sábado, 22 de octubre de 2016

AL MAL TIEMPO...


LA ILUSIÓN DE UN TIRANO





Creé ser el único y predestinado, capaz de  llevar solo las riendas del país. Su ego no le permite reconocer a nadie más talento para gobernar. Su proyecto político no admite variante o no deja espacio para otro; pero es maleable y cambia sin explicaciones de acuerdo a las necesidades del momento. Lo importante es la meta que no el camino.

Revisemos a lo largo de años las promesas de las continuas campañas electorales. En tomo a él distinguimos a sus admiradores, o simplemente a los que, sin fuerza propia suficiente, se cuelgan de sus botas  para prosperar, a los que creen que lo manipulan, que tocan los instrumentos de esta orquesta más ruidosa que sinfónica. No tolera a su lado por mucho tiempo a la gente de talento propio. En sus actuaciones se muestra como un buen histrión  pero sobre todo como fiel discípulo de su líder.

Cree ser el único y predestinado, capaz de resolver solo  hasta  los problemas más mínimos rompiendo  la necesaria jerarquía que les da funcionalidad y autoridad a los organismos del Estado.

Cree ser único y predestinado, pero la vida nos recuerda que solo somos humanos, pero el  “Líder Único “es incapaz de verse como hombre, es un dios inmortal ajeno a lo terrenal.

Es el “Líder Único “, pero no el único,  la historia nos ha enseñado que  ha habido otros, de  diferentes o similares ideologías, pensamientos y acciones pero inexorablemente todos con el mismo final.

El pueblo vive feliz en la ilusión del engaño, pero la ilusión no es fácil de mantener. El pueblo despierta cada cierto tiempo y ve la realidad.


@gantillado



EL CAMBIO NECESARIO






Necesitamos un cambio, una conversión relacional radical. Convocar a la reciprocidad desde la diferenciación, desde el mutuo re-conocimiento. Exijamos la aceptación de la diferencia.

Es necesario reconocer la energía que brota de los opuestos, de la multiplicidad y de saber situar los contrarios, y dialogar con lo distinto. Es un proceso terapéutico arduo, trabajoso y gratificante a la vez, que lleva a una nueva relación más espontánea e igualitaria.

Desde las necesidades de este mundo, desde la ética y la teología comencemos a reclamar más y más la misericordia, la piedad, la fidelidad, la ternura, la vulnerabilidad, la compasión, el cuidado de la vida..., actitudes y expresiones del alma equilibrada, que apuntan a la esperanza de una posible curación relacional. El "derecho de la misericordia", "la solidaridad compasiva", "la ética de la piedad", la necesidad de unas relaciones en las que el amor y la ternura se expliciten..., expresan algo más que un vago deseo en algunos sectores minoritarios.

Soñemos una nueva era donde la sensibilidad emerge como un llamado a sustituir la agresividad competitiva por la compasión solidaria, donde el espíritu de colaboración sustituya a la orgullosa competencia.

Necesitamos un cambio espiritual y cultural que afecte profundamente a las relaciones y a la comunicación humana; una forma de interrelacionarnos cualitativamente distinta.

Es el paso de la "verticalidad" jerárquica a la vivencia más "horizontal" y solidaria de las relaciones; el paso de la "complementariedad" a la alteridad y el reconocimiento en la diferencia. Es nuestra responsabilidad individual y colectiva hacer una aportación indeclinable para el bien de toda la creación y de la humanidad completa; es, pues, necesario que nuestra voz sea escuchada y nuestra compañía aceptada y comprendida. Es necesario también entrar con humildad y valentía en ese proceso de purificación y re-creación.

Una ética realista y universal reclama un cambio básico, una conversión total de las relaciones ya muy deterioradas y empobrecidas, como primer instrumento de paz y concordia en la justicia.

Exigimos el restablecimiento de unas relaciones fraternas y justas queridas por Dios y a las que toda la Creación tiene derecho, y ofrecemos la mano de la reconciliación y cooperación. Esto es mucho más que una reivindicación interesada, es una denuncia alertadora y urgente para bien de toda la Humanidad y de toda la creación. Porque nuestro País y nuestra Comunidad necesitan una sanación física y espiritual.


