miércoles, 17 de mayo de 2017

“LA BANALIDAD DEL MAL”



SOBRE LA VENGANZA Y LA JUSTICIA




La venganza no es un capricho, es una pasión que, como las demás pasiones, ayuda a vivir y a morir. Es un deber tribal cuya razón de ser es fomentar el respeto a la tribu, a la familia, a la nación... La venganza, no perdamos la perspectiva, es un deber de los deudos para con el ultrajado. Siempre es un tercero el que tiene el deber de vengar. El problema siempre ha sido cómo detener el círculo vicioso de la venganza. Porque cierto es que ésta se instituyó para frenar y disuadir al agresor. Ahora bien, la venganza que lo único que consigue es estimularlo, acaba yendo contra su propio objetivo. Por eso la civilización ha ido poniendo freno a la venganza (empezó Moisés instituyendo las ciudades de asilo para los homicidios involuntarios), hasta ponerla finalmente en manos de los jueces, que son los llamados a encontrar el punto de equilibrio entre la venganza disuasoria y la venganza provocadora.

Es tan cierto que la justicia es esencialmente venganza (pero una venganza que persigue detener la sucesión interminable de venganzas), que en griego sedikh (díke) se llama la justicia, y ekdikh (ekdíke) se llama la venganza. ¿Algo raro? En absoluto. Más aún, en este caso el prefijo ek tiene toda la pinta de funcionar de refuerzo de dikh, con lo que es más que probable que al formar la palabra, los griegos estuvieran pensando que en realidad la venganza es la justicia más completa y más absoluta. Y esto es así porque la propia dikh (díke) es polisémica. Significa al mismo tiempo y con la misma legitimidad justicia y venganza (y al mismo tiempo el significado anterior a justicia, que es "uso, costumbre"). 

Al alejarse los contenidos de la justicia y de la venganza, necesitaron crear una palabra distinta para cada una de ellas. ¿Y qué hicieron? Pues que a la justicia la llamaron "justicia" a secas, (dikh) y a la venganza, "justicia total" (ekdikh). Eso es lo que da de sí el análisis léxico. No se menciona explícitamente la fuerza como en el latín vindicatio, de donde salió nuestra venganza, pero determina que la máxima justicia es la venganza. llaman prácticamente igual.

Es, por tanto, oficio de la justicia el de canalizar la venganza. Aquellos a quienes la fortuna ha convertido en vencedores (siempre he tenido la sospecha de que vincere = vencer y vincire = atar, son dos formas de lo mismo), si no exterminaron a sus enemigos en la guerra ya no deben hacerlo luego. La sed de venganza que quede, ha de saciarla a partir de ahora la justicia. Hay que buscar las cabezas de turco, los chivos expiatorios y organizar con ellos la ceremonia de la venganza, con toda su parafernalia, y cuanto más larga mejor, para dar tiempo a que entretanto se apaguen las llamas, de manera que se salde la operación con el menor número de víctimas posible. Se trata de apagar el fuego, no de avivarlo. Parece que eso es precisamente lo que pretendió la justicia desde que se inventó. Y apagar el fuego requiere por una parte disuadir a los pirómanos, y por otra no irritarlos. Para eso tiene una balanza la justicia: para sopesar cuánto ha de poner en el platillo de la venganza, y cuánto en el del perdón y el olvido.


Mariano Arnal






lunes, 15 de mayo de 2017

LA GENTE SE CONOCE POR SUS ACTOS



GENTE VENGATIVA






“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.”


Santiago Ramón y Cajal


Solemos equivocarnos diariamente, es algo natural que forma parte de la esencia de todo ser vivo. Equivocarse es también una forma de aprender y crecer. Reconociendo el error, podemos confrontar nuestras limitaciones y potencialidades, pudiendo evitarlos o corregirlos.

Si bien todos los humanos nos equivocamos, existen personas que han hecho de la negación de sus equivocaciones, una forma de vida. Viven sin paz, atormentados por el miedo, al creer que sus errores los hacen ver débiles, inexpertos o poco exitosos a los ojos de otros, pero sobre todo carecen de madurez emocional, valores y convicciones adecuadas que les impiden aprender de los errores. Sus miedos e inseguridades los hacen reaccionar instintivamente frente a todo aquello que sienten como una agresión o amenaza, entonces surge la reacción impulsiva, el resentimiento y la venganza.

