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martes, 24 de marzo de 2020
MUY TRISTE
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domingo, 28 de julio de 2019
lunes, 12 de noviembre de 2018
martes, 31 de enero de 2017
domingo, 8 de enero de 2017
LEGADO DE VIDA
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domingo, 22 de noviembre de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
LA MUERTE DEL CHAVISMO
En el epitafio del chavismo podríamos poner: sus ideas de rebelión no eran finalmente sino cadenas, y su tentativa de liberación una forma de esclavitud. Porque uno de los fundamentos del cambio que necesitamos hoy es la eliminación de la agresividad patológica. Entre otras cosas, el cambio que buscamos es para evitar el Estado policial. Todo permanecería pervertido si no extirpamos la raíz, porque el cambio no es únicamente un desplazamiento político sino la mutación de los fines para los cuales se gobierna, como una nueva opción en los objetos del amor, el odio y el respeto. La libertad no está en la punta de un fusil, aunque las bayonetas amenazan a Venezuela.
Junto a la evolución tecnológica debe haber un retorno a la naturaleza. El cambio por la preservación de las bellezas y beneficios del planeta suscita la necesidad de creer en la bondad del prójimo y en las de uno mismo, y de probarlo, desviando la cultura hacia las culturas. También en la ecología hallamos la energía indispensable para ciertas batallas. No todas las omnipotencias se rebajan por vía del poder de la política. No debe seguirse el ejemplo del chavismo: disponer de fondos menores para remediar males mayores.
Nuestros alertas deben fundamentarse en la investigación científica y técnica, y la emoción colectiva. Tanto en la naturaleza como en las ciudades hay sofoques y basura; no se trata sólo de sufrir su influencia, sino alzarse contra tan triste estado ambiental, que atrofia la calidad de la vida. Lo que pertenece a todos no puede dejarse a un lado, requiere una eclosión de consciencia, un cambio hacia las relaciones intrasociales, la co-propiedad, la co-gestión, la co-decisión, la co-dependencia, la co-responsabilidad. Se trata de una temática que no es “desmovilizadora” ni “mistificante” sino envolvente para todos; es una lucha de contracultura que nada tiene de marginal, es una galaxia de cambios similar a los valores de la igualdad, a la lucha contra los vínculos totalitarios que reposan en la jerarquización por la fuerza y la arbitrariedad.
Debemos salir de la cultura directiva hacia la cultura de la productividad, hacia una participación suficiente de los interesados, sin condiciones que permitan el abuso. Todas las variables de la igualdad pasan por la reivindicación de la mayor libertad, sin censura, en repudio de los vínculos totalitarios, donde sobrevive el dejo. Este es el corte del cambio y pasa por los cambios de sensibilidades, conductas, hábitos, pensamientos y actos. Lo normal es que el cambio político se produzca en la cima, menos que en la sociedad, para que resulte perdurable.
La fuerza del cambio existe, ya comienza la confrontación cara a cara. Y decimos crisis. El cambio se sitúa en el punto de convergencia de líneas inconclusas, no pasatistas. La vanguardia del cambio, hoy, no está sólo en la clase trabajadora; está en la vida moral, intelectual, comunitaria, política, cuyos creadores alimentan la llama y que en algunos casos viven en los intersticios de la sociedad tecnológica.
La involución del chavismo agrava nuestras dificultades internas, destruye los medios para hacer las reivindicaciones, provocan la descomposición, disgregan. El desastre en ciernes no amerita un deslizamiento a la derecha ni a cualquier autoritarismo político. Las perspectivas de cambio definen los límites de la contestación. O puede haber un cambio fundamentado en la negación de la realidad. Debe quedarse en manos del chavismo el narcisismo, la autoadmiración y la ignorancia que los caracteriza.
El estado narcisista se caracteriza por quererlo todo de un golpe, y como no obtiene satisfacción recurre a la alucinación del deseo; el todopoderío excluye la acción progresiva, ignora la realidad y se vuelve incompatibilidad, contradicciones bajas; la idea de elección les resulta intolerable. Así se hace un “gobierno contestatario” de sí mismo, excluyendo las soluciones correctas, subordinándose a decadencias, próximas y lejanas. Y cualquier discusión técnica, cualquier reserva acerca de un detalle, incluso de quienes están de su lado, son rechazados y vistos como un acto de hostilidad.
Pero la discusión técnica es nuestro llamado a la realidad, justamente lo que no puede tolerar aquél para quien no existe sino la gratificación súbita, quien no puede soportar ni los insoportables regateos ni las impiadosas acciones de cambio. Todo cuanto contradiga la omnipotencia mágica de las palabras es vivido como la repetición de la herida narcisista original experimentada por el niño cuando descubre su dependencia del ambiente que lo rodea. En el universo de todo o nada, la redención está en la acción. El redentor puede ser el “pobre”, a quien el chavismo necesita en sufrimiento, como víctima a socorrer. De ahí su tendencia a negar y reintegrar al proletario su papel de víctima.
