pero me dijo mi padre que, en su agonía de muerte,
alzó su mano y me bendijo a mí.
Niña del campo que cortas flores
de no me olvides y de azahar,
corta una rosa de dos colores
para mi amante que está al llegar.
Niña que bordas la blanca tela,
niña que tejes en tu telar,
bórdame el mapa de Venezuela y un pañuelito para llorar.
Aquiles Nazoa (*)
(*) Versos anónimos de la tradición popular latinoamericana del siglo XVIII recopilados por Aquiles Nazoa y entregados a Simón Díaz quien compone la música de la canción Guillermina. Aunque esta canción fue originalmente cantada por Simón Díaz, se popularizó en otros países de América del Sur con el nombre de “Malagueña”
“Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados.”
Cuando tomamos conocimiento de lo que fue la vida de José Ángel Lamas, una pregunta inquietante se nos plantea: ¿Por que sufren los hombres justos? Esta pregunta es tan antigua como la primera lagrima que derramo el ser humano que sintió dolor por vez primera y tan nueva, como una carta cuajada de esperanzas que nos llega a través de un servicio de correos que funciona con prontitud y eficiencia, un bien que nunca hemos conocido los venezolanos. Siempre el hombre se ha sentido desconcertado ante la injusticia del mundo que lo rodea. Cuando hacemos esa pregunta a los teólogos cristianos- y es a ellos a quienes debemos dirigirnos, ya que José Ángel Lamas es esencialmente un compositor de música religiosa y nuestro músico más importante en este genero- ellos nos indican que Dios, conforme a su propia naturaleza, no puede hacer distinciones: El hace nacer el sol para buenos y malos. Hace que la lluvia caiga sobre justos y pecadores. En pocas palabras, la ley de la causalidad prescinde de que seamos o no virtuosos. Los teólogos también nos enseñan, que los buenos padecen porque el sufrimiento es el medio de que Dios se vale para sacar a la luz lo mejor del ser humano y proyectar la elevación moral de nuestra especie. Entonces, aquí hemos llegado al concepto clave que nos lleva a entender la música de José Ángel Lamas y el sentido de su breve, modesta y fructífera vida: el sufrimiento como inspiración para la música y su música misma como una forma de elevación moral de la condición humana. Pocas veces ha habido en las obras universales de la música un cristo más lleno de dolor, más dotado de la condición humana del sufrimiento que el redentor concebido por José Ángel Lamas para su Popule Meus. En este compositor se combinan en forma muy bella, la emoción intensa de sus sentimientos con una gran pureza espiritual, para crear en su música una profunda tristeza, pocas veces lograda por otros músicos. Lamas tuvo la rara cualidad de trasmitir a través de su creación musical y en la forma de un mensaje dirigido al corazón humano su propia vivencia interior: el sufrimiento. Pero, veamos, ¿Que ocurrió con José Ángel Lamas? Lamas fue un músico a quien sus contemporáneos nunca evaluaron adecuadamente, estaba tan por encima de ellos que fueron incapaces de darse cuenta del alto nivel de su espíritu y de su condición de hombre superior. Algo que ocurre a menudo con los verdaderos artistas. Posteriormente, los autócratas y demás gobernantes que ha tenido Venezuela, tampoco han podido encontrar alguna diferencia entre él y los otros hombres y mujeres de su entorno, a quienes ellos conceptúan como grandes figuras del gentilicio venezolano. Pero lo curioso de esta historia es que ha sido precisamente el pueblo de Venezuela quien ha recibido a José Ángel Lamas como el músico que ha llegado a lo más profundo de su corazón. En efecto, desde que se estreno el Popule Meus en el año de 1801, nunca ha dejado de interpretarse los jueves o los viernes santos, en todas la iglesias de Venezuela, aun en las más remotas y más humildes. ¿Que venezolano no ha escuchado el Popule Meus durante la Semana Mayor? Cuando yo rondaba los cinco años de edad lo escuche por vez primera. Entonces mi madre nos llevaba a la vieja Catedral de San Felipe, en el Estado Yaracuy, allí existía un órgano aflautado, presunto heredero de los antiguos “hidraulos.” El sochantre de la Catedral, el Maestro Rafael Limardo, un viejo de muy mal carácter, pero de gran talento interpretativo, con pasos lentos y pausados subía al instrumento musical, como esos experimentados capitanes de mar suben a sus grandes navíos. Después se escuchaban los graves y solemnes acordes de la música