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domingo, 31 de mayo de 2026

UN CUENTO PARA UCEVISTAS

 



UN CUENTO PARA UCEVISTAS






Carlos Raul Villanueva paseaba por la Universidad Central de Venezuela, su universidad...

Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí.

Escucha que alguien lo llama. Voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el Gran Reloj quien le habla:

-¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos! Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. 

Y suplicante añade:

-Por favor, sáqueme de aquí, regréseme al hermoso diseño que creó sobre su mesa de dibujo.

Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo:

-Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar hacia atrás y usted lo sabe; solo puedo y debo andar hacia adelante, pero parece que algunos no lo entienden.

Carlos Raúl escuchaba en silencio...

-Mi base en forma helicoidal me inspira a ir hacia arriba, a ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario, que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado.

-Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.

-Mis agujas señalan optimistas los segundos, que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años.

-Soy mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida...

Tras una larga pausa, unió las agujas que giran en su esfera numerada y casi como si fuera a orar, marcando las 12 imploró con dolor:

-Maestro dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna.

-Dígale, que montados sobre ella, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe que UCV que usted soñó.

-¡Apúrese Maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos, sino de los justos que habitan en él.

Y mientras escuchaba al reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha, tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz dijo:

-No querido reloj Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman la Libertad.

Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al Gran Reloj:

-Ten calma, guía el tiempo, que lo que hay aquí es un problema de plomería; se rompió una cloaca y la porquería, las ratas y las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto.

-No te preocupes, seguramente ya vienen 50mil plomeros de boinas azules a limpiarlo.

El reloj más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia tierra de nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada Casa de Estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.

-Ten calma, no eres el único reloj que se queja en Venezuela. los relojes como tú, nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar, dame tiempo Reloj Ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después que pasa por no haber tomado partido por la verdad.

-Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV SIEMPRE HA VENCIDO LA SOMBRA, la brutalidad y la estupidez; que en vano tantas veces ha tratado de posarse en ella.

UN UCEVISTA
@gantillano




miércoles, 22 de diciembre de 2021

LA CASA QUE VENCE LAS SOMBRAS

 


A los ucevistas de corazón ....




HIMNO UNIVERSITARIO


Coro

Campesino que estás en la tierra,
marinero que estás en el mar,
miliciano que vas a la guerra
con un canto infinito de paz,
nuestro mundo de azules boinas
os invita su voz a escuchar:
empujad hacia el alma la vida
en mensaje de marcha triunfal.

Estrofa I 
Esta casa que vence la sombra
con su lumbre de fiel claridad,
hoy se pone su traje de moza
y se adorna con brisa de mar.

Estrofa II 
Para el sueño encendido de Vargas
laboremos azul colmenar
mientras mide el perfil de la patria
con su exacto compás, Cajigal! 

Estrofa III 
Libre viento que ronda y agita
con antiguo, desnudo clamor:
nuestra sangre de gesta cumplida,
nuestras manos tendidas al sol!


Estrofa IV 
Alma Mater, abierto Cabildo,
donde el pueblo redime su voz:
Nuestro pueblo de amable destino,
como el tuyo, empinado hacia Dios!



Himno Universitario Universidad Central de Venezuela
Letra: Luis Pastori y Tomás Alfaro Calatrava. Música es Evencio Castellanos





CREDO UCEVISTA - LAUREANO MÁRQUEZ

 

                  



Creo en la U.C.V.,
 Creadora de ciencia y
 de cultura, la de Vargas,
 la del hombre justo
 y bueno que sueña
 un país decente.

Creo en su biblioteca,
 bañada por las luces
 multicolores del pensamiento,
 en su Aula Magna,
 acaso el recinto
 más hermoso y democrático
 de la cultura nacional
 y el único lugar
 donde puede oirse
 el silencio reflexivo
 de la multitud.

Creo en los sueños
 que dormitan tras
 las nubes de Calder;
 en la dignidad del alma
 ucevista y en los
 nombres olvidados
 de los que la hicieron
 y la hacen grande.

Creo en el poder ético
 de la docencia y la
 cultura, puesto que
 el hombre sabio sólo
 puede buscar el bien.

