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domingo, 21 de junio de 2020

CANTO A LA REBELDÍA




CANTO A LA REBELDÍA


Yo era un hombre cuando cierto día
Encontré a mi padre parado en la vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.


- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.


En efecto lo era. Él no lo creía.


Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.

- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.

Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.

¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.

Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:

Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!



ANTONIO ARRAIZ



domingo, 16 de junio de 2019

PARA TODOS LOS PADRES



CANTO A LA REBELDÍA

Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.
Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:
Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!

ANTONIO ARRAIZ





domingo, 18 de junio de 2017

CANTO A LA REBELDÍA




 
CANTO A LA REBELDÍA



Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.

Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:

Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!



ANTONIO ARRAIZ







domingo, 19 de junio de 2016

CANTO A LA REBELDÍA




 


CANTO A LA REBELDÍA


Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.

Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:

Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!


ANTONIO ARRAIZ







domingo, 17 de junio de 2012

PARA TODOS LOS PADRES



CANTO A LA REBELDÍA

Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.
Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:
Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!

ANTONIO ARRAIZ