de Lamas. Yo sobrecogido por la emoción me acurrucaba muy pequeñito al costado de mi madre. Popule Meus ( Miqueas 6:3-4 ) es el angustioso grito del hombre que se siente abandonado. Pero, ¿cuan abandonado ha debido sentirse este músico introvertido, profundamente místico y sensible, como pocos? A Lamas le toco vivir una época terrible para Venezuela: sequías, pérdidas de las cosechas, hambre y miseria; conspiraciones contra el poder real, sofocadas en sangre; espantosas matanzas perpretadas por los realistas, etc. Al final de sus días, a la edad de 39 años murió en la miseria. Según el acta de defunción, no hizo testamento porque no tenía bienes. Se le dio sepultura en el cuarto tramo de la iglesia de San Pablo, la cual fue demolida en 1876, por orden del Presidente Guzmán Blanco. Los difuntos allí enterrados no fueron exhumados. Cuatro años más tarde se inicio la construcción del Teatro Municipal. Nuevamente en 1948, el peristilo del Municipal fue amputado para ensanchar la calle, en ocasión de los trabajos de construcción del Centro Simón Bolívar . Apareció entonces el fragmento de una lapida con las primeras tres letras del apellido Lamas y algunos huesos. Todo esto fue colocado en un cajón, que se depositó en la barraca donde los obreros guardaban sus herramientas y materiales. El dictador de turno exigía que las obras públicas fueran entregadas en fecha convenida. Todo debía estar limpio y en orden para ese momento. La barraca, el cajón y lo que parecían ser unos restos mortales, desaparecieron en el fragor de los preparativos para una inauguración en fecha ya fijada. Venezuela es un caso singular: los restos de José Ángel Lamas- el más grande de los artistas de la colonia, el músico más exquisito y elevado en la creación espiritual- no reposan en el Panteón Nacional. Hace millones de años desaparecieron del universo muchas estrellas, pero la luz que una vez ellas dieron continúa viajando por el espacio infinito y puede verse durante las noches en todo su esplendor. Así ocurre con José Ángel Lamas, ni siquiera sabemos a donde han ido a parar sus restos, pero la música que el compuso brilla como la luz de las estrellas desaparecidas, acompañando siempre a los venezolanos durante la Semana Mayor
pero me dijo mi padre que, en su agonía de muerte,
alzó su mano y me bendijo a mí.
Niña del campo que cortas flores
de nomeolvides y de azahar,
corta una rosa de dos colores
para mi amante que está al llegar.
Niña que bordas la blanca tela,
niña que tejes en tu telar,
bórdame el mapa de Venezuela
y un pañuelito para llorar.
Aquiles Nazoa(*)
(*) Versos anónimos de la tradición popular latinoamericana del
siglo XVIII recopilados por Aquiles Nazoa y entregados a Simón Díaz quien
compone la música de la canción Guillermina. Aunque esta canción fue originalmente
cantada por Simón Díaz, se popularizó en otros países de América del Sur con el
nombre de “Malagueña”
El Popule Meus (Pueblo mío) de José Ángel Lamas es considerado la obra maestra de la música académica venezolana del período colonial. Desde 1801, año en que fue estrenado en la Catedral de Caracas, ha sido interpretado de manera ininterrumpida cada jueves y viernes santo de la Semana Mayor. Se trata de un brillante motete para coro, solos y orquesta, basado en el texto bíblico de Miqueas 6:3-8 que dice:
6:3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí.
6:4 Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto y de la casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María.
6:5 Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová.
6:6 ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
6:7 ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
José Ángel Lamas nació en Caracas el 2 de agosto de 1775. Murió en la misma ciudad en 1814. Fue extraordinario músico y compositor. Entre sus obras destacan En premio a tus virtudes, Sepulto domino, Ave Maris Stella, Misa en re y Benedicta et venerabilis.
Formó parte de la Escuela de Chacao, grupo de destacados intérpretes y autores académicos como Juan Manuel Olivares, José Francisco Velásquez, José Antonio Caro de Boesi, Bartolomé Bello y Francisco Javier Istúriz, que solían reunirse hacia finales del siglo XVIII en los predios de la Hacienda La Floresta, actual sede del Centro de La Estancia. Lideraba este grupo el sacerdote Pedro Ramón Palacios y Sojo (conocido como el Padre Sojo), tío de El Libertador Simón Bolívar.