domingo, 16 de junio de 2019

FELIZ DÍA DEL PADRE




PARA TODOS LOS PADRES



CANTO A LA REBELDÍA

Yo era un hombre cuando cierto día
encontré a mi padre parado en mi vía.
Alto como torre, duro como bloque,
firme como prócer, fuerte como padre.
- Apártate, padre – yo le dije entonces.
- Apártate, padre. Yo ya soy un hombre.
En efecto lo era. Él no lo creía.
Apártate, padre. Voy a mi deber.
Él no comprendía. No le vi ceder.
- Apártate, Padre, – le grité de nuevo.
- Mucha prisa llevo. Mucha fuerza llevo.
- Mucha vida llevo. No te tengo miedo.
Él estaba inmóvil como de basalto.
Me le abalancé las manos en alto,
y en la angosta vía rudo fue el asalto.
¡Oh, qué fuerte era! Nunca lo supuse.
No encontrara antes tan fuerte enemigo.
Todo mi vigor en la luche puse,
hasta que mi padre dio en tierra consigo.
Y cuando jadeante por la libre vía,
lleno de entusiasmo continuar quería,
mi padre, en la tierra, se alzó como pudo,
y con gran orgullo, ¡oh qué orgullo el suyo!,
me gritó:
Hijo mío: ¡Sigue! ¡Sigue! ¡Sigue!

ANTONIO ARRAIZ





miércoles, 5 de junio de 2019

LA ECOLOGÍA DE LA ACCIÓN, ÉTICA Y PENSAMIENTO COMPLEJO




No es posible asumir posiciones éticas en nuestra vida cotidiana si no consideramos todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en el entorno. Y esto en pensamiento complejo equivale a pensar con la ecología de la acción. La ecología de la acción consiste en que cuando comienza una acción determinada, ésta entra en diversas interacciones en uno mismo, en el medio ambiente, en los otros y en la sociedad en general, que pueden llevar a que se produzcan resultados contrarios o muy diferentes a la intención o intenciones iniciales con las cuales se puso en juego la acción inicial.

Entonces, pensar complejamente es pensar en todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en los diversos entornos, teniendo en cuenta los dos polos: el de la intención y el de los resultados.

Para actuar de forma ética es esencial prevenir las consecuencias negativas de nuestras acciones. Cuando pensamos complejamente, tenemos un pensamiento multidimensional, global y sistémico, y de esta manera entendemos que todo está interrelacionado, donde el bienestar nuestro es el bienestar de los demás, de la especie y del ambiente, y que a la vez, el bienestar de los demás es el bienestar del ambiente, de la especie y de nosotros mismos, ya que hay un bucle individuo-sociedad-especie-ambiente.

Actuamos éticamente cuando reconocemos con prontitud y en toda su significación los errores que como seres humanos cometemos cada día. Pensar complejamente es trascender nuestros esquemas mentales con flexibilidad y reflexión sobre nuestros actos, dialogando de forma continúa con nuestras ideas y percepciones, para tener en cuenta los contextos y a los demás, y así podernos percatar de errores en nuestra forma de vivir.
Cuando se tiene un pensamiento simple, se tiende a pensar que somos perfectos y que no nos equivocamos, o se nos dificulta dialogar con nosotros mismos y reflexionar sobre nuestras acciones teniendo en cuenta el ambiente y a los demás.

En la ética, en caso de cometer algún error, es preciso repararlo en el menor tiempo posible y de la manera más integra, evitando otros efectos negativos en el entorno. Tener compromiso ético es reparar nuestros errores y sus consecuencias negativas hasta donde sea posible, de lo contrario no se puede hablar de acción ética. Y aquí de nuevo entra el pensamiento complejo.

