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viernes, 20 de marzo de 2020

GRACIAS A LA CRISIS






Alex Rovira, en su libro "La buena crisis", indica que superar una crisis, incluida la que atravesamos, no es volver a tener, sino conseguir ser, es decir, aprender a afrontar cada instante con dignidad, esperanza y sentido de la realidad. Los momentos de crisis
 son propicios para aprender a combatir las dificultades, los cambios inesperados, la inmovilidad… y utilizar la inteligencia, confiar y seguir remando.

En este contexto, cobran especial relevancia dos palabras como son “longanimidad” y “Resiliencia”, que hacen referencia al ánimo de las personas para afrontar situaciones adversas.



Según el Diccionario de la Real Academia, longanimidad es “grandeza y constancia de ánimo en las adversidades”. Se trata de un concepto que conviene aplicar en situaciones de crisis y que equivale a coraje. Según el filósofo Antonio Marina: “La valentía es una decisión y, cuando se prolonga, un hábito y una virtud. No podemos dejar de sentir miedo. Tan solo podemos no escuchar sus indicaciones si hay razones para ello”. El valor supone, por tanto, no abandonar una buena y provechosa acción solamente porque nos parezca complicada. En el ánimo, el valor, la moral, el coraje o la longanimidad es donde reside la verdadera riqueza del ser humano.


Una comparación con el mundo animal sirve para ilustrar estas ideas. Como es sabido, el gusano de seda construye un capullo para luego liberarse y renacer como mariposa tras la metamorfosis. El proceso de liberación es de lo más difícil, porque la crisálida tiene que esforzarse sobremanera con sus alas recién formadas para romper la cáscara de seda que la ha protegido durante su transformación. Cuando los científicos intentaron abrir artificialmente el capullo desde el exterior para ver qué pasaba, las mariposas liberadas fueron incapaces de emprender el vuelo; no se pudieron alimentar y murieron, porque no podían ni sabían volar. De esta prueba científica se desprende que ese sobreesfuerzo y esa gran cantidad de energía desplegada por las mariposas para agrietar el capullo son necesarios para que estas confíen luego en la fuerza de sus alas. Sin embargo, si no pasan por la experiencia de hacerlo de forma autónoma, no tienen ningún recuerdo ni sentido de seguridad.


Este fenómeno recuerda mucho a las personas que tampoco se atreven a vivir su propia experiencia. Así, completar el periodo de duelo desencadenado por una grave crisis o una gran pérdida podría ser visto como la metamorfosis tras la cual nos liberaremos de la coraza de dolor que nos contenía, pero que lentamente ha ido cayendo en el ejercicio del reconocimiento de la nueva realidad, de asumir el dolor, de encontrarle sentido y de constatar que, a pesar de todo, la vida merece la pena ser vivida con entrega y gratitud. Si utilizamos las alas de nuestro espíritu podremos vencer la cáscara de la angustia, la tristeza y la desazón.


En el mundo del cine, encontramos buenos ejemplos de longanimidad y transformación en las figuras de Forrest Gump o de Benjamin Button, el niño que nace viejo y comprende que lo más importante para pasar por la vida es su estupendo fondo personal, más allá de la apariencia. Ambos personajes dan muestra, asimismo, de una extraordinaria resiliencia (o capacidad para sobreponerse a adversidades, pérdidas o a periodos de intenso dolor emocional). Cuando un sujeto es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o, incluso, resultar fortalecido por ellos. En definitiva, en la pérdida hay ganancia. Perder puede ser positivo y deberíamos dedicar tiempo a la crítica y a la autocrítica para definir lo que ganamos cuando aparentemente perdemos.


En definitiva, podemos afirmar que crisis es vida. Si no vivimos situaciones críticas, es que estamos muertos. Debemos celebrar que podemos contarlo y seguir remando… Además, es importante que a prendamos a relativizar: lo que ahora nos parece terrible, quizá sea una bendición mañana. Así pues, conviene que tomemos distancia y veamos qué lecciones y oportunidades nos ofrece la crisis para poder aprovecharlas.


