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miércoles, 24 de junio de 2020

LA NOCHE DE SAN JUAN EN LA TRADICIÓN EUROPEA




Esta es una fecha en la que numerosas leyendas fantásticas son unánimes al decir que es un período en el que se abren de par en par las invisibles puertas del “otro lado del espejo”: se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las infantas cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman los cuélebres (dragones) y vuelan los “caballucos del diablo”; salen a dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables moradas; afloran enjambres de raros espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas y los polluelos de oro, haciendo ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes (buen día para recolectar plantas medicinales en el campo); los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo para que algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre; el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce campanadas...



En definitiva, la atmósfera se carga de un aliento sobrenatural que impregna cada lugar mágico del planeta y es el momento propicio para estremecernos, ilusionarnos y narrar a nuestros hijos, nietos o amigos toda clase de cuentos, anécdotas y chascarrillos sanjuaneros que nos sepamos.

Esta noche se abre la puerta que nos introduce al conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto y los campos son bendecidos por el Bautista. En la mañana, muy temprano la gente se lava el pelo y la cara con las aguas bendecidas y comienza a llamar, tres veces consecutivas:

-¡San Juan!, ¡San Juan!, dame milcao (guiso de papas con manteca) yo te daré pan.

La noche anterior dos han sido los eventos más importantes: el baile del fuego y las pruebas. Algunas de estas pruebas son:

l. La joven que sale al amanecer y se encuentra con un perro su marido será un goloso perro durante su vida.

2. Al salir, después de las 12, se encuentra con un gato negro es mala suerte para el futuro, felicidad si el gato es de otro color.

3. Si a medianoche se hace una cruz en los árboles, producirán el doble.

4. Si a las 12, mira la luna y después la higuera, la verá florecer.

5. La higuera y el “pesebre” (helecho) florecen esta noche. Quien posea una de estas flores será muy afortunado.

6. Quien vea florecer la hierbabuena esta noche será muy afortunado siempre que lo mantenga en secreto.

7. En la víspera se planta la flor de la hortensia, en un tarro con tierra y agua. Luego se le hace un pedido poniendo fe en el bautismo de San Juan.

8. Hay que lavarse las manos con agua de manantial para mantenerse joven y el cabello para conservarlo hermoso. Esa noche las aguas están benditas por el Bautista.

9. Cuando llueve esa noche o al día siguiente, va a haber abundancia de manzanas.

10. Antes de la salida del sol hay que regar los árboles con agua de manantial, para que den bastante fruta durante el año.

11. Para tener buena siembra hay que tirar un pedazo de vela la noche de San Juan.

12. Para aprender a tocar guitarra hay que colocarse durante esta noche bajo una higuera.



La noche y el amanecer, están dedicado a San Juan en un esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan en esta mágica jornada, en la que todas las sociedades tradicionales de Europa ponen en marcha numerosos rituales de antiguo origen y profunda funcionalidad cultural. La fiesta no es específica de localidades concretas, sino que se extiende por toda Europa con diversas variantes.

Un personaje–símbolo de la cristiandad y un astro presiden la celebración. Por una parte el Sol que, según la tradición popular, sale bailando al amanecer del día 24. Por otra parte el santo de la fecha, San Juan, encargado de dotar de sacralidad a la fiesta, pero que no ocupa lugar central en los rituales.



Contando con el Sol y San Juan como componentes básicos de la celebración, en la noche y el amanecer sanjuaneros los hombres manipulan diversos instrumentos simbólicos con la finalidad de luchar contra los distintos males que perjudican a los humanos, a sus actividades y a sus bienes a lo largo del año.

Fecha de transición astral que anuncia diversos cambios en la naturaleza equivale a una ruptura de orden cósmica propiciadora de emergencias del inframundo. Por eso la noche de San Juan es noche de brujas, entes que pueden provocar numerosos males a los humanos.

La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza por la multitud de hogueras que iluminan la noche. Los ciudadanos arrojan a la hoguera antes de su encendido pequeños objetos, conjuros, deseos e incluso apuntes del curso con el objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus.

