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jueves, 4 de julio de 2019

LAS CINCO LEYES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA






Carlo M. Cipolla (1922-2000) fué un importante historiador italiano especializado en la historia de la economía. Fue un autor prolífico, creativo y con diversidad de intereses, que se demuestra con sus trabajos acerca de la estupidez humana, que plasmó en el libro que se reseña a continuación, en una versión resumida realizada por el equipo de eumed.net que publica la Enciclopedia y Biblioteca Virtual de las Ciencias Sociales, Económicas y Jurídicas con el apoyo de la Universidad de Málaga.



Las leyes fundamentales de la estupidez humana
Basado en el Libro, “Allegro ma non troppo” de  Carlo M. Cipolla (1988)



PRIMERA LEY

"Es inevitable que todos siempre subestimen el número de individuos estúpidos en circulación"

A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que:
a.- personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;
b.- día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.
La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ. 

SEGUNDA LEY

"La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra caracteristica de esa persona"

No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión.
El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción  σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad.  Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.

TERCERA LEY (Ley de Oro)

"Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganacia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas"

El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos:
Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.
Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.
Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.
Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo. 

Distribución de Frecuencia
La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás. Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:
Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" quedaría representado en el eje de coordenadas del gráfico 2 sobre la línea OM que bisecta el cuadrante B.
Sin embargo los "bandidos perfectos" son relativamente escasos. Es más frecuente que haya "bandidos inteligentes" (Bi) que obtienen más beneficios que los costes que causan, o "bandidos estúpidos" (Be), que para obtener algún beneficio causan un coste alto a los demás.
Desgraciadamente los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be. Ejemplo de este último puede ser el ladrón que destroza los cristales de un coche para robar su radio o el que asesina a alguien para irse con su mujer a pasar un fin de semana en Montecarlo.  

El poder de la estupidez
Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.
Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:  
a.- generalmente el ataque nos coge por sorpresa.
b.- incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.  
El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

CUARTA LEY

"Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estupidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error"

 No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos 1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.
Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.
A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y
b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.
A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables.  

QUINTA LEY (Microanálisis)

"La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe"

Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, la más conocida.

El corolario de la ley dice así: El estúpido es más peligroso que el bandido. 
La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece. 
El gráfico 3 muestra un sistema de clasificación simple entre las acciones que causan beneficio o perjuicio a la sociedad como un todo. Toda actividad representable a la derecha de la línea NOM implica una redistribución con beneficio social neto, mientras que las actividades que caen a la izquierda o debajo de dicha línea implican pérdidas sociales netas.
El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.
Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a  σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina.

Fuente: EUMED.NET

domingo, 18 de septiembre de 2011

QUITÉMOSLE EL PODER






 El Poder de la Estupidez 

No resulta difícil comprender de qué manera el poder político, económico o burocrático aumenta el potencial nocivo de una persona estúpida. Pero nos queda aún por explicar y entender qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida: en otras palabras en qué consiste el poder de la estupidez.

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un “más” a su cuenta. Puesto que no es lo suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un “más” para sí, procurando también al mismo tiempo un “más” para los demás, deberá obtener su “más” causando un “menos a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo. En Definitiva se puede prever las acciones de un malvado, sus sucias acciones y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible, una criatura estúpida os perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y los lugares más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que: Generalmente el ataque nos coge por sorpresa e incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no solo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque –como  intentar disparar sobre un objeto capaz de las más improbables e inimaginables movimientos. Esto es lo que tenían en mente Dickens Y Schiller al afirmar el uno que “con la estupidez y la buena digestión el hombre es capaz de hacer frente a muchas cosas”. Y el otro que “contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano”.

Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consiente que es malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza incidencia y eficacia a su acción devastadora. El estúpido no está inhibido por aquel sentimiento que los anglosajones llaman self –consciusness. Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad y todo esto sin malicia, sin remordimiento y sin razón. Estúpidamente.