Ningún cambio puede surgir de la pretensión de encarnar el Bien absoluto contra el Mal absoluto. Ni irracionalidad ni intolerancia. Dejemos que el chavismo nos invente otra película de vaqueros, quizás con un toque de “marxismo zen” o “marxismo pop”; ya cuentan con el stripper y el gordo payasón, entre otros especimenes del circo, que se entienden de maravillas vistiendo ropitas rosadas para las tristezas del poder...
sábado, 7 de febrero de 2015
LAS CARACAS DE ZAPATA
Desaparecido “Leo” y diluida su magnífica herencia entre caricaturistas que se dedicaron a otras actividades o que se acogieron a estilos prestados de los peores dibujantes argentinos o de los “cómics” norteamericanos, en Venezuela el dibujo satírico se había refugiado en la figura solitaria de Víctor Simone Delima, cuando hizo su aparición Pedro León Zapata por los últimos años de 1950. Delima había sido el último criollista, y su obra perdía en significación y en fuerza a medida que las costumbres reflejadas en ella desaparecían al impacto del cosmopolitismo impuesto por el auge de la economía petrolera. Sus extraordinarios tipos humanos perdieron poder alusivo, al cambiar la tipología urbana; su paisaje - sus puentes, sus ventanas, sus estatuas- perecieron con las demoliciones; la suplantación de los viejos botiquines y taguaras por las fuentes de soda, significo la eliminación de una de las vertientes más fecundas de su temario popular. las pulperías otro de sus motivos constantes, fueron completamente barridas por el comercio más funcional, frío y desprovisto de anécdota, de los “abastos” y supermercados al estilo norteamericano. Una nueva época empezaba para las costumbres de Caracas, y juntó con las costumbres entraba en crisis el viejo costumbrismo, es decir, todos
aquellos modos de expresión escrita y gráfica que viven de
comentar una manera estable de vivir.
Lo que determinó el rápido auge de Pedro León Zapata como dibujante humorístico fue precisamente su conciencia que insurgía en un momento de crisis de todos los valores tradicionales, y que su papel como dibujante era al mismo tiempo que reflejar esa crisis, abrirle a la dibujística venezolana, caminos hacia el porvenir. Para reflejar en todo su desintegración no el significado histórico de la crisis del país, Zapata disponía de un elemento que faltó a la mayoría de sus precursores; el sentimiento trágico de la vida, para cuya expresión él adoptó una técnica que contribuyó a realzar los valores dramáticos del tema, como es la del grabado. Zapata, además, al localismo anecdótico de los “tipos” y de las situaciones domésticas, prefirió ver en los casos de la vida doméstica del venezolano, un reflejo de los problemas humanos de un orden superior. Sus personajes no son ya figuras típicas, pintorescas y
locales, sino símbolos de valores universales, síntesis gráficas de ironías y protestas, en que la vida del hombre bajo el sistema capitalista está comprendida como un todo, no limitada por fronteras. Más, por eso, quedarnos como “Leo” o “Delima”, con “caras familiares” en sus dibujos, Zapata nos pinta la gran cara del hombre subdesarrollado, su miseria, su gran risa, su gran incultura, su gran expresión que hoy ya no reconoce límites geográficos, como no lo reconocen las causas históricas que se las ocasionan. Si alguna vez se acusó a Zapata de feista o de sombrío, culpa no ha sido ni de su técnica -que es la de uno de los más maravillosos dibujantes venezolanos de todos los tiempos- ni de su carácter, bondadoso y risueño. De dibujar fealdades y de inspirarse en el ridículo y en lo grotesco, culpemos más bien a su sentido de lealtad para con su época que con tantos horrores e injusticias nos pone ante nuestras narices cada día, ha convertido al más tierno de nuestros artistas gráficos, a Zapata, en una especie de vengativo Pireico de la moderna vida venezolana; en el gran “Cacapinta” burlesco y sardónico que cada día descarga sobre la crueldad del mundo contemporáneo su andanada de “zapatazos” magistrales. Zapata siguió la mayor parte de sus estudios en Mexico. Ha ejercido el profesorado en la Escuela de Artes Plásticas y en la Universidad Central de Venezuela. Fue también pintor, muralista, y en la pintura de caballete se ha realizado en un expresionismo cargado de intención política y de buen humor que ha contribuido con sus caricaturas a hacer de él la figura más popular y querida de las artes plásticas venezolanas.
Nación en 1929 .....,y se despide de la vida terrenal el 6 de febrero de 2015.
Fuente:
Caracas400Años
Edición especial del Círculo Musical
1987
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