La tradición de enramar las fuentes está relacionada con la prosperidad, la abundancia y la fecundidad. La tradición dice que al amanecer del primer día de verano, las mujeres recogían de las fuentes la flor del agua con la esperanza de encontrar pareja, concebir hijos o hacerse con poderes curativos. Al amanecer, cuando las mujeres iban a la fuente, se cantaba a la flor del agua.



viernes, 11 de octubre de 2019

LA REVOLUCIÓN DE LA MENTE Y LA LIBERACIÓN DEL ESPÍRITU CREADOR






Uno de los problemas mayores a los que se enfrenta hoy la humanidad es a cómo dar origen a la liberación creativa del ser humano: la creatividad; a cómo tener la energía abundante adecuadamente dirigida, de forma que su vida tenga un significado profundo y expansivo.
La revolución es necesaria, una revolución profunda y total que empiece desde el interior, y para generar esa revolución debemos comprender las modalidades de nuestro propio pensamiento, comprender todo el proceso de nuestro pensar, los comportamientos de nuestra mente, y eso implica conocimiento propio. Sin la base del conocimiento propio tiene poco sentido lo que pensamos. Pero la revolución debe tener lugar no en una sección del pensar, sino en la totalidad de la mente misma.
Para que la revolución total ocurra es esencial descubrir qué significa escuchar. Muy pocos escuchamos directamente lo que se nos dice, siempre lo interpretamos conforme a un punto de vista particular. Tenemos opiniones, juicios, creencias a través de las cuales escuchamos, de modo que jamás estamos escuchando realmente. Sólo escuchamos en función de nuestros propios prejuicios personales. Y esto no origina comprensión. Lo que en verdad origina comprensión es escuchar sin estar anclado a nada, sin ninguna conclusión definida. Cuando se conoce el arte de escuchar no sólo se descubre qué es verdadero en lo que se está diciendo, sino también se ve lo falso como falso y la verdad en lo falso.
Se debe escuchar sin prejuicios, pues nuestro pensar se halla condicionado y jamás abordamos ningún problema con la frente fresca. La mente se halla condicionada por la educación actual, por la sociedad, por la religión, por todo nuestro entorno y también por nuestras reacciones al entorno –que surgen desde el proceso de la ambición.
Es indispensable que una revolución total ocurra en el ser humano, pero una revolución así no puede ocurrir si no hay una comprensión, sin esfuerzo alguno, de lo que es la verdad. El esfuerzo, en cualquier nivel, es una forma de destrucción, y sólo cuando la mente está muy quieta, sin hacer ningún esfuerzo, tiene lugar la comprensión. 
Una mente condicionada, por mucho que trate de cambiar, sólo puede hacerlo dentro de la prisión de su propio condicionamiento, y esto es obvio que no es revolución.
En el mundo hay una gran crisis, una enorme pobreza y la amenaza de la destrucción. Este es el reto, y nuestro problema es responder adecuadamente a este reto, y esto es imposible si no comprendemos el proceso de nuestro propio pensar.
Sólo podemos responder al reto de la Vida si comprendemos el proceso de nuestro pensar y estamos libres del condicionamiento, de la programación de nuestra mente, cuando ya no reaccionamos según una ideología política, religiosa, nacionalista o de la clase que fuere. Cuando hemos cesado de pertenecer a cualquier raza, credo o religión en particular, cuando cada uno de nosotros comprende su trasfondo y se libera de él, cuando sólo aspira a lo verdadero, es posible, entonces, responder plenamente. Y esa respuesta es una revolución.
Únicamente un ser humano espiritual, religioso, que es consciente y que obra adecuadamente, puede dar origen a una revolución fundamental. Un hombre verdaderamente religioso rompe con la estructura de la religión organizada, con todos los dogmas y creencias, así ve la verdad y obra adecuadamente. Toda otra forma de revolución es fragmentaria y genera, inevitablemente, problemas ulteriores. Pero el ser humano que ve la verdad, lo que es, es el verdadero revolucionario, porque el ver la verdad es realizar una respuesta integrada, no fragmentaria.
La mente debe darse cuenta de su propio condicionamiento y, por ello, liberarse de él y encontrarse libre para percibir la verdad. A no ser que liberemos a la mente de su condicionamiento, todos nuestros problemas sociales, nuestros conflictos en la relación, nuestras guerras y otras desdichas, todo eso tiene por fuerza que incrementarse y multiplicarse.
Sólo cuando la mente es libre puede haber creatividad. Esta revolución sólo es posible cuando la mente se halla muy quieta, muy silenciosa. Pero esta quietud mental no surge a través de ningún esfuerzo, no puede ser buscada ni perseguida, no tiene motivo. Surge naturalmente, con facilidad, cuando la mente comprende su propio proceso de acción, lo que implica comprender todo el significado del pensar.
Así pues, el principio de la creatividad, de la revolución y de la libertad es el conocimiento propio, y este debe ser descubierto en las relaciones de nuestra existencia cotidiana. La relación es el espejo en que podemos vernos realmente, sin distorsión alguna, y sólo mediante el conocimiento propio, viéndonos exactamente como en realidad somos, no distorsionados por ningún juicio, sólo así la mente se torna quieta, silenciosa.
La libertad surge sólo por obra del conocimiento propio, que consiste en comprender el proceso total del pensar. Nuestro pensar es, en la actualidad, una simple reacción, la respuesta de una mente condicionada, y cualquier acción que se basa en un pensar así tiene que dar como resultado una catástrofe, es inevitable. Para descubrir qué es la verdad, qué es Dios, es preciso que haya una mente que se ha comprendido a sí misma, lo cual implica investigar todo el problema del conocimiento propio. Sólo entonces hay una revolución total que da origen a una liberación creativa, y esa liberación creativa es la percepción respecto de lo que es la verdad.