Pensar complejamente es reparar los errores de nuestras acciones en un plano ecológico, que significa tener en cuenta que si no las reparamos, o si nos demoramos en repararlas, o si la reparación no es integral, se tendrán efectos negativos, y, en algunos casos catastróficos, que afectan el bienestar personal, social, ambiental y de la especie, por el bucle existente entre todas estas dimensiones que conforman una sola totalidad. Esto trasciende el planteamiento tradicional de la responsabilidad por los actos como esencia de la ética. Se puede ser responsable de los actos y, sin embargo, no ser éticos en la forma de vivir, por repetir los mismos errores o por no repararlos, o por repararlos de forma no integral.

En la gestión del conocimiento, en cualquier campo y quehacer laboral - profesional, se nos plantea entonces el compromiso de actuar con ética, pero con un ética integral, multidimensional, al servicio del bienestar personal, pero también al servicio del bienestar colectivo y del medio ambiente, con proyección futura. Y esa es la ética que se tiene cuando se piensa y actúa de forma compleja. El  mundo se moverá en una dirección ética, sólo si queremos ir en esa dirección, y si queremos hacerlo necesitamos desarrollar el pensamiento complejo, para tener conciencia ecológica de nuestro ser en la sociedad, en el mundo y en el cosmos. De lo contrario, seguiremos en el error de gestionar el conocimiento al servicio de intereses egoístas que son los que nos tienen en una altísima contaminación, pérdida del sentido humano de realización, crisis del tejido social y familiar con los consecuentes actos de violencia, y el imperio de la política en general sin regulación ética y sin la visión del hombre íntegro e integral.

Gustavo Antillano
@gantillano





LA TEMPLANZA





Templanza significa sobriedad. Es la virtud por la cual empezamos a darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades reales, orientadas a lograr  nuestro bienestar y desarrollo, y cuáles son imaginarias y producto de los deseos inagotables que nacen de las carencias que produce el ego y son por tanto perjudiciales. Desde la sobriedad se manejan de manera adecuada los recursos, evitando tanto los excesos como las carencias.

La templanza es la virtud que permite dominar racionalmente los apetitos y moderar la atracción hacia los placeres sensibles y el uso de los bienes creados. La disposición natural al gozo puede hacer obrar desordenadamente al ser humano. Existe en él una rebelión de los diferentes egos contra el dominio del propio espíritu, contra el vivir consciente y el obrar adecuado.

La moderación, la medida y la honestidad, al mantener y defender el orden en el propio interior, crean los fundamentos necesarios para la realización del bien. Sin la templanza, el instinto de la propia afirmación que hay en el ser humano rebasa todas las fronteras y anega todo cuanto encuentra en su camino. Se perdería la orientación y el raudal de energías jamás encontraría el mar de la perfección en que deben desembocar. La templanza no es el caudal, sino la madre del río que canaliza sus ímpetus y su velocidad y abre el paso preciso.

El desenfreno, la ambición desmedida y los deseos desordenados dan lugar a una ceguera del espíritu que incapacita para ver los bienes del alma y quita la fuerza de la voluntad. En cambio, la sobriedad nos hace capaces y nos dispone para la vida espiritual. No muere el alma porque le falte algo sino porque algo la envenena.

Nuestra existencia consiste en ser conscientes y en obrar adecuadamente, por eso se dice que cuando alguien vive espiritualmente es fiel a sí mismo. La deshonestidad y la ambición de poder  destruyen de una forma especial esa fidelidad del ser humano consigo mismo y ese permanecer en el propio ser. Ese abandono del alma, que se entrega desarmada al mundo sensible de las pasiones, paraliza y aniquila la capacidad de decidir y de obrar adecuadamente. El alma no es entonces capaz de escuchar silenciosa la llamada realidad, ni de reunir serenamente los datos necesarios para adoptar la postura justa en una determinada circunstancia. El ser humano se ha hecho parcial y se insensibiliza para percibir la totalidad de su realidad. Y esto significa el mal uso y corrupción de la prudencia, la ceguera del espíritu y la desaparición de la vida espiritual. Todo buen propósito quedará siempre amenazado por la inconstancia y teñido por los deseos más bajos.