Tomado del Libro  "Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana "Carlos M. Cipolla, Capitulo N° 7 El Poder de la Estupidez.

jueves, 21 de julio de 2011

LAS CINCO LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

Carlo M. Cipolla (1922-2000) fué un importante historiador italiano especializado en la historia de la economía. Fue un autor prolífico, creativo y con diversidad de intereses, que se demuestra con sus trabajos acerca de la estupidez humana, que plasmó en el libro que se reseña a continuación, en una versión resumida realizada por el equipo de eumed.net que publica la Enciclopedia y Biblioteca Virtual de las Ciencias Sociales, Económicas y Jurídicas con el apoyo de la Universidad de Málaga:




Las leyes fundamentales de la estupidez humana
Basado en el Libro, “Allegro ma non troppo” de  Carlo M. Cipolla (1988)




 
Primera Ley


“Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación” 
A primera vista esta afirmación puede parecer trivial, o más bien obvia, o poco generosa, o quizá las tres cosas a la vez. Sin embargo, un examen más atento revela de lleno la rotunda veracidad de esta afirmación. Cipolla considera que por muy alta que sea la estimación cuantitativa que se haga de la estupidez humana, siempre quedaremos sorprendidos de forma repetida y recurrente por el hecho de que:

a.- personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado resultan ser inequívocamente estúpidas;
b.- día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.
La Primera Ley Fundamental impide la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población. Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las líneas que siguen se designará la proporción de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo σ. 

Segunda Ley
La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.  
No todos los humanos son iguales ya que unos son más estúpidos que otros. Según Cipolla, el grado de estupidez viene determinado genéticamente por la naturaleza pero no está asociado a ninguna otra característica de raza, sexo, nacionalidad o profesión.
El profesor Cipolla realizó amplios estudios demográficos con muy diversos sectores de la población. Inicialmente afirma haber comprobado que entre los trabajadores "de cuello azul" existía una fracción  σ de estúpidos y que esa fracción era mayor de lo que esperaba, con lo que se confirmaba la primera Ley. Sospechando que podía deberse a falta de cultura o a marginalidad social estudió muestras de trabajadores "de cuello blanco" y a estudiantes, comprobando que entre ellos se mantenía la misma proporción. Más sorprendido aún quedó al medir el mismo parámetro entre los profesores de universidad.  Decidió por tanto expandir sus estudios hasta la élite de la sociedad, los laureados con el Premio Nobel. El resultado confirmó el poder supremo de la naturaleza: una proporción σ de laureados con el Nobel son estúpidos.

Tercera Ley ( ... de Oro)
Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.  
El análisis de costes y beneficios de Carlo M. Cipolla permite clasificar a los seres humanos en cuatro tipos de personas, cada uno de los cuales ocupa un cuadrante en un sistema de coordenadas. Si representamos en el eje de abcisas el beneficio, positivo o negativo, que obtiene el individuo y en el eje de ordenadas el beneficio (+) o coste (-) que causa a los demás, podemos definir y estimar las coordenadas de los siguientes tipos:
Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.
Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.
Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.
Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo. 
Distribución de Frecuencia
La mayoría de los individuos no actúa consistentemente. Bajo ciertas circunstancias una persona puede actuar inteligentemente y en otras actuar como desgraciado. La única importante excepción a esta regla es la de las personas estúpidas que normalmente muestran una fuerte tendencia hacia un comportamiento estúpido en cualquier actividad o empresa. Para los demás, podremos calcular su posición en el eje de coordenadas del gráfico 1 como una media de los resultados de sus acciones en términos de costes y beneficios causados sobre sí mismos y sobre los demás. Esta posibilidad nos permite hacer la siguiente digresión:
Consideraremos un "bandido perfecto" aquel que mediante sus acciones obtiene para sí mismo un beneficio igual al coste que origina en los demás. Es el caso del ladrón que roba a otro cien euros sin causarle ningún coste adicional. Esta situación puede ser definida como un "juego de suma cero" en el que el conjunto de la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" quedaría representado en el eje de coordenadas del gráfico 2 sobre la línea OM que bisecta el cuadrante B.
Sin embargo los "bandidos perfectos" son relativamente escasos. Es más frecuente que haya "bandidos inteligentes" (Bi) que obtienen más beneficios que los costes que causan, o "bandidos estúpidos" (Be), que para obtener algún beneficio causan un coste alto a los demás.
Desgraciadamente los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be. Ejemplo de este último puede ser el ladrón que destroza los cristales de un coche para robar su radio o el que asesina a alguien para irse con su mujer a pasar un fin de semana en Montecarlo.  
El poder de la estupidez
Los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un bandido. Las acciones de un bandido siguen un modelo de racionalidad. El bandido quiere obtener beneficios. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener beneficios para sí procurando también beneficios a los demás, deberá obtener su beneficio causando pérdidas a su prójimo. Ciertamente, esto no es justo, pero es racional, y siendo racional, puede preverse. En definitiva, las relaciones con un bandido son posibles puesto que sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones pueden preverse y, en la mayoría de los casos, se puede preparar la oportuna defensa.
Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo racional de prever si, cuando, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.
Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, es lógico pensar que tienen todas las de ganar porque:  
a.- generalmente el ataque nos coge por sorpresa.
b.- incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.  
El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales, no sólo hace problemática la defensa, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Y hay que tener en cuenta también otra circunstancia: la persona inteligente sabe que es inteligente; el bandido es consciente de que es un bandido y el desgraciado incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Pero al contrario que todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.

