viernes, 3 de octubre de 2014

LOS ÚLTIMOS CINCUENTA



Los últimos cincuenta
A Gina Saraceni


Yo era un dios a los cien metros
Todo zancadas poderosas
En los pulmones por primera vez aire
No humo


Yo era un dios a los doscientos metros
primerísimo lugar engreído victorioso
primerísimo en algo al fin.


A los trescientos metros
nadie podía detener el tren que yo era
el avión más rápido del mundo.
Podía sentirlo:
algo detrás de mí se quedaba
partía yo corriendo del pasado.


Era la hora de la venganza (ráfaga fugaz)
alzado en hombros adolescentes pletórico de deseo
sumergido en la marea de pecas transpiradas
y Caracas desaparecía a los trescientos cincuenta metros
olvidada en mi vuelo incontenible minúscula
desde el podio imaginado.


La muerte me sorprendió entonces
en los últimos cincuenta agazapada
detrás de la recta final en cada paso
una pena las piernas iban solas hirviendo
los ojos sin el mundo la mueca de dolor


El cuerpo atropellado por una ambición
Superior a sí mismo
Humano cuerpo
Sin alas ni turbinas


Estoy cansado
vivir es una carrera de cuarenta y dos
kilómetros y agoté la alegría en trescientos
cincuenta metros.

 Alejandro Castro
 “El Lejano Oeste”/Bid & Co, 2013



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