@gantillano







NECESITAMOS UN PAÍS DIFERENTE





UN MENSAJE A GARCÍA





Hay un hombre en toda la historia de la guerra entre España y los Estados Unidos que sobresale en el horizonte de mi memoria como el planeta Marte en su perihelio.
Al declararse la guerra, cuando Cuba era aún colonia española, era muy necesario comunicarse prontamente con el jefe de los insurgentes que luchaban por la independencia, un tal García. Este se hallaba entonces en la selva de Cuba, sin que nadie supiera de su paradero. Era imposible toda comunicación con él, telegráfica o por correo. El presidente de los Estados Unidos tenía que contar con su cooperación sin pérdida de tiempo. ¿Qué hacer?.
Alguien le dijo al presidente: «Hay un hombre llamado Rowan que puede encontrar a García». Rowan tomó la carta, la selló en una cartera de hule, se la amarró al pecho, hizo un viaje de cuatro días y desembarcó de noche en las costas de Cuba en un bote sin cubierta. De cómo fue que se internó en las montañas, y en tres semanas salió al otro lado de la isla, tras haber atravesado a pie un país hostil, y entregado la carta a García, son cosas que no tengo deseo especial de narrar en detalle. Pero sí quiero resaltar que el Presidente MacKinley, de los Estados Unidos, puso una carta en manos de Rowan para que éste la entregara a García. Rowan tomó la carta y nunca preguntó «¿Dónde está García?».
He aquí un hombre cuya figura debe ser fundida en imperecedero bronce y puesta su estatua en todos los colegios del país. No solo es la enseñanza de libros lo que los jóvenes necesitan, ni la instrucción de esto o aquello, sino el fortalecimiento del carácter para que actúen con diligencia y cumplan con su deber: «Llevar el mensaje a García».
El general García ya no existe, pero hay otros García. No hay quien haya tratado de administrar una empresa sin que a veces haya quedado atónito al notar la resistencia del promedio de los hombres, la inhabilidad o la falta de voluntad de concentrar sus inteligencias en una cosa dada y hacerla. 
La asistencia irregular, la falta de atención, la indiferencia y el trabajo mal hecho parecen ser la regla general. No hay hombre alguno que salga airoso de una empresa a menos que, quiera o no, por la fuerza induzca, obligue o soborne a otros a que le ayuden. La excepción es cuando Dios todopoderoso, en su bondad, hace un milagro y le envía un ángel de la luz para que le sirva de auxiliar.
Usted puede hacer esta prueba. Supóngase que en estos momentos está sentado en su oficina. A su alrededor tiene varios empleados. Pídale a uno de ellos: «Tenga la bondad de buscar en la Enciclopedia y hágame un memorándum corto de la vida de Corregio». ¿Cree que el empleado contestaría «Sí Señor», y se marcharía a hacer lo que le pidió?.
Nada da eso. Lo mirará de soslayo y le hará una o más de las siguientes preguntas:

¿Quién era Corregio?
¿En cuál enciclopedia?
¿Dónde esta la enciclopedia?
¿Acaso fui empleado para hacer eso?
¿No querrá decir usted Bismark?
¿Por qué no lo hace Carlos?
¿Murió?
¿Hay prisa para eso?
¿No sería mejor que le trajera el libro y usted mismo lo buscara?
¿Para qué quiere usted saberlo?
Y me atrevería a apostar diez contra uno que, después que haya contestado el interrogatorio y explicado la manera de buscar la información que necesita, y por qué la necesita, su e mpleado se retira y obliga a otro compañero que le ayude a encontrar a García, regresando poco después diciendo que no existe tal hombre. Desde luego puede darse el caso de que yo pierda la apuesta, pero según la ley de promedios es casi imposible.
Esa incapacidad para obrar independientemente, esa nebulosa moral, esa carencia de la voluntad, esa falta de disposición para hacerse cargo de una cosa y realizarla, eso es lo que hace imposible el socialismo en la práctica.
Si los hombres no actúan por su propia iniciativa para sí mismo, ¿qué harán cuando el producto de sus esfuerzos deba ser para todos? La fuerza parece necesaria y el temor a ser despedido el sábado, a la hora del cobro, hace que muchos trabajadores o empleados conserven su trabajo.
Alguien anuncia buscando un taquígrafo; y de diez solicitantes que acuden, nueve son individuos que no tienen ortografía, y lo que es más, individuos que no creen que es necesaria tenerla.
¿Podrían esas personas escribir una carta a García?
Hace poco oímos manifestaciones de simpatía hacia «los emigrantes explotados en los talleres», y junto a esas expresiones con frecuencia se oyen otras palabras hacia los hombres que están en el poder. Pero se calla el nombre del empresario que envejece antes de tiempo tratando en vano de inducir a los eternos disgustados y perezosos a que hagan un trabajo a conciencia; ni se dice nada del tiempo ni de la paciencia con que ese patrón ha venido buscando personal que haga otra cosa más que «matar el tiempo» tan pronto como el patrono vuelve la espalda. En todo establecimiento y en toda fábrica se tiene constantemente en práctica el procedimiento de selección por eliminación. El patrono se ve constantemente obligado a despedir personal incompetente. Este procedimiento de selección sigue en todo tiempo y la única diferencia es que cuando la situación está mal y el trabajo escasea, se hace la selección con más escrupulosidad, prescindiendo del incompetente y del inservible. Por interés propio, el patrono se queda con los mejores empleados, con los que pueden llevar un «Mensaje a García».
Conozco a un individuo de aptitudes verdaderamente brillantes, sin embargo, es completamente inútil para cualquier negocio debido a la malsana sospecha que constantemente abriga de que su patrono lo oprime o trata de oprimirle. Sin poder mandar, no tolera que se le mande. Si se le diera un mensaje para que lo llevara a García, probablemente su contestación sería: «llévelo usted mismo».
Hoy ese hombre anda errante por las calles en busca de trabajo bajo el peso de la duda. Quienes le conocen rehúsan darle trabajo porque es la esencia misma del descontento. No entra en razón y lo único que en él podría producir algún efecto sería un buen puntapié de una bota de suela gruesa. En verdad, un individuo como ése no es menos digno de compasión que el inválido; pero en nuestra compasión derramemos también una lágrima por aquellos hombres que se encuentran al frente de grandes empresas, cuyas horas de trabajo no están limitadas por el sonido del timbre y cuyos cabellos encanecen prematuramente en la lucha que sostienen contra la indiferencia, contra la ingratitud de los otros, quienes, a no ser por el espíritu emprendedor de estos, andarían hambrientos y sin hogar.
Diríase que me he expresado con mucha dureza. Tal vez sí; pero cuando el mundo entero se ha entregado al descanso, yo quiero expresar una palabra de simpatía hacia el hombre que sale adelante en su empresa, quien aún a pesar de grandes inconvenientes, ha sabido dirigir los esfuerzos de otros hombres.
También yo he cargado mi portaviandas al taller y he trabajado a jornal diario, y también he sido patrono y sé qué decir de ambos lados. No hay excelencia en la pobreza, los harapos no sirven de recomendación; no todos los patronos son rapaces y tiranos; no todos los pobres son virtuosos.
Vayan mis simpatías hacia el hombre que trabaja, esté o no presente el patrono. Y al hombre que al entregársele una carta para García no hace preguntas tontas, ni tiene intención de arrojarla a la primera alcantarilla.
Ese nunca queda sin trabajo ni tiene que declararse en huelga. La civilización busca ansiosa, insistentemente, a esa clase de hombres. Cualquier cosa que se le pida la consigue. Se le necesita en toda la ciudad.
Elbert Hubbard

N. D. Este artículo apareció publicado por primera vez el 22 de febrero de 1899, en la revista Phillistene. La historia del mensaje a García es de la vida real y ha sido relatada muchas veces. Esta es una adaptación al español hecha por J. F. B.


LA HISTORIA DETRÁS DEL "UN MENSAJE A GARCÍA"







“Hay algunos tan tontos que prefieren ser gobernados en lugar de gobernarse a sí mismos”
1651, Thomas Hobbes, «Leviatán»

“El hombre es el artífice de su propia felicidad”
1838, Henry David Thoreau, «Diario»

“Es cierto que los burócratas ya no son servidores públicos de la ciudadanía sino sus dueños y tiranos, irresponsables y arbitrarios. Pero ello no es culpa de la burocracia. Es el resultado del nuevo sistema de gobierno que restringe la libertad de las personas para manejar sus propios asuntos y que asigna cada vez más funciones al gobierno. El culpable no es el burócrata sino el sistema político”
(1881-19 73) 1945, Ludwig von Mises, «Burocracia».






FELIZ SÁBADO