Mostrando entradas con la etiqueta Despedida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Despedida. Mostrar todas las entradas
lunes, 30 de diciembre de 2019
FINAL Y PRINCIPIO
Etiquetas:
@gantillano,
2019,
2020,
Al Final,
Amén,
Comienzo,
Deseos,
Despedida,
Esperanza,
Fe,
Fin,
Fin de Año,
Final,
Gracias a Díos,
Imagen,
Oración,
Para terminar el año,
Un Nuevo Comienzo
lunes, 9 de enero de 2017
RADIOGRAFÍA DE UN PAÍS INFELIZMENTE FELIZ
Estas son palabras de despedida de un corresponsal de la BBC después de haber vivido y cubierto por 3 años las noticias de Venezuela para el prestigioso medio británico:
Las cosas que voy a extrañar de Venezuela (y las que no)
Por Daniel Pardo/BBC
“A veces no me queda claro si Venezuela es un lugar feliz o infeliz. Porque parece ambas cosas.
Más allá de las penurias que sufre el país, y por muy pesimista que esté, el venezolano anda por la vida regalando gestos fraternales.
La gente más alegre del mundo puede encontrarse en una cola kilométrica en el supermercado o en un hospital quebrado y sin insumos.
Temo que pronto vaya a suscribir lo que decía Gabriel García Márquez, quien en su “Memoria feliz de Caracas” (1982) escribió que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.
Hasta Gabriel García Márquez se enamoró de Caracas. Pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz. Incluso en las kilométricas colas es posible encontrar sonrisas y gestos fraternales.
Porque en la esencia del venezolano, en ese limbo entre felicidad e infelicidad, encontré enseñanzas para el resto de mi vida, aquellas en la raíz de instituciones como “poco a poco se llega lejos”, “esto es lo que hay” y “al mal tiempo, buena cara”.
Echaré de menos…
Y me transportaré a las playas del Caribe cada vez que huela y beba uno de los exquisitos rones venezolanos (también, dicen, los mejores el mundo) Memoria feliz de Venezuela
Cuando hable de la Venezuela que viví tendré que mencionar escasez, inflación, delincuencia, gente jodida en un sinfín de maneras.
Pero haré el esfuerzo de ir más allá de esta coyuntura, lejos de los cínicos, corruptos y malandros.
Me llevo, más bien, la sonrisa del recogedor de basura, el coqueteo de la funcionaria pública: ese calor humano caribeño que tanto extrañan los miles de venezolanos que se han ido del país recientemente.
Los venezolanos que ríen para sobrellevar la crisis. Es como si en Venezuela la movilidad social estuviera en la cultura; como si el clasismo fuera cuestión de las minorías: acá el chofer es el confidente del jefe y la empleada del servicio, un pilar en las familias de clase media.
No hay sueldo ni vestimenta ni buenos modales que estén por encima de un saludo, de una broma que democratice las relaciones: que ponga a un mototaxista en el mismo rango de un ministro; que archive, rápidamente, el trato de “usted”; que inspire, en cuestión de segundos, decirle “mi amor”, “mi cielo” o “papito” a un desconocido.
Venezuela vive en un raro estado de paciencia, de tolerancia. La impuntualidad es permitida.
Del país me llevó las sonrisas.
Algunos venezolanos dicen que ese estado de constante regocijo, de no tomarse nada en serio, es lo que “tiene a este país jodido”.
Pero para mí es una enseñanza de que no hay preocupación que arregle los problemas, esa gran solidaridad no la veo en ningún lado de la desarrollada Londres ni de mi Europa allí ni las familias se ven en su mayoría…
Ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos. “Por mucho que la arepa este cara”
Etiquetas:
Adiós,
Articulo,
BBC,
Daniel Pardo,
Despedida,
La realidad de un país,
País,
Periodista,
Radiografía,
Triste realidad,
Venezuela
domingo, 22 de noviembre de 2015
LA DESPEDIDA
Cuando la realidad es tan triste y desgarradora que sólo nos queda reír para no llorar.
Adiós panita huevo, vuelve pronto…!