Creo en las señoras
 que mantienen viva
 la utopia frente al
 cafetin de ingeniería
 y en el mural
 de Aquiles y su
 muñeca de trapo.

En Alfredo Moreno,
 Mecenas de la lectura.

Creo en las fotocopiadoras,
 en la reproducción
 clandestina de libros
 y en las ediciones piratas.

Creo en el Comedor Universitario
 como el único mal negocio
 que se justifica.

Creo en la mística del
 investigador solitario,
 mal remunerado
 y peor valorado,
 en el estudiante que
 marcha con su veinte
 bajo el brazo.

Creo en la protesta pacífica
 como derecho irrenunciable
 y en la obligación moral
 que tiene la mayoria de
 oponerse a una minoría
 corrupta que ni la respeta
 ni la representa.

Creo en las pequeñas batallas
 y en la irreductible fuerza del
 bien, en la pluma de Earle
 Herrera y en el arte
 que se esconde por los
 rincones insospechados
 de la U.C.V.

Creo en el Orfeon Universitario,
 cuya sola existencia es
 suficiente para justificar
 la universidad.

Y por último, creo en la dicha
 que florece a la sombra de
 las horas azules del reloj,
 ya que allí descubrí
 el amor.

Laureano Márquez


domingo, 22 de diciembre de 2019

CREDO UCVISTA - Laureano Márquez




Creo en la U.C.V.,
 Creadora de ciencia y
 de cultura, la de Vargas,
 la del hombre justo
 y bueno que sueña
 un país decente.

Creo en su biblioteca,
 bañada por las luces
 multicolores del pensamiento,
 en su Aula Magna,
 acaso el recinto
 más hermoso y democrático
 de la cultura nacional
 y el único lugar
 donde puede oirse
 el silencio reflexivo
 de la multitud.

Creo en los sueños
 que dormitan tras
 las nubes de Calder;
 en la dignidad del alma
 ucevista y en los
 nombres olvidados
 de los que la hicieron
 y la hacen grande.

Creo en el poder ético
 de la docencia y la
 cultura, puesto que
 el hombre sabio sólo
 puede buscar el bien.

Creo en las señoras
 que mantienen viva
 la utopia frente al
 cafetin de ingeniería
 y en el mural
 de Aquiles y su
 muñeca de trapo.

En Alfredo Moreno,
 Mecenas de la lectura.

Creo en las fotocopiadoras,
 en la reproducción
 clandestina de libros
 y en las ediciones piratas.

Creo en el Comedor Universitario
 como el único mal negocio
 que se justifica.

Creo en la mística del
 investigador solitario,
 mal remunerado
 y peor valorado,
 en el estudiante que
 marcha con su veinte
 bajo el brazo.

Creo en la protesta pacífica
 como derecho irrenunciable
 y en la obligación moral
 que tiene la mayoria de
 oponerse a una minoría
 corrupta que ni la respeta
 ni la representa.

Creo en las pequeñas batallas
 y en la irreductible fuerza del
 bien, en la pluma de Earle
 Herrera y en el arte
 que se esconde por los
 rincones insospechados
 de la U.C.V.

Creo en el Orfeon Universitario,
 cuya sola existencia es
 suficiente para justificar
 la universidad.

Y por último, creo en la dicha
 que florece a la sombra de
 las horas azules del reloj,
 ya que allí descubrí
 el amor.

Laureano Márquez



UN REGALO PARA LA UCV



FELIZ CUMPLEAÑOS 298




UN CUENTO PARA UCEVISTAS


Carlos Raul Villanueva paseaba por la Universidad Central de Venezuela, su universidad...

Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí.

Escucha que alguien lo llama. Voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el Gran Reloj quien le habla:

-¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos! Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. 

Y suplicante añade:

-Por favor, sáqueme de aquí, regréseme al hermoso diseño que creó sobre su mesa de dibujo.

Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo:

-Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar hacia atrás y usted lo sabe; solo puedo y debo andar hacia adelante, pero parece que algunos no lo entienden.

Carlos Raúl escuchaba en silencio...