@gantillano



miércoles, 8 de febrero de 2017

LA REVOLUCIÓN DE LA MENTE Y LA LIBERACIÓN DEL ESPÍRITU CREADOR





Uno de los problemas mayores a los que se enfrenta hoy la humanidad es a cómo dar origen a la liberación creativa del ser humano: la creatividad; a cómo tener la energía abundante adecuadamente dirigida, de forma que su vida tenga un significado profundo y expansivo.
La revolución es necesaria, una revolución profunda y total que empiece desde el interior, y para generar esa revolución debemos comprender las modalidades de nuestro propio pensamiento, comprender todo el proceso de nuestro pensar, los comportamientos de nuestra mente, y eso implica conocimiento propio. Sin la base del conocimiento propio tiene poco sentido lo que pensamos. Pero la revolución debe tener lugar no en una sección del pensar, sino en la totalidad de la mente misma.
Para que la revolución total ocurra es esencial descubrir qué significa escuchar. Muy pocos escuchamos directamente lo que se nos dice, siempre lo interpretamos conforme a un punto de vista particular. Tenemos opiniones, juicios, creencias a través de las cuales escuchamos, de modo que jamás estamos escuchando realmente. Sólo escuchamos en función de nuestros propios prejuicios personales. Y esto no origina comprensión. Lo que en verdad origina comprensión es escuchar sin estar anclado a nada, sin ninguna conclusión definida. Cuando se conoce el arte de escuchar no sólo se descubre qué es verdadero en lo que se está diciendo, sino también se ve lo falso como falso y la verdad en lo falso.
Se debe escuchar sin prejuicios, pues nuestro pensar se halla condicionado y jamás abordamos ningún problema con la frente fresca. La mente se halla condicionada por la educación actual, por la sociedad, por la religión, por todo nuestro entorno y también por nuestras reacciones al entorno –que surgen desde el proceso de la ambición.
Es indispensable que una revolución total ocurra en el ser humano, pero una revolución así no puede ocurrir si no hay una comprensión, sin esfuerzo alguno, de lo que es la verdad. El esfuerzo, en cualquier nivel, es una forma de destrucción, y sólo cuando la mente está muy quieta, sin hacer ningún esfuerzo, tiene lugar la comprensión. 
Una mente condicionada, por mucho que trate de cambiar, sólo puede hacerlo dentro de la prisión de su propio condicionamiento, y esto es obvio que no es revolución.
En el mundo hay una gran crisis, una enorme pobreza y la amenaza de la destrucción. Este es el reto, y nuestro problema es responder adecuadamente a este reto, y esto es imposible si no comprendemos el proceso de nuestro propio pensar.
Sólo podemos responder al reto de la Vida si comprendemos el proceso de nuestro pensar y estamos libres del condicionamiento, de la programación de nuestra mente, cuando ya no reaccionamos según una ideología política, religiosa, nacionalista o de la clase que fuere. Cuando hemos cesado de pertenecer a cualquier raza, credo o religión en particular, cuando cada uno de nosotros comprende su trasfondo y se libera de él, cuando sólo aspira a lo verdadero, es posible, entonces, responder plenamente. Y esa respuesta es una revolución.
Únicamente un ser humano espiritual, religioso, que es consciente y que obra adecuadamente, puede dar origen a una revolución fundamental. Un hombre verdaderamente religioso rompe con la estructura de la religión organizada, con todos los dogmas y creencias, así ve la verdad y obra adecuadamente. Toda otra forma de revolución es fragmentaria y genera, inevitablemente, problemas ulteriores. Pero el ser humano que ve la verdad, lo que es, es el verdadero revolucionario, porque el ver la verdad es realizar una respuesta integrada, no fragmentaria.
La mente debe darse cuenta de su propio condicionamiento y, por ello, liberarse de él y encontrarse libre para percibir la verdad. A no ser que liberemos a la mente de su condicionamiento, todos nuestros problemas sociales, nuestros conflictos en la relación, nuestras guerras y otras desdichas, todo eso tiene por fuerza que incrementarse y multiplicarse.
Sólo cuando la mente es libre puede haber creatividad. Esta revolución sólo es posible cuando la mente se halla muy quieta, muy silenciosa. Pero esta quietud mental no surge a través de ningún esfuerzo, no puede ser buscada ni perseguida, no tiene motivo. Surge naturalmente, con facilidad, cuando la mente comprende su propio proceso de acción, lo que implica comprender todo el significado del pensar.
Así pues, el principio de la creatividad, de la revolución y de la libertad es el conocimiento propio, y este debe ser descubierto en las relaciones de nuestra existencia cotidiana. La relación es el espejo en que podemos vernos realmente, sin distorsión alguna, y sólo mediante el conocimiento propio, viéndonos exactamente como en realidad somos, no distorsionados por ningún juicio, sólo así la mente se torna quieta, silenciosa.
La libertad surge sólo por obra del conocimiento propio, que consiste en comprender el proceso total del pensar. Nuestro pensar es, en la actualidad, una simple reacción, la respuesta de una mente condicionada, y cualquier acción que se basa en un pensar así tiene que dar como resultado una catástrofe, es inevitable. Para descubrir qué es la verdad, qué es Dios, es preciso que haya una mente que se ha comprendido a sí misma, lo cual implica investigar todo el problema del conocimiento propio. Sólo entonces hay una revolución total que da origen a una liberación creativa, y esa liberación creativa es la percepción respecto de lo que es la verdad.