Cuarta Ley
Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error. 
No hay que asombrarse de que las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos 1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni los bandidos consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez. Es extremadamente difícil explicar por qué sucede esto. Se puede tan sólo formular la hipótesis de que, a menudo, tanto los inteligentes como los bandidos, cuando son abordados por individuos estúpidos, cometen el error de abandonarse a sentimientos de autocomplacencia y desprecio en lugar de preparar la defensa y segregar inmediatamente cantidades ingentes de adrenalina ante tamaña situación de peligro.
Uno de los errores más comunes es llegar a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto no es más que confundir la estupidez por la candidez de los desgraciados.
A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:
a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y
b) da a la persona estúpida la oportunidad de desarrollar sus capacidades aún más allá de lo originalmente supuesto. Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga, pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones y muy pronto uno se verá arruinado y destruido sin remedio.

A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables.  

Quinta Ley (Microanálisis) 
La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. 
Las consideraciones finales de la Ley cuarta nos conducen a un análisis de tipo "macro", según el cual, en lugar del bienestar individual, se toma en consideración el, definido, en este contexto, como la suma algebraica de las condiciones del bienestar individual. Es esencial para efectuar este análisis una completa comprensión de la Quinta Ley Fundamental. No obstante, es preciso añadir que de las cinco leyes fundamentales, la Quinta es, de largo, la más conocida.
El corolario de la ley dice así: El estúpido es más peligroso que el bandido. 
La formulación de la ley y el corolario son aún del tipo "micro". Sin embargo, tal como hemos anunciado anteriormente, la ley y su corolario tienen profundas implicaciones de naturaleza "macro". Si todos los miembros de una sociedad fuesen bandidos perfectos, la sociedad quedaría en una situación estancada pero no se producirían grandes desastres. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar. Pero cuando los estúpidos entran en acción las cosas cambian completamente. La personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas y, por consiguiente, la sociedad entera se empobrece.

El gráfico 3 muestra un sistema de clasificación simple entre las acciones que causan beneficio o perjuicio a la sociedad como un todo. Toda actividad representable a la derecha de la línea NOM implica una redistribución con beneficio social neto, mientras que las actividades que caen a la izquierda o debajo de dicha línea implican pérdidas sociales netas.
El profesor Carlo M. Cipolla, erudito historiador que ha investigado intensamente la sociedad clásica romana, la sociedad medieval y muchas otras de la antigüedad, está perfectamente cualificado para afirmar, como hace, que el coeficiente σ es una constante histórica. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos.
Más aún: en las sociedades en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual a  σ; sin embargo, en el resto de la población Cipolla observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de bandidos con un elevado porcentaje de estupidez. Y entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los desgraciados incautos. Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y conduce al país a la ruina.