No debemos conformarnos con la resignación y el miedo, sino luchar, sobre esforzarnos, entregarnos y cooperar para crecer haciendo crecer a los demás. Conviene que desafiemos la rutina, rompamos la inercia, demos la vuelta a nuestro mundo y seamos rebeldes constructivos. El destino es aquello que nos sucederá seguro si no hacemos nada para evitarlo.


La crisis nos ha abierto los ojos. Así pues, sólo queda decir “Gracias, crisis”…




Fuente: http://pabloereno.blogspot.com

miércoles, 18 de marzo de 2020

EL VALOR DE LA CRISIS




“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”
Albert Einstein


No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progreso.


La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos, es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.


Albert Einstein 





miércoles, 13 de abril de 2016

GRACIAS A LA CRISIS





Álex Rovira, en su libro "La buena crisis", indica que superar una crisis, incluida la que atravesamos, no es volver a tener, sino conseguir ser, es decir, aprender a afrontar cada instante con dignidad, esperanza y sentido de la realidad. Los momentos de crisis son propicios para aprender a combatir las dificultades, los cambios inesperados, la inmovilidad… y utilizar la inteligencia, confiar y seguir remando. 

En este contexto, cobran especial relevancia dos palabras como son “longanimidad” y “resilencia”, que hacen referencia al ánimo de las personas para afrontar situaciones adversas. 

Según el Diccionario de la Real Academia, longanimidad es “grandeza y constancia de ánimo en las adversidades”. Se trata de un concepto que conviene aplicar en situaciones de crisis y que equivale a coraje. Según el filósofo Antonio Marina: “La valentía es una decisión y, cuando se prolonga, un hábito y una virtud. No podemos dejar de sentir miedo. Tan solo podemos no escuchar sus indicaciones si hay razones para ello”. El valor supone, por tanto, no abandonar una buena y provechosa acción solamente porque nos parezca complicada. En el ánimo, el valor, la moral, el coraje o la longanimidad es donde reside la verdadera riqueza del ser humano. 

Una comparación con el mundo animal sirve para ilustrar estas ideas. Como es sabido, el gusano de seda construye un capullo para luego liberarse y renacer como mariposa tras la metamorfosis. El proceso de liberación es de lo más difícil, porque la crisálida tiene que esforzarse sobremanera con sus alas recién formadas para romper la cáscara de seda que la ha protegido durante su transformación. Cuando los científicos intentaron abrir artificialmente el capullo desde el exterior para ver qué pasaba, las mariposas liberadas fueron incapaces de emprender el vuelo; no se pudieron alimentar y murieron, porque no podían ni sabían volar. De esta prueba científica se desprende que ese sobreesfuerzo y esa gran cantidad de energía desplegada por las mariposas para agrietar el capullo son necesarios para que estas confíen luego en la fuerza de sus alas. Sin embargo, si no pasan por la experiencia de hacerlo de forma autónoma, no tienen ningún recuerdo ni sentido de seguridad. 

Este fenómeno recuerda mucho a las personas que tampoco se atreven a vivir su propia experiencia. Así, completar el periodo de duelo desencadenado por una grave crisis o una gran pérdida podría ser visto como la metamorfosis tras la cual nos liberaremos de la coraza de dolor que nos contenía, pero que lentamente ha ido cayendo en el ejercicio del reconocimiento de la nueva realidad, de asumir el dolor, de encontrarle sentido y de constatar que, a pesar de todo, la vida merece la pena ser vivida con entrega y gratitud. Si utilizamos las alas de nuestro espíritu podremos vencer la cáscara de la angustia, la tristeza y la desazón. 

En el mundo del cine, encontramos buenos ejemplos de longanimidad y transformación en las figuras de Forrest Gump o de Benjamin Button, el niño que nace viejo y comprende que lo más importante para pasar por la vida es su estupendo fondo personal, más allá de la apariencia. Ambos personajes dan muestra, asimismo, de una extraordinaria resiliencia (o capacidad para sobreponerse a adversidades, pérdidas o a periodos de intenso dolor emocional). Cuando un sujeto es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o, incluso, resultar fortalecido por ellos. En definitiva, en la pérdida hay ganancia. Perder puede ser positivo y deberíamos dedicar tiempo a la crítica y a la autocrítica para definir lo que ganamos cuando aparentemente perdemos. 