@gantillano






miércoles, 25 de marzo de 2015

RENOVAR LA ÉTICA



La crisis institucional en que nos encontramos inmersos ha dejado al descubierto la falta de valores y principios que evidencian quienes pretenden dirigirnos. Las carencias estratégicas han salido a flote. El primitivismo, lo superfluo, lo irracional y el oportunismo guían nuestros pasos.

El transitar por este campo minado en que hoy han convertido a las instituciones es cada vez más difícil, pero en esta guerra no todo esta perdido, tenemos en nuestro poder un arma poderosa, frente a la que los enemigos no tienen defensa: la ética.

En estos tiempos difíciles, de confusión es imperativo rescatar del estado de letargo en que  ha permanecido durante varios años este concepto. Quitémosle el polvo, las telarañas y traigámoslo nuevamente a nuestras vidas.

Hay que mirar el lado bueno de todas las cosas, incluso de la crisis, que ha brindado la oportunidad de replantearnos los valores humanos dentro de la sociedad.

¿Está reñida la ética con los tiempos actuales? ¿Cómo retomar los valores en la gestión y el liderazgo?

Hoy Tenemos ante nosotros un gran  reto, impulsar la renovación de la ética en la función directiva, recuperar los valores del líder y desarrollar la gestión. Es imprescindible para salir de la crisis.






miércoles, 23 de abril de 2014

LA REVOLUCIÓN DE LA MENTE Y LA LIBERACIÓN DEL ESPÍRITU CREADOR


Uno de los problemas mayores a los que se enfrenta hoy la humanidad es cómo dar origen a la liberación creativa del ser humano: la creatividad; a cómo tener la energía abundante adecuadamente y dirigida, de forma que nuestra vida tenga un significado profundo y expansivo.

La revolución es necesaria, una revolución profunda y total que empiece desde el interior, y para generar esa revolución debemos comprender las modalidades de nuestro propio pensamiento, comprender todo el proceso de nuestro pensar, los comportamientos de nuestra mente, y eso implica conocimiento propio. Sin la base del conocimiento propio tiene poco sentido lo que pensamos. Pero la revolución debe tener lugar no en una sección del pensar, sino en la totalidad de la mente misma.
Para que la revolución total ocurra es esencial descubrir qué significa escuchar. Muy pocos escuchamos directamente lo que se nos dice, siempre lo interpretamos conforme a un punto de vista particular.