El ser humano  envidioso, voraz y ávido de poder quiere, pero quiere exclusivamente para sí mismo; siempre se halla distraído por un interés ilusorio, que no es real. La obsesión de poder, que lo tiene siempre ocupado, le impide acercarse a la realidad serenamente y le priva del auténtico conocimiento. El mirador del alma se vuelve opaco, empolvado por el interés egoísta, que no deja pasar hasta ella el aroma de la Vida. Sólo puede ver y oír quien guarda un silencio consciente, y sólo emite Luz la pureza.

La templanza es honestidad, pero la búsqueda del poder desmedido  lleva sobre sí la maldición de un egoísmo estéril. La honestidad no sólo capacita y predispone para percibir correctamente la realidad, creando así conductas acordes con ella, sino que prepara el alma para la contemplación, esa forma sublime de contacto con la verdad objetiva en que se confunde el conocimiento límpido con la verdadera entrega.

Mediante la vida espiritual, el ser humano entra en comunión con Dios asimila la Verdad, que es el bien supremo, y obra adecuadamente. La esencia de la persona espiritual y virtuosa consiste en vivir abierto a la verdad real de las cosas, vivir la verdad que se ha incorporado al propio ser y obrar adecuadamente. Sólo quien sea capaz de ver esto y de realizarlo en su propia vida será también capaz de entender hasta qué profundidades llega la destrucción que en sí mismo desencadena un corazón impuro.

La deshonestidad destruye el verdadero gozo de lo que es sensiblemente bello, pues la persona, al percibir la belleza sensible propia de cada cosa, tiende siempre a reducirlo al deleite. Sólo percibe la belleza del mundo y la disfruta quien lo contempla con mirada limpia. La alegría del corazón es el agradable fruto de la muerte del ego. Cuando esa alegría está presente se puede estar seguro de que la simpleza de seguir una doctrina o unos ideales, o la estirada vanidad de quien sólo se mira a sí mismo, se hallan lejos. La alegría del corazón es una señal inequívoca de la verdadera templanza que sabe, sin egoísmos, conservar y defender el verdadero valor de la persona.

La templanza es el origen y la condición de toda verdadera valentía. En cambio, el infantilismo de un alma desordenada no sólo acaba con la belleza, sino que crea seres pusilánimes. Cuando el ser humano pierde esa moderación de carácter integral, disipa su esencia y su energía y se hace inservible para plantar cara a la fuerza del mal, que causa estragos por el mundo.


Gustavo Antillano
@gantillano




NO ES FACÍL EL OFICIO DE VIVIR DIGNAMENTE




Hay cosas que parecen y otras que son. Distinguir cabalmente la apariencia de la esencia, la imagen de la ética, no es tarea fácil, pero sí provechosa.

¿Es posible diferenciar la crítica honesta de la vituperación maliciosa, la indignación de la ira, el desdén de la envidia o el rechazo legítimo de los celos? A estas actitudes las distingue únicamente la textura del alma, porque la acción es siempre mecánica y responde a una fuerza soberana que la anima. Así lo que en un hombre íntegro es sana indignación, en el mezquino puede ser cólera impotente. Todo se reduce a un juego de intenciones.

No hay espectáculo más patético que el que ofrece quien pretende ser lo que no es. Condenándose a la hipocresía y a la mentira se exilia de sí mismo para errar de por vida en un universo ficticio, desconectado de su propia realidad y carente de toda consistencia.

No es fácil el oficio de vivir dignamente, no. Uno ha de crear su propio personaje y dotarle de verosimilitud y altura, lo que implica una renuncia constante a la ventaja en aras de la ética, que es algo así como el "fair play" del espíritu. Desde luego, resulta mucho más tentador revestirse de una ética aparente y jugar sucio tras el parapeto de la imagen.

Muchos son los males de nuestra sociedad y muchas las soluciones que se aportan en el mayor despliegue de frivolidad que han conocido los siglos, pero hay un paso esencial que dar para recuperar la dignidad y la autoestima de la especie y terminar con el nefasto culto a la imagen, es el rearme ético.

