lunes, 16 de enero de 2017

PIÉNSALO



OTRA MÁS! ???



¿SUFICIENTE O DEMASIADO?






PROVERBIOS DEL INFIERNO
William Blake


En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña, y en el invierno goza.

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.


La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.

La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.

Quien desea y no actúa engendra la plaga.

El gusano perdona al arado que lo corta. 

Sumergid en el río a quien ama el agua.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca será estrella.


La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.

A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.

Las horas de la locura las mide el reloj,
pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría.

Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.

En años de escasez, usa número, peso y 
medida.

No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hac

con sus propias alas.

Un cuerpo muerto no venga injurias.

El acto más sublime consiste en poner a otro delante de ti.

Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.

La necedad es el atuendo de la bellaquería, la 
vergüenza es el atuendo del orgullo.

Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles  con ladrillos de religión.

La altivez del pavo real es la gloria de Dios.

La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.

La ira del león es la sabiduría de Dios.

La desnudez de la mujer es obra de Dios.

El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.

El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado 
y la espada destructora, son porciones de la eternidad demasiado grandes  para que las aprecie el ojo humano.

El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.

El júbilo impregna; las penas engendran.

Dejad que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.

El ave un nido, la araña una tela, el hombre la amistad.

El egoísta y sonriente necio y el necio que 
frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, y podrían ser medidos con la misma vara.

Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.

La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo  y el elefante vigilan los frutos.

La cisterna contiene; el manantial rebosa.

Un pensamiento llena la inmensidad.

Si estás siempre listo a expresar tu opinión, el vil te evitará.

Todo lo que es creíble, es una imagen de la verdad.

Nunca el águila malgastó tanto su tiempo 
como cuando se propuso aprender del cuervo.

El zorro se provee a si mismo; pero Dios provee al león.

Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.

Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.

Así como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.

Los tigres de la ira son más razonables que los 
caballos de la instrucción.

Del agua estancada espera veneno.

Nunca sabrás lo que es suficiente a menos que sepas lo que es más que suficiente.

¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título real! 

Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra.

El débil en coraje es fuerte en astucia.

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el león no  interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.

Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

Si otros no hubiesen sido tontos, lo seríamos nosotros.

El alma rebosante de dulce deleite jamás será profanada.

Cuando ves un águila, ves una porción de Genio: ¡Alza la cabeza!

Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote lanza sus imprecaciones  para los más  dulces goces.

Crear una florecilla es labor de siglos.

La condena estimula, la bendición relaja.

El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.

¡Las plegarias no aran! ¡Los elogios no cosechan!

Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.

La cabeza lo sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza; manos y pies la Proporción.

Como el aire al pájaro o el agua al pez, así es el desprecio para el despreciable.

El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese blanco.

La exuberancia es belleza.

Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.

El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.

Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica.

Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.

La verdad nunca puede decirse de modo que 
sea comprendida sin ser creída.

¡Suficiente! o demasiado.


WILLIAN BLAKE







PARA INICIAR LA SEMANA



domingo, 15 de enero de 2017

EN MEDIO DEL CAMINO HABÍA UNA PIEDRA




Siempre que releo a Drummond, se despierta en mí una exaltación indefendible. ¿Cómo es que alguien puede expresar con tan contundente claridad la desesperación total? ¿Es justo que disfrutemos del hecho artístico cuando trasunta semejante dolor? La respuesta es evidente: es una protesta tímida. Y todos tenemos un perro que nos lame las heridas en algún lugar del corazón.





Carlos Drummond de Andrade 
Ocho poemas


En medio del camino había una piedra...

En el medio del camino había una piedra
había una piedra en el medio del camino
había una piedra
en el medio del camino había una piedra
Nunca olvidaré ese suceso
en la vida de mi cansada retina
Nunca olvidaré que en el medio del camino
había una piedra
había una piedra en el medio del camino
en el medio del camino había una piedra

Vamos, no llores..

Vamos, no llores...
La infancia está perdida.
La juventud está perdida.
Pero la vida no se perdió.

El primer amor pasó.
El segundo amor pasó.
El tercer amor pasó.
Pero el corazón continúa.

Perdiste el mejor amigo.
No tentaste ningún viaje.
No tienes casa, navío, tierras.
Pero tienes un perro.

Algunas palabras duras,
en voz baja, te golpearon.
Nunca, nunca, cicatrizan.
Pero, ¿y el humor?

La injusticia no se soluciona.
A la sombra de un mundo errado
murmuraste una protesta tímida.
Pero otras vendrán.

Todo sumado, deberías
precipitarte, definitivamente, en las aguas.
Estás desnudo en la arena, en el viento...
Duerme, hijo mío.-

Cuadrilla

Joâo amaba a Teresa que amaba a Raimundo
que amaba a María que amaba a Joaquim que amaba a Lili
que no amaba a nadie.
Joâo fue a los Estados Unidos, Teresa al convento,
Raimundo murió en un accidente, María quedó tía,
Joaquim se suicidó y Lili se casó con J. Pinto Fernandes
Que no tenía vela en este entierro

Verbo ser

¿Qué va a ser cuando crezca? Viven preguntando alrededor. ¿Qué es ser? ¿Es tener un cuerpo, un modo, un nombre? Tengo los tres. ¿Yo soy? ¿Tengo que cambiar cuando crezca? ¿Usar otro nombre, cuerpo y modo? ¿O la gente sólo comienza a ser cuando crece? ¿Es terrible, ser? ¿Llaga? ¿Es bueno? ¿Es triste? Ser: pronunciado tan aprisa, ¿abarca tantas cosas? Repito: ser, ser, ser. Er. R. ¿Qué voy a ser cuando crezca? ¿Estoy obligado a? ¿Puedo escoger? No logro entender. No voy a ser. No quiero ser. Voy a crecer así mismo. Sin ser. Olvidar. 