En definitiva, podemos afirmar que crisis es vida. Si no vivimos situaciones críticas, es que estamos muertos. Debemos celebrar que podemos contarlo y seguir remando… Además, es importante que a prendamos a relativizar: lo que ahora nos parece terrible, quizá sea una bendición mañana. Así pues, conviene que tomemos distancia y veamos qué lecciones y oportunidades nos ofrece la crisis para poder aprovecharlas. 

No debemos conformarnos con la resignación y el miedo, sino luchar, sobre esforzarnos, entregarnos y cooperar para crecer haciendo crecer a los demás. Conviene que desafiemos la rutina, rompamos la inercia, demos la vuelta a nuestro mundo y seamos rebeldes constructivos. El destino es aquello que nos sucederá seguro si no hacemos nada para evitarlo.


La crisis nos ha abierto los ojos. Así pues, sólo queda decir “Gracias, crisis”…





Fuente: http://pabloereno.blogspot.com

martes, 20 de octubre de 2015

LA CRISIS SEGÚN EINSTEIN




“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”
Albert Einstein


No pretendemos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progreso.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.

Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

Sin crisis no hay meritos, es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

Albert Einstein






miércoles, 19 de febrero de 2014

LA RETÓRICA DE LA HUMILLACIÓN-Edgar Cherubini




La violencia, el avasallamiento, el odio, el irrespeto y la indignidad constituyen la estructura de un discurso que arremete a diario contra la construcción de la verdad social, que debe ser el producto del conjunto de subjetividades que la conforman. El que pretende ser el presidente de los venezolanos, encerrado en una torre mediática por sus mentores cubanos y asesores extranjeros, limitado a un mundo de dogmas anacrónicos y conjeturas confusas, de eslóganes, ficciones e ilusiones sin esperanzas de realización, con un lenguaje de odio y resentimiento, está imponiendo los estrechos límites de su visión unilateral al resto de la sociedad, imitando el estilo de su antecesor. En cualquier caso, a esa visión unívoca de la realidad la precede un lenguaje reduccionista y es parte de la psicopatía política del comunismo y de los totalitarismos de todo cuño.


Lenguaje totalitario

Según Jean Pierre Faye (Langages totalitaires, Hermann, París, 1972), el lenguaje totalitario es de por sí limitado debido a la exclusión que hace del resto de la sociedad que no piensa como su emisor. Es un lenguaje pervertido debido a la ilegitimidad, indignidad y deshumanización del que trata de imponerlo, pues para lograrlo debe recurrir a la fuerza contra la voluntad de los otros, despreciando su dignidad, conduciendo al colectivo a espacios prepolíticos, presociales, primitivos. 

Por su parte, Yves Ternon (Guerres et Génocides au XXe siècle, Odile Jacob, París, 2007), afirma que el genocidio es el acto final de un discurso de discriminación, de agresiones verbales que prepara el terreno para expropiaciones, hostigamiento, persecuciones, deportaciones y masacres. El discurso del odio va abonando el terreno con anterioridad para propiciar las masacres. George Bensoussan (Idéologie du Rejet, Manya, París, 1993) y Ternon (L'Etat criminel), coinciden en que el lenguaje totalitario deshumaniza a las víctimas con la idea de eliminar el sentimiento de culpabilidad en sus ejecutores.


La retórica genocida

Según los autores citados, la retórica genocida es un uso consciente e instrumento de una política criminal del Estado. La primera etapa del genocidio es la supresión de la identidad de la víctima, cosa que se consigue a través de los insultos y la deshumanización del enemigo. El discurso político y la propaganda identifican al grupo a eliminar y preparan su destrucción. Mediante su previa desnaturalización, la futura víctima es rebajada a un nivel inferior a lo humano, se la compara con un “gusano”, “parásito”, “tumor”, “cáncer”, “basura”, “podredumbre”, “excremento”. Al transformar a su víctima en eso, se ayuda al asesino o ejecutor a invertir el sentido del crimen como un acto de profilaxis. El asesino no se siente asesino, se siente “terapeuta” o “sanitarista” y actúa con sobrada impunidad.