Cuando desde pequeños no se les han inculcado a las personas valores, en especial espiritualidad y respeto, el hombre crece y solo sabe escuchar voces irracionales que llegan a su mente por complejos, inseguridades y soberbia.

Por ejemplo: Cuando las madres comparan hijos siempre, el que se siente menos, discriminado y herido puede quedar resentido y con los años decidir que desea vengarse de sus padres, de su hermano  y busca hacerlos sufrir para trasladar toda su ira  y frustración acumulada por años. En este caso, si bien esta persona fue víctima de maltrato al ser comparado con su hermano de niño, ello no implica que al crecer busque actuar mal, pero sino se lo enseñaron solo responderá a sus impulsos y el dolor sin aprendizaje hará estragos sobre gente que no lo merece.

Cuando se ha sido víctima de una traición, el ser irracional, lleno de ira, dolor y rabia decide vengarse, lo planifica, cree disfrutarlo y si pueden hacer saberlo a quienes son objetó de su venganza, creen sentirse en paz, satisfechos, pero es sólo un engaño, ocurre que quienes reaccionan así, no tienen respeto por sí mismos, traicionan su humanidad, sus valores, evidenciando ante todos que jamás fueron estables, ni claros ni honestos y por supuesto éticos.

La honestidad es una decisión y quien decide ser deshonesto, se traiciona, la venganza es en esencia es una traición a uno mismo, quien odia y quiere venganza, no solo no se ama, sino que siente pánico de revisarse, de confrontarse, es incapaz de mirarse en un espejo, por el miedo a verse tal cual es, por el miedo a ver al ser vil, sucio y miserable, despojado de toda humanidad.

A nivel laboral existen personas que no perdonan ni toleran la crítica, el conocimiento, o el éxito, buscan minimizar a las personas, excluirlas segregarlas, desestimar lo que hacen unos y sobrevalorar lo que hacen otros, buscan sabotearlas por envidia, egoísmo y en esencia por miedo e inseguridad. Si por ejemplo cuando se plantean críticas u observaciones a un proyecto, creen, imaginan, que es producto de la mala intención de irreales conspiraciones para hacerlos quedar mal, luego, este tipo de gente ignorante emocional se la pasa planificando venganzas absurdas sobre gente que a veces ni comprende por qué es tan odiada.

A veces las personas cometen mil fallas, pero eso no significa que debemos hacer lo mismo, en lo absoluto porque sería como pisar la oscuridad y perderse por dentro, sería decidir  mancharse y ante la desilusión, el desencanto y el observar gente así queda desarrollar compasión y dejar que la divinidad se encargue, sin malos deseos, sin rencor, solo caminar con compasión y silencio oportuno porque las palabras no tienen sentido para quienes no tiene humildad para mirarse.

Otra razón muy frecuente de que exista gente vengativa son los celos irracionales, celos que la mente crea incluso sin derecho, pero los impulsos brotan, los malos ejemplos y consejos tienen patas cortas y en ambientes donde existen muchas almas débiles de espíritu y dañadas, no hay mucho que hacer y solo el tiempo y los resultados en sus vidas tendrán la lección adecuada, porque nadie escapa de lo que debe aprender y a veces tragar polvo, caer, perder y sentir una desolación terrible es el precio a la necedad.

Hay resentimiento en la pareja, resentimientos laborales y entre amigos, todos perversas emociones que solo logran dañar mucho el alma. Y cuando una persona es presa de los resentimientos, piensa y piensa solo cosas terribles, arma historias tan turbias y es tan sencillo pensar mal de todos porque así lo han enseñado, porque con ese temor se ha crecido y estas malas enseñanzas y falta de inteligencia hace que mentes enfermas coloquen en un saco a todas las personas, que no sepan diferenciar como es una de otra.

Y quien duda de ti sin razón no solo te ofende sino que decide herirte adrede porque al dudar de si mismo pretende hacerte creer que eres indigno para luego afirmar cosas como “yo tenía razón, eres igual que todos” y si pasa el tiempo y descubre que ha errado, es tarde, el daño hecho está, la culpa no sirve  y le quedará mirarse en soledad  y empezar de cero a reconstruirse por dentro, asumiendo las consecuencia de sus actos.


@gantillano
Gustavo Antillano





FELIZ LUNES



domingo, 14 de mayo de 2017

A MÍ MADRE





CARICIAS



Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.


Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo
deja revolverlo
sobre tu regazo..


Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío,
y en tus brazos locos
tenme suspendido..


Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos...




Gabriela Mistral







YA LO SABEN...!