás evidentes: las riquezas físicas, la tierra, sus habitantes, las cosas todas que tocamos. Las costumbres, la comida típica, las tradiciones, los símbolos patrios, podríamos decir que también, aunque a la materialidad de las formas culturales subyace un significado inmaterial que arraiga a la patria, al conferir a sus habitantes una orientación, unas referencias de sentido, que "cautivan su amorosa adhesión". La naturaleza, por otra parte, junto a la diversidad de paisajes, son todas cosas que le hacen a uno sentir parte de un contexto que, aunado al modo de vida, lo inserta a uno en una nación, haciéndole sentir parte de ella. La belleza del mar, de las montañas, de los llanos, el azul de este cielo que en otras partes es oscuro, si bien son cosas materiales, "cautivan" también "nuestra adhesión", al impactar nuestros sentidos y nuestra psique. Lo que intento decir es que incluso lo más material va adquiriendo en la vida significados que le hacen trascender su materialidad.
Ahora bien, si estos bienes materiales e inmateriales, pasados, presentes y futuros, no se conocen, resultará imposible que esta patria cautive y provoque adhesión de nuestra parte. Aquí entra en juego la historia, la literatura, la música, los monumentos históricos, el legado entero de nuestros antepasados, por poner ejemplos de eso pasado y presente. Lo futuro, por otra parte, resulta interesante considerarlo, pues implica nuestra disposición para acoger lo que no vemos aún materializado. Esto exige esperanza, ánimos para luchar, para reconstruir y abrir caminos nuevos por parte de esos patriotas adheridos a esos bienes que lograron cautivarlos.
Todo lo anterior debe ayudarnos a reflexionar en algo que es esencial para progresar: si la patria es "propia nuestra", ¿cómo podremos pretender trabajar por algo común a todos si ya la bandera se confunde en la mente de algunos? ¿De qué patria hablamos si esos bienes materiales se regalan a países que no están llamados a ser los primeros en disfrutarlos, sobre todo si son muchos los venezolanos que los necesitan? ¿De qué patria hablamos cuando se nos gobierna desde el exterior y el Presidente no ha demostrado que es venezolano? ¿De qué patria hablamos cuando los bienes que han cautivado y adherido a los supuestos patriotas que nos mandan no son propiamente nuestra historia y nuestra gente, sino nuestro petróleo?
Hay unas palabras muy bellas que Francisco Suniaga pone en boca de Diógenes Escalante en El pasajero de Truman, con ocasión de las dificultades que encontró en su aspiración por la Presidencia: "Creo que había perdido la capacidad de comprender a Venezuela y a los venezolanos (...) Y eso devino en un gran dilema ético para mí, porque además estaba convencido de que mi falta de comprensión provenía de una falta de sentimientos. Esa comunión con el prójimo y con la tierra ya no estaba allí, Humberto (su interlocutor). Venezuela era para mí un trabajo, no una pasión. Y entonces, imagínese usted, ¿cómo se puede ser presidente de un país que no se lleva en el alma?".
La patria no es un proyecto ideológico, usurpador de nuestra identidad e independencia.
Por eso, ¡qué fácil
es descubrir quién lleva el país en el alma!
martes, 17 de mayo de 2016
SOBRE LA AUTORIDAD
A los romanos les debemos muchas cosas: el derecho y parte de la organización política son algunas de ellas.
Durante todo el Imperio Romano, que abarcó desde la fundación de Roma hasta la caída de Constantinopla, hubo numerosas etapas, algunas francamente mejorables, pero otras muy interesantes. Yo prefiero quedarme con la época senatorial; en la que un romano prefería morir a faltar a su palabra o a perder el honor.
En esta época estaban muy en boga lo que llamaban los romanos “virtudes”. Distinguían entre dos tipos de virtudes: las personales, que cada uno debía cumplir en privado y en público, y las públicas, que eran aquellas virtudes que se esperaba que una sociedad tuviera.
Los individuos no tenían virtudes públicas, pero con sus elecciones personales sí eran responsables de que las sociedades en las que participaban tuvieran estas virtudes. Hablamos de justicia, libertad o paz. En esta oportunidad quiero referirme a una virtud personal en particular, cuyo concepto desgraciadamente se ha perdido: es la “Auctoritas”.
Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes: la Pietas, y la Industria.
Pietas era el respeto por los valores sociales de la república, y por la cultura; estos dos incluían el respeto por la Triada Capitolina y los antepasados, como manifestación de la religión. Pero la Pietas no era apenas un respecto social o cultural: también exigía el respecto por los que te rodean.
Industria era la capacidad de trabajar duro durante toda la vida para obtener tus objetivos.
Por lo tanto, para tener auctoritas, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –potestas- o incluso poder absoluto -imperium-, pero el hecho de tener potestas en ningún momento aseguraba ni un ápice de auctoritas.
En el día de hoy tener Auctoritas se refleja en el hecho de que la gente te escuche y acepta lo que dices no porque tienes el poder, sino porque tú, personalmente, tienes todo un registro de trabajo duro, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, y de conocimiento, que hace que la otra persona, que se siente respetada, piense “si fulanito lo dice, es porque es cierto”.
Actualmente se escriben cientos de libros sobre gerencia, gestión y liderazgo, pero tristemente hemos olvidado algo que los antiguos romanos sabían: auctoritas no es lo mismo que potestas. El hecho de que puedas dar ordenes no significa que alguien las vaya a obedecer. La gente hace algo bien si de buena fe cree en ello, y en el que lo propone.
Si bien es cierto que mediante la aplicación de medidas coercitivas se pueden conseguir algunos resultados, las consecuencias y rechazo por las órdenes ejecutadas por obligación forzada, no generan nunca resultados positivos.
Es gracioso y triste a la vez como algunos todavía se preguntan ¿Sí somos la autoridad y tenemos el poder absoluto porque no me obedecen? La respuesta es obvia: Puedes tener potestas, pero ni sospechas que es la auctoritas.
¿Cómo tener auctoritas? Respeta y escucha a los que te rodean. Adquiere conocimiento, aprende de todo y de todos. Demuestra trabajo duro, responsabilidad y respeto durante años. Y cuando adquieras la potestas, no solamente no debes perder todo esto, sino además debes ser un ejemplo para todos. Y verás como todos creerán en ti, y lucharán juntos para conseguir los objetivos.
@gantillano

