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jueves, 7 de agosto de 2025

LAS 15 VIRTUDES ESTOICAS QUE PUEDEN CAMBIAR TU VIDA


Marco Aurelio tenía solo 11 años cuando el emperador Adriano lo llamó "el más noble".


Pero su destino no era el lujo, sino el sufrimiento:

Perdió a 8 hijos. Enfrentó traiciones, pestes y guerras.

Y aun así, se convirtió en el mejor emperador de Roma.

Estas 15 virtudes estoicas lo salvaron.

Y pueden cambiar tu vida:


1. GRAVITAS

Presencia. Seriedad. Peso moral.

Marco no gritaba para imponer respeto.

Su carácter hablaba más que sus palabras.


¿Irradias respeto… o solo ruido?


2. DIGNITAS

Su prestigio no venía de la corona, sino de su conducta.

Perder no lo hizo menos honorable.

Ganar no lo hizo arrogante.


3. CONSTANTIA

Sufrió más que cualquier líder de su época.

Y jamás se quebró.

La firmeza no es fría. Es lo que sostiene cuando todo cae.


¿Eres firme… o solo evitas sentir?


4. PIETAS

Respeto a sus padres, maestros, dioses, patria.

La gratitud no era emoción.

Era práctica diaria.


5. INDUSTRIA

Mientras otros emperadores se perdían en placeres,

Marco escribía a diario, incluso en campaña.

Su ética lo construyó en silencio.


¿Trabajas por validación… o por convicción?


6. SEVERITAS 

No es crueldad. Es disciplina sin concesión.

Marco no halagaba. No castigaba al azar.

Solo hacía lo que debía hacerse.


7. FRUGALITAS

Dormía en lo básico.

Comía con moderación.

Ser emperador no lo hizo esclavo del placer

¿Cuánto de lo que tienes… necesitas realmente?


8. VERITAS

“No gastes más tiempo discutiendo cómo debe ser un buen hombre. Sé uno.”

Verdad sin ornamento. Sin filtro.


9. PRUDENTIA

Pensar antes de actuar.

Calcular riesgos.

Saber cuándo avanzar… y cuándo callar.


10. FIDES

Lealtad inquebrantable a sus valores y a Roma.

Incluso cuando era más fácil traicionar.

Fides no es obediencia. Es compromiso.


11. LUSTITIA

Epicteto decía: “La justicia es el principio de todas las virtudes.”

Marco la aplicaba incluso cuando iba en contra de sus intereses.


12. TEMPERANTIA

Séneca escribió: “No es libre quien no puede gobernarse.”

Marco Aurelio practicaba dominio interno.

No se negaba el deseo: lo dirigía.


13. FORTITUDO

Perdió todo lo que podía perder.

Y aun así no se rompió.

¿Y tú? ¿De qué te quejas hoy?


14. HUMANITAS

Cultura. Compasión.

No era solo un general: era filósofo, padre, lector.

Ser fuerte no es dejar de sentir. Es no dejar que el dolor te destruya.


15. AUCTORITAS

No gritaba.

No humillaba.

Y aun así todos lo seguían.

Esa es la autoridad que nace del ejemplo.


Estas 15 virtudes no son ideas antiguas.

Son entrenamiento moderno para una mente indestructible.

Marco las practicó. Y gobernó un imperio.


¿Tú apenas puedes gobernarte a ti mismo?

Entonces no las ignores.







lunes, 18 de noviembre de 2019

SOBRE LA AUCTORITAS





A los romanos les debemos muchas cosas: el derecho y parte de la organización política son algunas de ellas.

Durante todo el Imperio Romano, que abarcó desde la fundación de Roma hasta la caída de Constantinopla, hubo numerosas etapas, algunas francamente mejorables, pero otras muy interesantes. Yo prefiero quedarme con la época senatorial; en la que un romano prefería morir a faltar a su palabra o a perder el honor.

En esta época estaban muy en boga lo que llamaban los romanos “virtudes”. Distinguían entre dos tipos de virtudes: las personales, que cada uno debía cumplir en privado y en público, y las públicas, que eran aquellas virtudes que se esperaba que una sociedad tuviera.

Los individuos no tenían virtudes públicas, pero con sus elecciones personales sí eran responsables de que las sociedades en las que participaban tuvieran estas virtudes. Hablamos de justicia, libertad o paz. En esta oportunidad quiero referirme a una virtud personal en particular, cuyo concepto desgraciadamente se ha perdido: es la “Auctoritas”.

Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes: la Pietas, y la Industria.