¿Y en qué consiste la ética? Ante todo, en la autenticidad. ¿Y qué es la autenticidad? La transparencia del espíritu, la verdad. Hay que ser idénticos en el pensamiento, la palabra y la obra. No es posible convivir pensando de una manera, hablando de otra y actuando de una tercera. Ser ético también implica asumir posiciones éticas en nuestra vida cotidiana considerando todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en el entorno.

Habría que citar también la no violencia, como estilo ético de vida. No puede haber ética en la violencia, que es la grosera reacción del ego desairado, como tampoco la hay en las formas engañosamente blandas con que muchos esconden su pavor a aceptar responsabilidades y mantener unos principios. La no violencia requiere la mayor bravura porque implica no deponer la firmeza del criterio y la postura, aún ante la injusticia, la intransigencia y la provocación. Para muchos, hoy, la no violencia se reduce a otra moda, a una mera cuestión estética, pero para quien bien la entiende llega mucho más lejos; es el resultado de una eco-visión en la que nada ni nadie se considera aislado del resto ni, por tanto, es susceptible de ser juzgado, condenado y destruido con abstracción del contexto. Es la sabiduría de deshacer los nudos contra la furia de romper las cuerdas.

Finalmente, la templanza, es la virtud que modera la pasión y encauza el empuje desbordante de los deseos. Si estos no se frenan, toda ética es ficticia. Nadie está libre de impulsos acuciantes, cuyo oscuro y primitivo origen se esconde en las profundidades del subconsciente. Esa posesividad que nos empuja a apropiarnos de cuanto nos place (¿tal vez porque albergamos un Rey Supremo en lo más recóndito del Ser?) debe ser templada con el ejercicio de la discriminación. Dar rienda suelta a las fuerzas desatadas del hombre sólo lleva al caos y a la destrucción. La civilización consiste precisamente en dominar las fuerzas inferiores con el desarrollo de la razón y otras facultades superiores.

De acuerdo, la represión a ultranza es traumática e indeseable, pero una convivencia ética obliga a un esfuerzo razonable para someter los oscuros instintos egoístas y potenciar las actitudes generosas.

Nuestra sociedad permisiva ya está dando suficientes muestras de hastío y alarma ante la hecatombe que ha supuesto la necia implantación de una ética descabellada y acomodaticia, tal vez como reacción pendular a la hipócrita represión sufrida en recientes tiempos pretéritos. ¿Habremos aprendido ya que la ética no puede imponerse, puesto que es una actitud soberana e individual?

No es preciso escuchar sólo la voz de las Instituciones. Todo individuo es plenamente libre y capaz para reconciliarse consigo mismo y renunciar al desasosiego de un espíritu a la deriva, tomar las riendas de su propia existencia e imponerse la disciplina ética que canalice su esfuerzo hacia metas generosas de bienestar individual y colectivo, recuperando así su dignidad humana.

Paralelamente, el culto a la imagen, la hipocresía y la apariencia mentirosa que blanquean muchos sepulcros han de quedar, finalmente, de manifiesto y morir por sí solos.


GUSTAVO ANTILLANO
@gantillano





domingo, 2 de junio de 2019

SUMA, NO RESTES



CUANDO ME AMÉ DE VERDAD




"Cuando Me Amé de Verdad"


Cuando me amé de verdad
comprendí que en cualquier circunstancia,
yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta,
y en el momento exacto, y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre… Autoestima

Cuando me amé de verdad,
pude percibir que mi angustia,
y mi sufrimiento emocional,
no es sino una señal de que voy 
contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… Autenticidad

Cuando me amé de verdad,
dejé de desear que mi vida fuera diferente,
y comencé a aceptar todo lo que acontece,
y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy sé que eso se llama… Madurez

Cuando me amé de verdad,
comencé a percibir que es ofensivo
tratar de forzar alguna situación, o persona,
sólo para realizar aquello que deseo,
aun sabiendo que no es el momento,
o la persona no está preparada, 
inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es… Respeto

Cuando me amé de verdad,
comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable:
personas, situaciones y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo.
De inicio mi razón llamó a esa actitud egoísmo.
Hoy sé que se llama… Amor Propio

Cuando me amé de verdad,
dejé de temer al tiempo libre
y desistí de hacer grandes planes,
abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, 
lo que me gusta, cuando quiero,
y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es… Simplicidad y Sencillez.