-Mi base en forma helicoidal me inspira a ir hacia arriba, a ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario, que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado.

-Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.

-Mis agujas señalan optimistas los segundos, que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años.

-Soy mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida...

Tras una larga pausa, unió las agujas que giran en su esfera numerada y casi como si fuera a orar, marcando las 12 imploró con dolor:

-Maestro dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna.

-Dígale, que montados sobre ella, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe que UCV que usted soñó.

-¡Apúrese Maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos, sino de los justos que habitan en él.

Y mientras escuchaba al reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha, tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz dijo:

-No querido reloj Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman la Libertad.

Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al Gran Reloj:

-Ten calma, guía el tiempo, que lo que hay aquí es un problema de plomería; se rompió una cloaca y la porquería, las ratas y las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto.

-No te preocupes, seguramente ya vienen 50mil plomeros de boinas azules a limpiarlo.

El reloj más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia tierra de nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada Casa de Estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.

-Ten calma, no eres el único reloj que se queja en Venezuela. los relojes como tú, nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar, dame tiempo Reloj Ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después que pasa por no haber tomado partido por la verdad.

-Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV SIEMPRE HA VENCIDO LA SOMBRA, la brutalidad y la estupidez; que en vano tantas veces ha tratado de posarse en ella.

UN UCEVISTA




sábado, 22 de diciembre de 2018

UN REGALO PARA LA UCV



FELIZ CUMPLEAÑOS 297




UN CUENTO PARA UCEVISTAS


Carlos Raul Villanueva paseaba por la Universidad Central de Venezuela, su universidad...

Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí.

Escucha que alguien lo llama. Voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el Gran Reloj quien le habla:

-¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos! Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. 

Y suplicante añade:

-Por favor, sáqueme de aquí, regréseme al hermoso diseño que creó sobre su mesa de dibujo.

Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo:

-Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar hacia atrás y usted lo sabe; solo puedo y debo andar hacia adelante, pero parece que algunos no lo entienden.

Carlos Raúl escuchaba en silencio...

-Mi base en forma helicoidal me inspira a ir hacia arriba, a ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario, que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado.

-Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.

-Mis agujas señalan optimistas los segundos, que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años.

-Soy mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida...

Tras una larga pausa, unió las agujas que giran en su esfera numerada y casi como si fuera a orar, marcando las 12 imploró con dolor:

-Maestro dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna.

-Dígale, que montados sobre ella, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe que UCV que usted soñó.

-¡Apúrese Maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos, sino de los justos que habitan en él.

Y mientras escuchaba al reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha, tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz dijo:

-No querido reloj Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman la Libertad.

Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al Gran Reloj:

-Ten calma, guía el tiempo, que lo que hay aquí es un problema de plomería; se rompió una cloaca y la porquería, las ratas y las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto.

-No te preocupes, seguramente ya vienen 50mil plomeros de boinas azules a limpiarlo.

El reloj más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia tierra de nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada Casa de Estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.

-Ten calma, no eres el único reloj que se queja en Venezuela. los relojes como tú, nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar, dame tiempo Reloj Ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después que pasa por no haber tomado partido por la verdad.

-Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV SIEMPRE HA VENCIDO LA SOMBRA, la brutalidad y la estupidez; que en vano tantas veces ha tratado de posarse en ella.

UN UCEVISTA




jueves, 22 de diciembre de 2016

UCV 295 AÑOS



UN CUENTO PARA UCEVISTAS






Carlos Raul Villanueva paseaba por la Universidad Central de Venezuela, su universidad...

Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí.

Escucha que alguien lo llama. Voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el Gran Reloj quien le habla:

-¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos! Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. 

Y suplicante añade:

-Por favor, sáqueme de aquí, regréseme al hermoso diseño que creó sobre su mesa de dibujo.

Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo:

-Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar hacia atrás y usted lo sabe; solo puedo y debo andar hacia adelante, pero parece que algunos no lo entienden.

Carlos Raúl escuchaba en silencio...

-Mi base en forma helicoidal me inspira a ir hacia arriba, a ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario, que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado.

-Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.

-Mis agujas señalan optimistas los segundos, que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años.

-Soy mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida...

Tras una larga pausa, unió las agujas que giran en su esfera numerada y casi como si fuera a orar, marcando las 12 imploró con dolor:

-Maestro dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna.

-Dígale, que montados sobre ella, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe que UCV que usted soñó.

-¡Apúrese Maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos, sino de los justos que habitan en él.

Y mientras escuchaba al reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha, tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz dijo:

-No querido reloj Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman la Libertad.

Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al Gran Reloj:

-Ten calma, guía el tiempo, que lo que hay aquí es un problema de plomería; se rompió una cloaca y la porquería, las ratas y las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto.

-No te preocupes, seguramente ya vienen 50mil plomeros de boinas azules a limpiarlo.

El reloj más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia tierra de nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada Casa de Estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.

-Ten calma, no eres el único reloj que se queja en Venezuela. los relojes como tú, nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar, dame tiempo Reloj Ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después que pasa por no haber tomado partido por la verdad.

-Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV SIEMPRE HA VENCIDO LA SOMBRA, la brutalidad y la estupidez; que en vano tantas veces ha tratado de posarse en ella.

UN UCEVISTA




sábado, 5 de abril de 2014

DESNUDOS POR LA UCV


Los venezolanos se desnudan a través de la red social Twitter en solidaridad con estudiantes ucevista, desnudados por las fuerzas paramilitares afectas al régimen que atacaron el campus de la Universidad Central de Venezuela el pasado jueves tres de abril.



A pocos metros de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Central de Venezuela un grupo de desadaptados, simpatizante del oficialismo, agredieron con palos y armas de fuego a varios estudiantes, a quien despojaron de toda su vestimenta, indignados por este nuevo acto de Fascismo en contra de la universidad, un grupo de personas se unió a una campaña de Twitter que utiliza los hashtags #MejorDesnudoQue y #DesnudosConLaUcv, en apoyo a los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.






















miércoles, 19 de marzo de 2014

CREDO UCEVISTA - Laureano Márquez


Creo en la U.C.V.,
 Creadora de ciencia y
 de cultura, la de Vargas,
 la del hombre justo
 y bueno que sueña
 un país decente.

Creo en su biblioteca,
 bañada por las luces
 multicolores del pensamiento,
 en su Aula Magna,
 acaso el recinto
 más hermoso y democrático
 de la cultura nacional
 y el único lugar
 donde puede oirse
 el silencio reflexivo
 de la multitud.

Creo en los sueños
 que dormitan tras
 las nubes de Calder;
 en la dignidad del alma
 ucevista y en los
 nombres olvidados
 de los que la hicieron
 y la hacen grande.

Creo en el poder ético
 de la docencia y la
 cultura, puesto que
 el hombre sabio sólo
 puede buscar el bien.

Creo en las señoras
 que mantienen viva
 la utopia frente al
 cafetin de ingeniería
 y en el mural
 de Aquiles y su
 muñeca de trapo.

En Alfredo Moreno,
 Mecenas de la lectura.

Creo en las fotocopiadoras,
 en la reproducción
 clandestina de libros
 y en las ediciones piratas.

Creo en el Comedor Universitario
 como el único mal negocio
 que se justifica.

Creo en la mística del
 investigador solitario,
 mal remunerado
 y peor valorado,
 en el estudiante que
 marcha con su veinte
 bajo el brazo.

Creo en la protesta pacífica
 como derecho irrenunciable
 y en la obligación moral
 que tiene la mayoria de
 oponerse a una minoría
 corrupta que ni la respeta
 ni la representa.

Creo en las pequeñas batallas
 y en la irreductible fuerza del
 bien, en la pluma de Earle
 Herrera y en el arte
 que se esconde por los
 rincones insospechados
 de la U.C.V.

Creo en el Orfeon Universitario,
 cuya sola existencia es
 suficiente para justificar
 la universidad.

Y por último, creo en la dicha
 que florece a la sombra de
 las horas azules del reloj,
 ya que allí descubrí
 el amor.

Laureano Márquez