Fuente: EUMED.NET

viernes, 15 de julio de 2011

LA ESTUPIDEZ



La estupidez es una tendencia humana a cometer acciones torpes, carentes de sentido y perjudiciales;  se manifiesta, incluso, en personas muy inteligentes y le causa mucho estrago a la humanidad y a la naturaleza. Cualquiera puede cometer una estupidez en un determinado momento o situación, pero solamente los estúpidos estarán orgullosos de sus estupideces y persistirán en sus errores, debido a su pobre capacidad para entender, ceder y beneficiarse de la experiencia. La estupidez carece de sobriedad, refleja miseria moral e intelectual y suele estar asociada  con la ignorancia y la bajeza; a la estupidez también se le llama estulticia, estolidez, sandez e insensatez.  Bertrand Russell, el filósofo más influyente del siglo XX, entendía que ´´la causa fundamental de los problemas del mundo es que los inteligentes están llenos de dudas y los estúpidos completamente seguros´´ y, hasta se ha llegado a creer que la estupidez gobierna el mundo, pero en realidad lo que si demuestran la evidencia histórica y la cotidianidad es que el factor estupidez es constante en la vida humana y que el estúpido con poder se vuelve más estúpido (psychic inflation) y, por consiguiente, más peligroso.

A la estupidez no se le atribuye  ningún encanto o utilidad; la misma palabra que la describe encierra una carga emocional negativa, lo mismo que las acciones estúpidas, que siempre reflejan falta de racionalidad, sensibilidad y buen gusto. Por eso provoca rechazo natural, sobre todo cuando se lleva al extremo y se convierte en necedad   (toda maldad o crueldad es estupidez). Más aun, la estupidez junto a la ignorancia mata tanta gente como la criminalidad, con la diferencia de que los estados invierten entre el 5% y el 14% del PIB en la lucha contra la criminalidad, mientras que para luchar contra la estupidez no tenemos conocimiento de que exista presupuesto en ningún país, a pesar de que la acción estúpida, al igual que el crimen, es una conducta antisocial porque siempre  causa daños o víctimas; por otra parte, la estupidez siempre ha sido la mayor fuente de errores, abusos, crímenes y malas decisiones, por lo que no solo se ha considerado una característica humana (negativa) sino una de las cosas más abundantes en el mundo, hecho que no escapo a la genialidad de A. Einstein, al asegurar que ´´Hay dos cosas infinitas: la estupidez y el universo, del universo no estoy seguro´´ . Así recalco el genio el carácter abrumador y omnipresente de la estupidez.

El factor estupidez existe, sea debido a la doble evolución biológica  y cultural tan única de los seres humanos o como resultado de  contingencias específicas de aprendizaje; pero lo cierto es que en alguna dimensión de la mentalidad humana existe ´´una actitud estúpida´´,  una comprensión mecánica de las situaciones o  realidades, que se manifiesta interrumpiendo o disminuyendo las facultades intelectuales y emocionales que evitan o regulan la estupidez o la acción estúpida; evidentemente en los estúpidos tal actitud y falta de comprensión es constante, por lo cual son tercos, no escuchan, no ven nunca las cosas desde otro punto de vista y se fanatizan con cualquier causa o idea por absurda que sea,  pero en las personas normales o inteligentes el factor estupidez es circunstancial. Por consiguiente, muchos hechos irracionales, descabellados, mal concebidos y absurdos    no se deben ni a la locura ni a la falta de inteligencia sino a la estupidez, que siempre se minimiza o se ignora, contrario a lo que ocurre con la gente con trastornos psicopatológicos, a quienes siempre se pretende atribuir las  conductas más estúpidas y maliciosas, por lo que se debe aclarar (1) que el único que comete  toda clase de estupideces y maldades  por placer es el psicópata, porque es el auténtico canalla, una mezcla de estúpido y malvado y (2) que las verdaderas psicopatologías expresan la necesidad de reconocimiento, frustración o desesperación (neurosis) o son patrones de respuestas a ideas desquiciadas y delirantes (esquizofrenia o locura), pero no expresan maldad sino síntomas clínicos (equivalentes al factor estupidez) como falta de racionalidad y coherencia o desproporción entre las respuestas y los estímulos que las desencadenan. Por tanto, queda claro que la estupidez está presente en toda acción dañina, torpe o maliciosa. ¿Lo mejor para reducir o eliminar el comportamiento psicopatológico, canalla o entupido?,  hacer que la censura y el castigo sean sus  consecuencias naturales, pero estimulando conductas alternativas deseables.