Cuando me amé de verdad,
desistí de querer tener siempre la razón,
y así erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es… Humildad

Cuando me amé de verdad,
desistí de quedarme reviviendo el pasado,
y preocupándome por el futuro. Ahora,
me mantengo en el presente,
que es donde la vida acontece. Hoy
vivo un día a la vez.
Y eso se llama… Plenitud

Cuando me amé de verdad,
percibí que mi mente puede
atormentarme y decepcionarme.
Pero cuando la coloco al servicio de mi corazón,
ella tiene una gran y valioso aliado.
Todo eso es… Saber Vivir

No debemos tener miedo de cuestionarnos,
de hecho hasta los planetas chocan,
y del caos suelen nacer la mayoría de las estrellas.

Charles Chaplin
"As I began to love myself"



TEN COMPASIÓN CON NOSOTROS




lunes, 20 de mayo de 2019

¿DÍALOGO?



JUEGO ENTRE IDIOTAS


No puede existir un diálogo inteligente cuando quien propone el diálogo parte de ideas fijas que asume como verdaderas e irrefutables, quien dice hablar con la verdad descalifica a priori cualquier postura divergente, entonces el diálogo, la apertura ante una pluralidad de ideas, de conjeturas, de refutaciones, ensayo y error, se vuelve un juego entre idiotas que presumen disfrutar un monopolio sobre la verdad.

Quien desestima la confrontación de ideas, el mero acto de no estar de acuerdo, son los reales enemigos de la razón, aquellos que suponen tener un acceso privilegiado a la verdad, no toleran que otros disientan, que se manifiesten en contra. Sin un diálogo abierto no hay posibilidad de tolerar diferencias, por consiguiente, no hay oportunidad de cultivar una cultura de libertad.

La libertad de elegir, por el contrario, implica la agonía de nunca saber si tenemos toda la razón sobre todos los aspectos de la sociedad.

La función de una conversación civilizada es usar la dialéctica—conversar, en forma abierta, con el fin de ir puliendo ideas, de aprovechar la curva de aprendizaje de un proceso de ensayo y error, de progresar vía una evolución de intercambios intelectuales.

En una sociedad abierta reconocemos que la vida está llena de incertidumbres, complejidades y paradojas. No es reducible a una formula preconcebida, a un plan alternativo, a un proyecto total. En esta circunstancia, la humildad ante el conocimiento es un ingrediente capital para fomentar la libertad y la civilidad entre los seres de una sociedad.

Quienes creemos en la libertad debemos defender el concepto plural de conversación, una multiplicidad de voces donde no existe una voz que predomine sobre otras. El propósito es mantener el diálogo vivo, es mantener la conversación abierta, que no lleguen los tiranos, los demagogos, los idiotas, o los que presumen hablar con la verdad, y cierren esta apertura de ideas. Para estos, y otros de su especie, un argumento se gana con la expropiación de ideas, con la guillotina, con la fuerza brutal de una supuesta autoridad.

Una sociedad abierta celebra las discusiones, racionales o despistadas, pero exige que se pueda llevar a cabo un argumento, un esfuerzo por cambiar las opiniones de otros, en un espacio de intercambio lógico de razones. Quien apela a la descalificación solo refleja su debilidad e intolerancia, igual quién se escuda detrás de una supuesta superioridad intelectual o moral para hablar de la verdad, en realidad esconde sus limitaciones.

Una cosa es criticar, otra descalificar; una cosa es el diálogo, otra cosa son los idiotas que presumen hablar desde la verdad.


@gantillano





EL DIÁLOGO DE LOS IDIOTAS




Mire pues...

Imbécil 1: usted sabe lo que tiene que hacer y no lo hace, ¿qué le pasa?

Imbécil 2: Silencio! no me pasa nada, pero tú dices que eres lo que haces y no haces nada! ¿Qué te pasa?