Pietas era el respeto por los valores sociales de la república, y por la cultura; estos dos incluían el respeto por la Triada Capitolina y los antepasados, como manifestación de la religión. Pero la Pietas no era apenas un respecto social o cultural: también exigía el respecto por los que te rodean.

Industria era la capacidad de trabajar duro durante toda la vida para obtener tus objetivos.

Por lo tanto, para tener auctoritas, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –potestas- o incluso poder absoluto -imperium-, pero el hecho de tener potestas en ningún momento aseguraba ni un ápice de auctoritas.

En el día de hoy  tener Auctoritas se refleja en el hecho de que la gente te escuche y acepta lo que dices no porque tienes el poder, sino porque tú, personalmente, tienes todo un registro de trabajo duro, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, y de conocimiento, que hace que la otra persona, que se siente respetada, piense “si fulanito lo dice, es porque es cierto”.

Actualmente se escriben cientos de libros sobre gerencia, gestión y liderazgo, pero tristemente hemos olvidado algo que los antiguos romanos sabían: auctoritas no es lo mismo que potestas. El hecho de que puedas dar ordenes no significa que alguien las vaya a obedecer. La gente hace algo bien si de buena fe cree en ello, y en el que lo propone.

Si bien es cierto que mediante la aplicación de medidas coercitivas se pueden conseguir algunos resultados, las consecuencias y rechazo por las órdenes ejecutadas por obligación forzada, no generan nunca resultados positivos.

Es gracioso y triste a la vez como algunos todavía se preguntan ¿Sí somos la autoridad y tenemos el poder absoluto porque  no me obedecen? La respuesta es obvia: Puedes tener potestas, pero ni sospechas que es la auctoritas.

¿Cómo tener auctoritas? Respeta y escucha a los que te rodean. Adquiere conocimiento, aprende de todo y de todos. Demuestra trabajo duro, responsabilidad y respeto durante años. Y cuando adquieras la potestas, no solamente no debes perder todo esto, sino además debes ser un ejemplo para todos. Y verás como todos creerán en ti, y lucharán juntos para conseguir los objetivos.

@gantillano


martes, 17 de mayo de 2016

SOBRE LA AUTORIDAD





A los romanos les debemos muchas cosas: el derecho y parte de la organización política son algunas de ellas.

Durante todo el Imperio Romano, que abarcó desde la fundación de Roma hasta la caída de Constantinopla, hubo numerosas etapas, algunas francamente mejorables, pero otras muy interesantes. Yo prefiero quedarme con la época senatorial; en la que un romano prefería morir a faltar a su palabra o a perder el honor.

En esta época estaban muy en boga lo que llamaban los romanos “virtudes”. Distinguían entre dos tipos de virtudes: las personales, que cada uno debía cumplir en privado y en público, y las públicas, que eran aquellas virtudes que se esperaba que una sociedad tuviera.

Los individuos no tenían virtudes públicas, pero con sus elecciones personales sí eran responsables de que las sociedades en las que participaban tuvieran estas virtudes. Hablamos de justicia, libertad o paz. En esta oportunidad quiero referirme a una virtud personal en particular, cuyo concepto desgraciadamente se ha perdido: es la “Auctoritas”.

Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes: la Pietas, y la Industria.

Pietas era el respeto por los valores sociales de la república, y por la cultura; estos dos incluían el respeto por la Triada Capitolina y los antepasados, como manifestación de la religión. Pero la Pietas no era apenas un respecto social o cultural: también exigía el respecto por los que te rodean.

Industria era la capacidad de trabajar duro durante toda la vida para obtener tus objetivos.

Por lo tanto, para tener auctoritas, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –potestas- o incluso poder absoluto -imperium-, pero el hecho de tener potestas en ningún momento aseguraba ni un ápice de auctoritas.

En el día de hoy  tener Auctoritas se refleja en el hecho de que la gente te escuche y acepta lo que dices no porque tienes el poder, sino porque tú, personalmente, tienes todo un registro de trabajo duro, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, y de conocimiento, que hace que la otra persona, que se siente respetada, piense “si fulanito lo dice, es porque es cierto”.

Actualmente se escriben cientos de libros sobre gerencia, gestión y liderazgo, pero tristemente hemos olvidado algo que los antiguos romanos sabían: auctoritas no es lo mismo que potestas. El hecho de que puedas dar ordenes no significa que alguien las vaya a obedecer. La gente hace algo bien si de buena fe cree en ello, y en el que lo propone.

Si bien es cierto que mediante la aplicación de medidas coercitivas se pueden conseguir algunos resultados, las consecuencias y rechazo por las órdenes ejecutadas por obligación forzada, no generan nunca resultados positivos.