Querido Huevo:
Entre las cosas que se lleva el huracán revolucionario, te tocó a ti esta semana. Es una pena, porque uno se había encariñado desde niño contigo. En la mañana, ¡cómo resolvías un desayuno! Muchas señoras vivían de hacer tortas y venderlas, pero es lógico que el Gobierno quiera también el monopolio de las tortas. Adiós a las tortillas francesas, a las panquecas y a tantas otras cosas de las que fuiste durante tantos años fiel compañero.
Muchos especialistas hablan de tus propiedades, yo prefiero omitir este punto no vaya a ser que alguien diga también: “¡exprópiese!”. Pero es menester señalar que mucha gente te acusa de que tu yema tiene colesterol y eso te hace sumamente peligroso. Sin embargo personas con conocimiento y autóritas, como el doctor Martins, han salido en tu defensa.
Él afirma que tu colesterol es un mito, que todos los estudios que sobre ti se han hecho –no sé si sabias que te estudian- revelan que el colesterol tuyo es insignificante en la sangre. Por el contrario, eres (o eras, mejor dicho) una fuente de proteína de alta calidad importante. Escribiéndote esta carta me enteré que también tienes en tu composición “colina”, como el cantante, algo que es bueno para el cerebro. Quien quita que detrás de esta guerra huevática se esconda una intención perversa de embrutecernos más.
Que lejanos se ven aquellos tiempos en los que Claudio Nazoa incitaba a tu consumo diciendo “¡No coman cuento, coman huevo!”, lo que le valió el mote que hasta hoy le acompaña de “el come huevos”. Esta semana todos te hemos buscado con desesperación, quizá por el afecto que te tenemos (bueno y también porque la gente sabe que este Gobierno es un rey Midas al revés y que te sale privativa de libertad), la gente no quiere tenerte lejos en esta Navidad y el gran problema que tú tienes es que no eres bachaqueable, porque me vas a perdonar y no te ofendas: tú has sido siempre muy delicado.
Yo te evoco en este adiós en las manos de mi madre mezclando a media familia tuya para preparar una tortilla española. Ella batía primero las claras, para que agarraran una consistencia que le diera cuerpo a la tortilla, luego las yemas y después las papas fritas en cuadritos y el perejil picado (los canarios le ponen perejil a la tortilla). Si mi madre viviera también te extrañaría. Mis tíos también: los recuerdo de niño bebiendo en el desayuno un vaso corto de vino Sansón con una yema tuya cruda dentro (¡guácala y recontraguácala!). Yo no sé cómo podían hacer eso.
Recuerdo también que la señora Odila le ponía huevos a las hallacas que alimentaban nuestras navidades, porque ella es andina. Este año sus hallacas, en caso de que el presupuesto alcance, serán centrales. Es que hasta las tradiciones se perderán con tu ausencia. Recuerdo unos carnavales en los que tu caíste de no sé donde sobre mi cabeza. Ese día te odié, pero no sé que tienes que uno siempre te perdona y se reconcilia contigo.
Como no recordar también en esta carta de despedida, a los huevos sancochados con los que acompañabas los viajes a la playa y las ensaladas y que dieron origen a aquella memorable frase que uno usaba para decirle a un amigo que estaba equivocado: “estas más pelado que huevo pa’ensalada”. Otra cosa: hasta numéricamente nos cambias el horizonte, porque nadie negará que la palabra docena parece haber sido establecida por la providencia para medir los huevos.
La única esperanza que me queda en esta despedida, querido huevo, es la fuerza de tu poder simbólico. En la tradición occidental eres emblema de creación, nacimiento, material originario de las cosas que da a luz toda vida. Quiera Dios que tu ausencia, justo en estos tiempos electorales, sea solo preparación de un retorno radiante en el que vuelvas con la redención que los venezolanos deseamos, con la luz que anhelamos brille nuevamente cuando esta pesada sombra pase, para darnos vida buena en abundancia para todos.
¡Adiós panita huevo, vuelve pronto!
S.: no te abrazo porque te quiebro.
Laureano Márquez
Etiquetas:
Adios,
Articulo,
Carta,
Despedida,
Huevos,
Humor,
La realidad de un país,
Laureano Márquez,
Reír llorando,
Reír para no llorar
Suscribirse a:
Entradas (Atom)