Imbécil 1: pero....yo... hago...soy... este... espere, espere.... mejor los dejammmm

Imbécil 2: Silencio te he dicho...

Imbécil 1: bueno.

Imbécil 2: perdóname!

Imbécil 1: bueno.

Imbécil 2: dime lo que tengas que decir...

Imbécil 1: haga lo que tenga que hacer...

Imbécil 2: no tengo nada que decir.

Imbécil 1: no tengo nada que hacer.

Imbécil 2: entonces mejor no.

Imbécil 1: bueno.









ESTÁ CLARÍSIMO...






NO, NO ME ESTÁ FUNCIONANDO



INTELIGENCIA, FUERZA Y VOLUNTAD





La voluntad sin inteligencia es ciega.
La voluntad sin fuerza, inútil.
La inteligencia sin voluntad es débil y patética.
La fuerza sin voluntad no tiene impulso ni objetivo.
La inteligencia y la fuerza son limitadas,
la voluntad no.

@gantillano


FUERZA, FUERZA Y MÁS FUERZA





viernes, 10 de mayo de 2019

LA TRÍADA OSCURA Y EL SADISMO, O EL PORQUÉ DE LA MALDAD





En sicología existe un concepto llamado "la tríada oscura". Este infame trío lo conforman los rasgos de la personalidad que definen lo que comúnmente llamaríamos una "mala persona".

El primero de estos chicos malos es el narcisismo . Las personas narcisistas tienden a centrarse en sí mismas, a fantasear con un poder ilimitado y a necesitar la admiración de los demás.

Luego está la psicopatía , es decir, la falta de empatía. Este rasgo convierte a la persona en alguien manipulador, poco confiable y desinteresado por los sentimientos de otras personas.

El clan malévolo lo completa el maquiavelismo . Las personas que tienen este comportamiento muy marcado se caracterizan por tener actitudes cínicas y adoptar estrategias cuyo único fin es beneficiar sus propios intereses. 

 En conjunto, estos tres rasgos engloban una frialdad emocional. Algunos estudios han demostrado que los altos niveles de la tríada oscura están asociados con bajos niveles en rasgos como la simpatía, la honestidad y la humildad.

Sin embargo, un equipo de sicólogos de la Universidad de Western Ontario, en Canadá, realizó un estudio que sugiere que un cuarto rasgo debería incluirse en este combo de la maldad. 

Se trata del sadismo. Una "tétrada oscura"

Los expertos definen el sadismo como "una tendencia a involucrarse en comportamientos crueles, degradantes o agresivos en busca de placer o dominación".
En el lenguaje común, ser sádico es disfrutar causándole sufrimientos a los otros. 


Varias de las características del sadismo se superponen con las de los rasgos de la tríada, pero al mismo tiempo, según los investigadores, tiene aspectos únicos que lo hacen merecedor de estudiarlo como elemento que debe añadirse para conformar una "tétrada oscura"

Para llegar a esta conclusión los sicólogos aplicaron utest de nueve preguntas entre 202 universitarios (54 hombres y 148 mujeres) entre los 17 y los 26 años. 


Estas son las nueve preguntas del test, en la que los participantes debían marcar de 1 a 5 qué tan de acuerdo se sentían con estas afirmaciones:



1. Me he burlado de las personas para que sepan que yo tengo el control

2. Nunca me canso de presionar a la gente que me rodea

3. Haría daño a alguien si eso significa que yo estaré en control

4. Cuando me burlo de alguien, es gracioso verlo enojarse

5. Ser malo con los demás puede ser emocionante

6. Me da placer burlarme de la gente delante de sus amigos

7. Me emociona ver a la gente meterse en peleas 

8. Pienso en lastimar a las personas que me irritan

9. No lastimaría a nadie a propósito, incluso si esa persona no me agrada 


Las respuestas de los estudiantes llevaron a los investigadores a concluir que si bien el sadismo comparte algunas características del narcisismo, la sicopatía y el maquiavelismo, "no puede reducirse a los otros rasgos".


