martes, 17 de mayo de 2016

SOBRE LA AUTORIDAD





A los romanos les debemos muchas cosas: el derecho y parte de la organización política son algunas de ellas.

Durante todo el Imperio Romano, que abarcó desde la fundación de Roma hasta la caída de Constantinopla, hubo numerosas etapas, algunas francamente mejorables, pero otras muy interesantes. Yo prefiero quedarme con la época senatorial; en la que un romano prefería morir a faltar a su palabra o a perder el honor.

En esta época estaban muy en boga lo que llamaban los romanos “virtudes”. Distinguían entre dos tipos de virtudes: las personales, que cada uno debía cumplir en privado y en público, y las públicas, que eran aquellas virtudes que se esperaba que una sociedad tuviera.

Los individuos no tenían virtudes públicas, pero con sus elecciones personales sí eran responsables de que las sociedades en las que participaban tuvieran estas virtudes. Hablamos de justicia, libertad o paz. En esta oportunidad quiero referirme a una virtud personal en particular, cuyo concepto desgraciadamente se ha perdido: es la “Auctoritas”.

Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes: la Pietas, y la Industria.

Pietas era el respeto por los valores sociales de la república, y por la cultura; estos dos incluían el respeto por la Triada Capitolina y los antepasados, como manifestación de la religión. Pero la Pietas no era apenas un respecto social o cultural: también exigía el respecto por los que te rodean.

Industria era la capacidad de trabajar duro durante toda la vida para obtener tus objetivos.

Por lo tanto, para tener auctoritas, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –potestas- o incluso poder absoluto -imperium-, pero el hecho de tener potestas en ningún momento aseguraba ni un ápice de auctoritas.

En el día de hoy  tener Auctoritas se refleja en el hecho de que la gente te escuche y acepta lo que dices no porque tienes el poder, sino porque tú, personalmente, tienes todo un registro de trabajo duro, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, y de conocimiento, que hace que la otra persona, que se siente respetada, piense “si fulanito lo dice, es porque es cierto”.

Actualmente se escriben cientos de libros sobre gerencia, gestión y liderazgo, pero tristemente hemos olvidado algo que los antiguos romanos sabían: auctoritas no es lo mismo que potestas. El hecho de que puedas dar ordenes no significa que alguien las vaya a obedecer. La gente hace algo bien si de buena fe cree en ello, y en el que lo propone.

Si bien es cierto que mediante la aplicación de medidas coercitivas se pueden conseguir algunos resultados, las consecuencias y rechazo por las órdenes ejecutadas por obligación forzada, no generan nunca resultados positivos.

Es gracioso y triste a la vez como algunos todavía se preguntan ¿Sí somos la autoridad y tenemos el poder absoluto porque  no me obedecen? La respuesta es obvia: Puedes tener potestas, pero ni sospechas que es la auctoritas.

¿Cómo tener auctoritas? Respeta y escucha a los que te rodean. Adquiere conocimiento, aprende de todo y de todos. Demuestra trabajo duro, responsabilidad y respeto durante años. Y cuando adquieras la potestas, no solamente no debes perder todo esto, sino además debes ser un ejemplo para todos. Y verás como todos creerán en ti, y lucharán juntos para conseguir los objetivos.





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