Todo lo que se practica y se premia se aprende; si la sociedad premia las buenas acciones, tendremos mejores ciudadanos. Precisamente, para enfrentar exitosamente los retos de un mundo cada vez más complicado necesitamos gentes con integridad, sencillas pero capaces de abordar los problemas con soluciones creativas e inteligentes y de mostrar solidaridad y responsabilidad, ya que en realidad muchos problemas tienen soluciones sencillas, pero se  complican por falta de racionalidad y sentido común, como ilustra la historia de tres beduinos cuyo padre al morir le heredo 11 camellos para ser distribuidos según su testamento y la tradición árabe: la ½  de los camellos para el hermano mayor, un ¼  para el segundo hermano y 1/6 para el hermano menor, lo cual crea un conflicto inmediatamente, al no lograr ponerse de acuerdo, por lo que recurren a la justicia, donde al fin el juez encuentro una solución: prestarle un camello y proceder a repartir los camellos (que ya eran 12) según el testamento: 6 al hermano mayor, 3 al segundo y 2 al menor, quedando todos conformes y sobrando un camello, que de todos modos era el del juez.. ¿Qué aporto el Juez?, - Racionalidad y sensatez. Nuestra meta es que el mayor número de gente haga LO CORRECTO y que aprecie que hacer lo correcto es mejor, porque aumenta la dignidad, beneficia y evita la censura. No cabe duda de que premiar las buenas acciones promueve el desarrollo y el progreso social, por lo que sometimos a la ´´Cumbre 2009 por la Unidad´´ nuestra propuesta ´´Sistema de Premios y Castigos´´  (SIPREYC), una fórmula infalible para forjar mejores ciudadanos y combatir la miseria moral y humana, que es el verdadero origen de la criminalidad y otras lacras sociales.

La psicología positiva constituye una revolución dentro de la psicología  porque resuelve problemas sociales y de salud promoviendo las emociones positivas como la alegría, el bienestar, el desarrollo de las cualidades positivas y los aspectos saludables del ser humano, que es lo único que garantiza verdadero crecimiento personal en  la gente, al fomentar  atributos  como juicio crítico, gratitud, bondad, integridad, amor y apego, creatividad, generosidad, moderación y autocontrol, sentido de humor, sentido estético y de justicia, inteligencia emocional y otros. La psicología positiva enfatiza el desarrollo de  las emociones positivas como la alegría, el optimismo,  el placer y el buen humor, porque no solo mejoran el estado de ánimo y la sociabilidad de las personas favoreciendo la convivencia sino  la salud física, al reducirles el estrés y fortalecer su sistema inmunológico, demostrando además, que las personas que expresan más emociones positivas (que son incompatibles con la tristeza, la ira y el odio),  no solo tienen mejor calidad de vida y alejan la posibilidad de sufrir la enfermedad de Alzheimer, sino que viven hasta diez años más que las que expresan pocas emociones positivas, como se comprobó en una investigación de la universidad de Kentucky a lo largo de quince años, con una muestra de 678 monjas. La psicología positiva también se apoya en la capacidad humana para adquirir conocimientos y convertirlos en fortalezas (valores, virtudes y habilidades) que orienten y mejoren la conducta y la vida de individuos y grupos, para hacer las cosas con sentido y propósito, otra forma efectiva de combatir la estupidez.