Los hombros soportan el mundo

Llega un tiempo en que no se dice más: Dios mío.
Tiempo de absoluta depuración.
Tiempo en que no se dice más: amor mío.
Porque el amor resultó inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el rudo trabajo
y el corazón está seco.

En vano las mujeres golpean a la puerta, no abrirás.
Quedaste solo, la luz se apagó,
mas en la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Eres todo certeza, ya no sabes sufrir.
Y nada esperas de tus amigos.

Poco importa que venga la vejez, ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y él no pesa más que la mano de un niño.
Las guerras, las hambres, las discusiones dentro de los edificios
prueban apenas que la vida prosigue

y no todos se libertarán aún.
Algunos, hallando bárbaro el espectáculo,
preferirían (los delicados) morir.
Llegó un tiempo en que no se anticipa morir.
Llegó un tiempo en que la vida es una orden.
La vida apenas, sin mistificación.

José

¿Y ahora, José?
La fiesta se acabó,
la luz se apagó,
el pueblo perdió,
la noche enfrió,
¿y ahora, José?
¿y ahora, usted?
¿Usted que es sin nombre,
que se burla de los otros,
usted que hace versos,
que ama, protesta?
¿Y ahora, José?

Está sin mujer,
está sin discurso,
está sin cariño,
ya no puede beber,
ya no puede fumar,
ya no puede escupir,
la noche enfrió,
no veo el día,
no veo el tranvía,
no veo la risa,
no veo la utopía
y todo acabó
y todo huyó
y todo burló,
¿y ahora, José?

¿Y ahora, José?
su dulce palabra,
su instante de fiebre,
su gula y ayuno,
su biblioteca,
su labranza de oro,
su terno de vidrio,
su incoherencia,
su odio - ¿y ahora?

Con la llave en la mano
quiere abrir la puerta,
no existe puerta;
quiere morir en el mar,
pero el mar se secó;
quiere ir a Minas,
Minas no hay más.
José, ¿y ahora?

Si usted gritara,
si usted gimiera,
si usted tocara
el vals vienés,
si usted durmiera,
si usted se cansara,
si usted muriera...
Pero usted no muere,
¡usted es duro, José!

Solito en lo oscuro
sin teogonía,
cual bachaco,
sin pared alguna
para recostarse,
sin caballo negro
que huya al galope,
¡usted marcha, José!
José, ¿a dónde?

Un niño llora en la noche 

En la lenta y tibia noche, la muerta noche sin ruido,
un niño llora.

Llanto al otro lado de la pared, tras el vidrio.
Pasos ahogados, voces extenuadas,se pierden en la sombra.

Sin embargo se escucha hasta el rumor de la gota de medicina al caer en la cuchara.

Un niño llora en la noche, tras la pared, tras la calle,
un niño llora a lo lejos, tal vez en otra ciudad, en otro mundo tal vez.

Y veo la mano que sostiene la cuchara mientras la otra mano sostiene la cabeza. Y veo el hilo aceitoso que escurre por el mentón del niño, escurre por la calle, escurre por la ciudad (apenas un hilo). Y no hay nadie en el mundo a no ser ese niño llorando


Herencia

¿Qué memoria daré al país que me dio cuanto recuerdo y sé, todo lo que sentí? En la infinita noche breve el tiempo olvidó mi dudosa medalla y hoy se burla de mí.

¿Y merezco esperar más que los otros yo? Mundo, tú no me engañas. Yo no te engaño a ti. Monstruos contemporáneos que Orfeo no domó y vagan taciturnos entre el tal vez y el sí.

No quedará de mí ningún canto radioso ni una voz matinal que palpite en la bruma y arrancarle pueda a alguien su más secreto espino.

De todo cuanto fue mi paso caprichoso quedará solamente, todo el resto se esfuma, una piedra que estaba en medio del camino.

Carlos Drummond de Andrade



Carlos Drummond de Andrade, para muchos el gran poeta brasileño del siglo veinte, nació hace más de cien años en Itabira, Minas Geraes. Para compensar lo que él llamaba su "triste vida de burócrata", empleado del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, escribió poesía y crónicas en O Correio da Manhã que sostuvo hasta cerca de los 80 años. Poesia completa e prosa apareció por vez primera en 1973. Su Antología poética ha tenido muchas reimpresiones. Entre sus libros originales figuran Sentimiento do mondo. A rosa do povo, Claro enigma, Lição de coisas, Discurso de primavera e algumas sombras.

¡YA BASTA!



DESMEMORIA Y CUENTOS