La humillación como política de Estado

En su libro 1984, George Orwell describe la utopía totalitaria del comunismo con la analogía de una nación cayéndose a pedazos, dirigida por un gigantesco y abrumador aparato de propaganda que invade hasta los últimos intersticios de la vida privada del individuo: “Lo que importa ahora es controlar la mente. La realidad está en el interior de la cabeza. El poder real, el poder por el cual debemos luchar día y noche, no es el poder sobre las cosas, sino sobre los individuos. ¿Cómo aseguramos el poder sobre el individuo? Haciéndole sufrir. La obediencia no basta. El poder es infligir sufrimiento y humillaciones. El poder es destruir el espíritu humano en pedazos que se juntan después bajo nuevos patrones armados por nosotros. ¿Qué clase de mundo estamos creando? Un mundo de temor, miedo, traición, tormento. Un mundo de aplastadores y aplastados, un mundo que a medida que lo afinemos se volverá cada vez más despiadado. El progreso de nuestro mundo será el progreso hacia el sufrimiento, fundado sobre el odio. No habrá otras emociones que el temor, la rabia y la humillación”.

Cualquier parecido con la realidad no es simple coincidencia. Nicolás Maduro, el mismo día en que negó el indulto navideño a los presos políticos, algunos de ellos moribundos, anunció en cadena audiovisual la creación de la misión humanitaria a favor de los perros de la calle. ¿Alguien tiene dudas del mensaje?


Palabra, acto y gesto

Pensamos que comunicación es palabra, pero también es acto, incluso el gesto de amenaza posee una topografía mental plena de significados. De allí que Lacán se pregunte: “¿Qué es un gesto de amenaza? No es un golpe que se interrumpe, es algo que se hace para detenerse y quedar en suspenso, que no cesa de no producirse” (Seminario XI, 1964).

Así lo sentimos los venezolanos, el suspenso ante la amenaza permanente de la agresión “detenida”, pero que se producirá en cualquier momento. Según Lacan “las armas también son gestos”. De allí que la constante amenaza de “la revolución armada” tienen la misma connotación. Debido a sus significados y significantes de destrucción y terror, forman parte estructural del mismo lenguaje totalitario.

Durante los años 15 del chavismo, junto con el desmantelamiento de sus instituciones, el lenguaje político ha sido demolido, de allí que la democracia y su sistema de libertades y derechos, de progreso individual y colectivo se extinguen con este. El drama en Venezuela se agrava debido a la falta de un discurso que defina la verdadera naturaleza del régimen por parte de los líderes, analistas y portavoces de la oposición: un régimen militar dictatorial, con una fachada civil para lo cual es utilizado un muñeco manejado por los ventrílocuos de la inteligencia militar cubana y sus lacayos locales, una nomenclatura despótica y despiadada que busca imponer el comunismo, mientras realiza simulacros electorales para mantener una fachada democrática. Urge definirlo políticamente para, a partir de allí, trazar nuevas estrategias y consolidar la unión de los millones de venezolanos que se encuentran hoy sin orientación y sin respuestas. Urge, por igual, reconstruir el lenguaje político.


Inventar un lenguaje

Para eso es necesario suplantar eslóganes por ideas constructivas, creativas e innovadoras, las que históricamente han nutrido las causas libertarias de los pueblos. Un lenguaje que aparte los dogmatismos tanto de la izquierda, que pretenden reeditar revoluciones comunistas que fracasaron en el siglo pasado, como los de la filosofía neodarwinista de la economía, propia de las corporaciones trasnacionales que se han constituido en los nuevos amos y depredadores del mundo.

Un lenguaje que reconstruya el escenario político venezolano ¿lo permitirán quienes al verse descubiertos en su autismo ideológico,  sacarán un AK-47 o una Glock cuando se mencionen las palabras “democracia”, “sociedad del conocimiento”, “globalización”, “políticas públicas”, “descentralización”, “meritocracia”, “inteligencia”, “idea”, “investigación científica”, “creatividad”, “talento”, “eficiencia” o “diálogo”?  Convivimos con una izquierda enloquecida y militarista que aún piensa y habla de socialismo utópico y de socialismo real, que no le ha otorgado prioridad a la política como instrumento de decisión racional, a través del consenso y la negociación, sino por el contrario, radicalizándose y amenazando con el puño cerrado golpeando en la otra mano y el “los haremos polvo cósmico” (Chávez dixit) a quienes no piensen como ellos.