Es gracioso y triste a la vez como algunos todavía se preguntan ¿Sí somos la autoridad y tenemos el poder absoluto porque  no me obedecen? La respuesta es obvia: Puedes tener potestas, pero ni sospechas que es la auctoritas.

¿Cómo tener auctoritas? Respeta y escucha a los que te rodean. Adquiere conocimiento, aprende de todo y de todos. Demuestra trabajo duro, responsabilidad y respeto durante años. Y cuando adquieras la potestas, no solamente no debes perder todo esto, sino además debes ser un ejemplo para todos. Y verás como todos creerán en ti, y lucharán juntos para conseguir los objetivos.

@gantillano



viernes, 8 de enero de 2016

EL VALOR DE LA TEMPLANZA




Templanza significa sobriedad. Es la virtud por la cual empezamos a darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades reales, orientadas a lograr  nuestro bienestar y desarrollo, y cuáles son imaginarias y producto de los deseos inagotables que nacen de las carencias que produce el ego y son por tanto perjudiciales. Desde la sobriedad se manejan de manera adecuada los recursos, evitando tanto los excesos como las carencias.

La templanza es la virtud que permite dominar racionalmente los apetitos y moderar la atracción hacia los placeres sensibles y el uso de los bienes creados. La disposición natural al gozo puede hacer obrar desordenadamente al ser humano. Existe en él una rebelión de los diferentes egos contra el dominio del propio espíritu, contra el vivir consciente y el obrar adecuado.

La moderación, la medida y la honestidad, al mantener y defender el orden en el propio interior, crean los fundamentos necesarios para la realización del bien. Sin la templanza, el instinto de la propia afirmación que hay en el ser humano rebasa todas las fronteras y anega todo cuanto encuentra en su camino. Se perdería la orientación y el raudal de energías jamás encontraría el mar de la perfección en que deben desembocar. La templanza no es el caudal, sino la madre del río que canaliza sus ímpetus y su velocidad y abre el paso preciso.

El desenfreno, la ambición desmedida y los deseos desordenados dan lugar a una ceguera del espíritu que incapacita para ver los bienes del alma y quita la fuerza de la voluntad. En cambio, la sobriedad nos hace capaces y nos dispone para la vida espiritual. No muere el alma porque le falte algo sino porque algo la envenena.

Nuestra existencia consiste en ser conscientes y en obrar adecuadamente, por eso se dice que cuando alguien vive espiritualmente es fiel a sí mismo. La deshonestidad y la ambición de poder  destruyen de una forma especial esa fidelidad del ser humano consigo mismo y ese permanecer en el propio ser. Ese abandono del alma, que se entrega desarmada al mundo sensible de las pasiones, paraliza y aniquila la capacidad de decidir y de obrar adecuadamente. El alma no es entonces capaz de escuchar silenciosa la llamada realidad, ni de reunir serenamente los datos necesarios para adoptar la postura justa en una determinada circunstancia. El ser humano se ha hecho parcial y se insensibiliza para percibir la totalidad de su realidad. Y esto significa el mal uso y corrupción de la prudencia, la ceguera del espíritu y la desaparición de la vida espiritual. Todo buen propósito quedará siempre amenazado por la inconstancia y teñido por los deseos más bajos.

El ser humano  envidioso, voraz y ávido de poder quiere, pero quiere exclusivamente para sí mismo; siempre se halla distraído por un interés ilusorio, que no es real. La obsesión de poder, que lo tiene siempre ocupado, le impide acercarse a la realidad serenamente y le priva del auténtico conocimiento. El mirador del alma se vuelve opaco, empolvado por el interés egoísta, que no deja pasar hasta ella el aroma de la Vida. Sólo puede ver y oír quien guarda un silencio consciente, y sólo emite Luz la pureza.

La templanza es honestidad, pero la búsqueda del poder desmedido  lleva sobre sí la maldición de un egoísmo estéril. La honestidad no sólo capacita y predispone para percibir correctamente la realidad, creando así conductas acordes con ella, sino que prepara el alma para la contemplación, esa forma sublime de contacto con la verdad objetiva en que se confunde el conocimiento límpido con la verdadera entrega.

Mediante la vida espiritual, el ser humano entra en comunión con Dios asimila la Verdad, que es el bien supremo, y obra adecuadamente. La esencia de la persona espiritual y virtuosa consiste en vivir abierto a la verdad real de las cosas, vivir la verdad que se ha incorporado al propio ser y obrar adecuadamente. Sólo quien sea capaz de ver esto y de realizarlo en su propia vida será también capaz de entender hasta qué profundidades llega la destrucción que en sí mismo desencadena un corazón impuro.