Según CARLO CIPOLLA (1922-2000), quien realizara un detallado estudio sobre la estupidez, en el mundo hay cuatro tipos de personas: inteligentes, incautas, malvadas y estúpidas; los estúpidos son los más funestos y peligrosos porque son impredecibles, ya que su comportamiento no se enmarca en ningún patrón de racionalidad, contrario al malvado, cuya lógica es fácil de entender, puesto que actúa inescrupulosamente, pero obviamente motivado por el interés de beneficiarse; todos están conscientes de lo que son menos los estúpidos, que para colmo suelen creerse geniales. Este análisis  resulta muy interesante, porque clasifica a las personas por los resultados de su comportamiento - que en definitiva es lo que importa porque en él se refleja la riqueza o la miseria moral- y del mismo se desprende que un  aumento en el porcentaje de personas inteligentes se  traduce en progreso y desarrollo para la  sociedad, mientras que el  aumento en el porcentaje de malvados y estúpidos la empobrece y trae ruina y decadencia. El tipo de persona lo determina el resultado de sus acciones (costo/beneficio), según perjudique o beneficie a los demás, a saber:



Inteligentes, se benefician  beneficiando a los demás con sus acciones.

Incautos, se perjudican  beneficiando a los demás con sus acciones.

Malvados, se benefician  perjudicando a los demás con sus acciones, y

Entupidos, se perjudican perjudicando a los demás con sus acciones.



CONCLUSIÓN: Los inteligentes son lo mejor de la sociedad porque la enriquecen; los estúpidos son lo peor porque la empobrecen y causan mucho daño. Si el entupido es dinámico y tiene iniciativa, peor aún, porque hace más daño.

AUMENTO DE LA ESTUPIDEZ: La nueva fuente de estupidez  es  la cultura  light, el apogeo del consumismo y el hedonismo narcisista, que impulsan al gozo y a gastar ´´hasta el dinero que no se tiene para comprar lo que no se necesita´´ ; se trata de una  obsesión-compulsión por consumir y competir y una pasión por vivir al límite,  por lo que conviene  resaltar que el placer está controlado por  la misma zona del cerebro que controla las respuestas coléricas e irracionales (arrebatos) que tanta violencia y estupidez ocasionan, porque cuando cesan las funciones del intelecto y la conciencia, la conducta queda bajo el control del cerebro primitivo. O sea, que los excesos y la falta de moderación en los placeres bestializan y  hacen perder el autocontrol, aumentando la agresividad y la irracionalidad de muchos individuos y convirtiendo algunos sitios y lugares de diversión en peligrosos bestiarios o zoológicos humanos. Como esta cultura funciona en base a la moral del éxito: culto al dinero, al placer, al  poder, y a la celebridad y no le otorga importancia  al crecimiento personal ni a los valores, lo importantes no es ´´ser´´ sino ´´tener´´ o ´´parecer´´, estar ´´in´´, ya que todo es apariencia y superficialidad y la cuestión es  el ´´ahora´´ y el ´´aquí´... y si te vi,  no recuerdo; todo se convierte en mercancía o espectáculo y todos quieren satisfacción inmediata. Cualquier tontería que produce  dinero se hace y se vende y, a veces, mientras más estúpido y superficial es lo que se hace más vende, simplemente porque satisface la necesidad de novedad y la vanidad social. Algunas estupideces son  graciosas, pero otras pueden ser funestas y arruinar vidas, familias, sociedades e incluso algunas podrían arruinar el planeta. Por dinero, por placer y por maldad se cometen todo tipo de fechorías y majaderías; también se hacen estupideces por ignorancia, para  demostrar poder, humillar, brillar, vanagloriarse, ser aceptado por otros estúpidos y las estupideces de los famosos hasta se les celebran como excentricidades.  En  todos los medios de comunicación campea la estupidez, ya sea como shows de mal gusto, ´´canciones´´ insolentes, propaganda ramplona,  imágenes explicitas de las peores bajezas o comportamientos obscenos, todo lo cual distancia  emocionalmente a las personas, debilita su sentido de comunidad y de solidaridad y promueve el desprecio por los buenos modales, tan necesarios para la convivencia y la concordia.


Cuando la inteligencia se usa para perjudicar a los demás se le da un uso estúpido o criminal.



Fuente: http://campanamundial.obolog.com/la-estupidez-294950