El filósofo Wittgenstein, mientras servía como soldado en las trincheras y luego prisionero, durante la Primera Guerra Mundial, acierta al escribir que “imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida” (Tractatus, 1916). Nos preguntamos entonces ¿cuándo inventaremos un lenguaje que motive la sinergia de todos los venezolanos. Un lenguaje capaz de construir una causa que nos conmueva y nos movilice permanentemente en defensa y reconstrucción de la democracia, de los valores éticos, la fraternidad, la igualdad y la justicia social? Un lenguaje que transmita conceptos e ideas, útiles para una reingeniería del pensamiento político, indispensable para salir de esta crisis local y global en la que estamos insertos. El futuro depende del lenguaje que utilicemos.

EDGAR CHERUBINI



Fuente: http://www.el-nacional.com/opinion/retorica-humillacion_0_341965864.html#.UuDyCgC1KiQ.twitter

edgar.cherubini@gmail.com
www.edgarcherubini.com

domingo, 3 de noviembre de 2013

ECLIPSE SOLAR “CRISIS Y REGENERACIÓN”




Hoy domingo 3 de Noviembre a las 6:30 de la mañana, hora de Venezuela (11:00 GMT), habrá un eclipse anular-total (híbrido) de Sol en Escorpio, que nos conducirá a reformulaciones en nuestros propósitos y metas durante los próximos seis meses, con la especial particularidad de que la zona cósmica activada es la relacionada con procesos de “crisis” que nos pueden llevar a transformaciones radicales en todas las áreas de nuestra vida.

Este eclipse se verá en algunos países como total y en otros de forma anular.

En Venezuela se podrá observar en forma parcial. Varios países africanos, España, Estados Unidos, países centroamericanos y del norte de América del Sur, podrán observarlo.

Bajo la energía del signo del escorpión, este eclipse moverá todo lo relacionado con las finanzas públicas y privadas, así como con la actividad petrolera y todo lo que conforma el subsuelo de nuestro planeta.

El Sol encarna a nuestro “yo superior” que ilumina nuestra consciencia, ese “yo superior” que somos nosotros mismos y que cada cierto tiempo necesita reformular estrategias y dar una nueva dirección a la vida que llevamos.

El Sol representa la visión clara y objetiva de las cosas. Al momento del eclipse “muere” el Sol, para en breve lapso renacer en todo su esplendor, con nuevos bríos y renovada vida. Así ocurre también con nosotros, pues el astro rey es nuestra esencia interna.

Desde el punto de vista simbólico y astrológico, al ser interrumpida la energía del Sol, el poder de nuestro mundo interno subjetivo, destruye una imagen de autoridad o poder, a fin de dar paso a un nuevo criterio de centralización de fuerzas. Los eclipses solares se dan en Luna Nueva, es decir, el Sol y la Luna se acoplan en un signo, cerrando un ciclo y dando paso a otro.

Con el eclipse de Sol en Escorpio, que ocurrirá en conjunción con Mercurio en retroceso, será un tiempo propicio para propiciar una discusión interna entre nuestro yo consciente y nuestro mundo inconsciente, entre nuestra manera de actuar más evidente y nuestro lado oscuro.

Se profundizarán las energías del otoño, y esto provocará los máximos actos de desprendimiento y desapego, es tiempo de soltar amarras, de liberarnos del anclaje emocional que nos mantiene atados, y reiniciar el camino ligeros de equipaje, sintiendo que estamos renaciendo, regenerándonos, revitalizándonos.

Las energías latentes se relacionan con el arcano 13 del tarot, “La muerte”, cuyo significado, paradójicamente, es vida renovada a través de la transformación. Sólo aquello que se renueva, que se transforma y se recicla, permanece vivo y nace de nuevo cada día.

Autor: Pedro González Silva


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