La doctora Minna Lyons, investigadora de la escuela de psicología de la Universidad de Liverpool, quien no estuvo involucrada en este estudio, está de acuerdo con que el sadismo es un rasgo en sí mismo.


"El sadismo es interesante porque parece ser distinto a la tríada oscura", dice Lyons. "Si alguien marca alto en sicopatía, no necesariamente disfruta causarle dolor a otras personas, así que parece ser una rasgo de personalidad por separado".


Para Lyons, es importante estudiar estos comportamientos entre la gente del común, no solo entre personas que hayan sido diagnosticadas con un desorden de personalidad, para ver cómo estos rasgos se entrelazan con otros comportamientos. 


Además, advierte que estos rasgos son parte del comportamiento diario de los humanos y que en ciertas circunstancias pueden resultar beneficiosos.

"Es normal que haya personas que marquen alto en sadismo, eso no los hace anormales . Incluso si alguien marca alto, eso no lo hace una mala persona", explica Lyons.

"(Estos rasgos) se vuelven problemáticos en el momento en el que comienzan a interferir con la vida, o la persona comienza a perder control de sí misma y comienza a ser dañino para las otras personas y para sí mismo", dice la psicóloga.

También advierte que este tipo de tests son solo una herramienta de medición y no se utilizan como un diagnóstico , pues hay que tener en cuenta muchos otros factores a la hora de evaluar el comportamiento de una persona.

 
@gantillano


HAY QUE APRENDER A VIVIR CON ESO




domingo, 5 de mayo de 2019

DE LA ADVERSIDAD A LA ESPERANZA



La inmediatez de las dificultades que nos suceden y que pueden ocupar un amplio espectro de conflictos y sufrimientos exigen nuestro esfuerzo cotidiano, y a menudo, ocupan la mayor parte de nuestras energías y nuestro tiempo quitándonos la posibilidad de vislumbrar nuestra perspectiva de vida.


"El hombre tiene la peculiaridad de que no puede vivir si no mira al futuro" y esto reviste toda una filosofía que requiere de nosotros la mayor predisposición para afrontar el presente sin perder de vista nuestros grandes objetivos y anhelos. Que el árbol no nos impida la visión del bosque
 implica mantener la perspectiva que facilita el rumbo.

Decía Nietzche: "Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo".


Mirar el futuro a partir de nuestros proyectos, aspiraciones, anhelos o simplemente a partir de quienes nos necesitan a su lado implica infundirnos de la energía que revitaliza nuestro físico y reconforta nuestro espíritu.


El pesimismo, la falta de esperanza y la sensación que nos invade cuando no hallamos las salidas a nuestras dificultades tienen su punto de partida en
 la actitud que cada uno asuma frente a la adversidad, actitud que puede darnos la oportunidad de tomar el control de la situación y no a la inversa, asumiendo con dignidad y responsabilidad el desafío que la vida nos impone, aun cuando no haya alternativas.

"La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como nos formamos una idea clara y precisa del mismo", decía Spinoza en su "Ética".


La vida constituye una verdadera escuela para el espíritu y cada una de sus existencias tiene por lo tanto un significado trascendente, no sólo a partir
 de nuestras realizaciones sino también de nuestras privaciones, luchas y sufrimientos.

Todo ellos nos ejercitan  en el desarrollo de aptitudes y capacidades para nuestro desenvolvimiento, compensando nuestras carencias materiales y espirituales.


No existen dos vidas iguales. Cada vida es distinta porque cada espíritu la ha forjado a partir de una historia diferente. La unicidad es lo que diferencia cada situación y cada desafío. Nadie puede ocupar nuestro lugar y somos nosotros quienes debemos encontrar el sentido a nuestro esfuerzo y a nuestra
 lucha. La llave está en nuestra actitud frente a la adversidad siendo los únicos responsables de nuestros actos, de nuestras obras, de lo que decimos y hacemos y también de lo que dejamos de hacer.

La humildad de nuestro proceder, la confianza en nuestros valores para concretar nuestros anhelos y el amor de los seres queridos son algunas de las herramientas con las que podemos contar para capitalizar nuestra experiencia de vida.