Tenemos opiniones, juicios, creencias a través de las cuales escuchamos, de modo que jamás estamos escuchando realmente. Sólo escuchamos en función de nuestros propios prejuicios personales. Y esto no origina comprensión. Lo que en verdad origina comprensión es escuchar sin estar anclado a nada, sin ninguna conclusión definida. Cuando se conoce el arte de escuchar no sólo se descubre qué es verdadero en lo que se está diciendo, sino también se ve lo falso como falso y la verdad en lo falso.
Se debe escuchar sin prejuicios, pues nuestro pensar se halla condicionado y jamás abordamos ningún problema con la frente fresca. La mente se halla condicionada por la educación actual, por la sociedad, por la religión, por todo nuestro entorno y también por nuestras reacciones al entorno –que surgen desde el proceso de la ambición.
Es indispensable que una revolución total ocurra en el ser humano, pero una revolución así no puede ocurrir si no hay una comprensión, sin esfuerzo alguno, de lo que es la verdad. El esfuerzo, en cualquier nivel, es una forma de destrucción, y sólo cuando la mente está muy quieta, sin hacer ningún esfuerzo, tiene lugar la comprensión.
Una mente condicionada, por mucho que trate de cambiar, sólo puede hacerlo dentro de la prisión de su propio condicionamiento, y esto es obvio que no es revolución.
En el mundo hay una gran crisis, una enorme pobreza y la amenaza de la destrucción. Este es el reto, y nuestro problema es responder adecuadamente a este reto, y esto es imposible si no comprendemos el proceso de nuestro propio pensar.
Sólo podemos responder al reto de la Vida si comprendemos el proceso de nuestro pensar y estamos libres del condicionamiento, de la programación de nuestra mente, cuando ya no reaccionamos según una ideología política, religiosa, nacionalista o de la clase que fuere. Cuando hemos cesado de pertenecer a cualquier raza, credo o religión en particular, cuando cada uno de nosotros comprende su trasfondo y se libera de él, cuando sólo aspira a lo verdadero, es posible, entonces, responder plenamente. Y esa respuesta es una revolución.
Únicamente un ser humano espiritual, religioso, que es consciente y que obra adecuadamente, puede dar origen a una revolución fundamental. Un hombre verdaderamente religioso rompe con la estructura de la religión organizada, con todos los dogmas y creencias, así ve la verdad y obra adecuadamente. Toda otra forma de revolución es fragmentaria y genera, inevitablemente, problemas ulteriores. Pero el ser humano que ve la verdad, lo que es, es el verdadero revolucionario, porque el ver la verdad es realizar una respuesta integrada, no fragmentaria.
La mente debe darse cuenta de su propio condicionamiento y, por ello, liberarse de él y encontrarse libre para percibir la verdad. A no ser que liberemos a la mente de su condicionamiento, todos nuestros problemas sociales, nuestros conflictos en la relación, nuestras guerras y otras desdichas, todo eso tiene por fuerza que incrementarse y multiplicarse.
Sólo cuando la mente es libre puede haber creatividad. Esta revolución sólo es posible cuando la mente se halla muy quieta, muy silenciosa. Pero esta quietud mental no surge a través de ningún esfuerzo, no puede ser buscada ni perseguida, no tiene motivo. Surge naturalmente, con facilidad, cuando la mente comprende su propio proceso de acción, lo que implica comprender todo el significado del pensar.
Así pues, el principio de la creatividad, de la revolución y de la libertad es el conocimiento propio, y este debe ser descubierto en las relaciones de nuestra existencia cotidiana. La relación es el espejo en que podemos vernos realmente, sin distorsión alguna, y sólo mediante el conocimiento propio, viéndonos exactamente como en realidad somos, no distorsionados por ningún juicio, sólo así la mente se torna quieta, silenciosa.
La libertad surge sólo por obra del conocimiento propio, que consiste en comprender el proceso total del pensar. Nuestro pensar es, en la actualidad, una simple reacción, la respuesta de una mente condicionada, y cualquier acción que se basa en un pensar así tiene que dar como resultado una catástrofe, es inevitable. Para descubrir qué es la verdad, qué es Dios, es preciso que haya una mente que se ha comprendido a sí misma, lo cual implica investigar todo el problema del conocimiento propio. Sólo entonces hay una revolución total que da origen a una liberación creativa, y esa liberación creativa es la percepción respecto de lo que es la verdad.