@gantillano 









SOMOS INSTANTES




COMO DUELE GUILLERMINA




GUILLERMINA

Pusieron preso a tu marído Guillermina,
y se lo llevaron para una fuerte prisión,
y como Guillermina quería tanto a su marido,
fue a la cárcel a cantarle una canción.

Murió mi madre, yo estaba ausente,
yo ausente estaba, yo, yo no la vi,
pero me dijo mi padre que,
en su agonía de muerte,
alzó su mano y me bendijo a mí.

Niña del campo que cortas flores
de no me olvides y de azahar,
corta una rosa de dos colores
para mi amante que está al llegar.

Niña que bordas la blanca tela,
niña que tejes en tu telar,
bórdame el mapa de Venezuela
y un pañuelito para llorar.


Aquiles Nazoa (*)


                                         


(*) Versos anónimos de la tradición popular latinoamericana del siglo XVIII recopilados por Aquiles Nazoa y entregados a Simón Díaz quien compone la música de la canción Guillermina. Aunque esta canción fue originalmente cantada por Simón Díaz, se popularizó en otros países de América del Sur con el nombre de  “Malagueña”

jueves, 2 de mayo de 2019

SI TE VENDES...



UNA ANGUSTIOSA ESPERANZA






Angustia me llama.
La oigo diáfana,
siempre la oigo.
Esperanza me jala,
dice: no vayas, no vayas.

Pero el llamado de Angustia es tajante y claro.
Se parece al arpón de un trueno,
que resuena y se clava,
siniestro y nunca soberano.

Angustia me llama,
dice: ven, ven.
Se conserva tozuda,
directa y pantanosa;
me guiñe un ojo,
y recita una plegaria.

Mientras,
en mi subconsciente yace Esperanza.
Se yergue gallarda;
alto se yergue.
Saluda a las águilas,
a mis ideas y a los halcones.
Besa mi cara,
y con cuidado la muerde.
Me rodea medio semblante y al oído me suplica:
“no vayas, te lo ruego.”

Angustia se percata de Esperanza.
Le eyacula una mirada,
un guante blanco le arroja.
“Pilla radiante”, le dice,
“consérvate para ti sola”.

Esperanza gira la mirada.
Inhalando,
airada se posa.
Cruza los brazos,
las cejas enarbola.
Exhalando,
deja caer un gemido.

Esperanza da unos pasos;
Esperanza de mí se aleja.
Esperanza, a unos pasos,
iza su bandera.
De Osadía se contagia,
y con ella su temblor incinera.
Se acerca,
lame mi oreja.
Se aleja…
                                           …se aleja.

Se paran una frente a la otra;
un espacio de Miedo las separa.
Angustia alza una grave roca,
la empuña,
la amamanta,
se hace con ella,
y con un pujido la expulsa.
Inefable, zumba en el aire.
Frenética, a Esperanza se aproxima;
con desdén,
un brazo le arrebata.

Del ojo le brota una lágrima;
mugre le sale de la herida.
No rompe en llanto pero ah cómo babea.

De su mirada manan conjuros;
de su hocico obtusos insultos.
Deglute palabras;
vomita serpientes.

Esperanza mira en el suelo su brazo.
Se lamenta,
lo patea,
lanza un silbido y sobre Angustia se abalanza.

Angustia monta guardia,
se persigna con su zarpa.
Esperanza se aproxima,
Soberbia y engreída.

Pronto están una frente a la otra.
Se miran,
se exploran.

Esperanza contempla sus ojos Escarlata.
Angustia observa su herida:
observa la mugre que le sale de su herida.
Esperanza le muerde el cuello;
Angustia le vomita en la cara.

Un rojo cuello sangra;
una esperanza se ahoga con angustia.
Yo quedo libre y emancipado.
Porque el que se angustia necesita una esperanza,
y el que tiene esperanza en vano se angustia.

Carlos Villarreal



Fuente: CULTURA COLECTIVA