La deshonestidad destruye el verdadero gozo de lo que es sensiblemente bello, pues la persona, al percibir la belleza sensible propia de cada cosa, tiende siempre a reducirlo al deleite. Sólo percibe la belleza del mundo y la disfruta quien lo contempla con mirada limpia. La alegría del corazón es el agradable fruto de la muerte del ego. Cuando esa alegría está presente se puede estar seguro de que la simpleza de seguir una doctrina o unos ideales, o la estirada vanidad de quien sólo se mira a sí mismo, se hallan lejos. La alegría del corazón es una señal inequívoca de la verdadera templanza que sabe, sin egoísmos, conservar y defender el verdadero valor de la persona.

La templanza es el origen y la condición de toda verdadera valentía. En cambio, el infantilismo de un alma desordenada no sólo acaba con la belleza, sino que crea seres pusilánimes. Cuando el ser humano pierde esa moderación de carácter integral, disipa su esencia y su energía y se hace inservible para plantar cara a la fuerza del mal, que causa estragos por el mundo.

@gantillano






miércoles, 30 de noviembre de 2011

SOBRE LA AUCTORITAS






A los romanos les debemos muchas cosas: el derecho y parte de la organización política son algunas de ellas.
Durante todo el Imperio Romano, que abarcó desde la fundación de Roma hasta la caída de Constantinopla, hubo numerosas etapas, algunas francamente mejorables, pero otras muy interesantes. Yo prefiero quedarme con la época senatorial; en la que un romano prefería morir a faltar a su palabra o a perder el honor.
En esta época estaban muy en boga lo que llamaban los romanos “virtudes”. Distinguían entre dos tipos de virtudes: las personales, que cada uno debía cumplir en privado y en público, y las públicas, que eran aquellas virtudes que se esperaba que una sociedad tuviera.
Los individuos no tenían virtudes públicas, pero con sus elecciones personales sí eran responsables de que las sociedades en las que participaban tuvieran estas virtudes. Hablamos de justicia, libertad o paz. En esta oportunidad quiero referirme a una virtud personal en particular, cuyo concepto desgraciadamente se ha perdido: es la “Auctoritas”.
Auctoritas es la cualidad por la cual una persona se hacía merecedora del respecto de los que la rodeaban a través de la experiencia, y la realización plena y completa durante mucho tiempo de otras virtudes: la Pietas, y la Industria.
Pietas era el respeto por los valores sociales de la república, y por la cultura; estos dos incluían el respeto por la Triada Capitolina y los antepasados, como manifestación de la religión. Pero la Pietas no era apenas un respecto social o cultural: también exigía el respecto por los que te rodean.
Industria era la capacidad de trabajar duro durante toda la vida para obtener tus objetivos.
Por lo tanto, para tener auctoritas, un romano debía labrarse una historia personal de trabajo, esfuerzo, experiencia y respeto por una serie de valores, así como respeto por las personas. Podías tener poder –potestas- o incluso poder absoluto -imperium-, pero el hecho de tener potestas en ningún momento aseguraba ni un ápice de auctoritas.
En el día de hoy  tener Auctoritas se refleja en el hecho de que la gente te escuche y acepta lo que dices no porque tienes el poder, sino porque tú, personalmente, tienes todo un registro de trabajo duro, de esfuerzo, de respeto, de sacrificio, y de conocimiento, que hace que la otra persona, que se siente respetada, piense “si fulanito lo dice, es porque es cierto”.
Actualmente se escriben cientos de libros sobre gerencia, gestión y liderazgo, pero tristemente hemos olvidado algo que los antiguos romanos sabían: auctoritas no es lo mismo que potestas. El hecho de que puedas dar ordenes no significa que alguien las vaya a obedecer. La gente hace algo bien si de buena fe cree en ello, y en el que lo propone.
Si bien es cierto que mediante la aplicación de medidas coercitivas se pueden conseguir algunos resultados, las consecuencias y rechazo por las órdenes ejecutadas por obligación forzada, no generan nunca resultados positivos.
Es gracioso y triste a la vez como algunos todavía se preguntan ¿Sí somos la autoridad y tenemos el poder absoluto porque  no me obedecen? La respuesta es obvia: Puedes tener potestas, pero ni sospechas que es la auctoritas.
¿Cómo tener auctoritas? Respeta y escucha a los que te rodean. Adquiere conocimiento, aprende de todo y de todos. Demuestra trabajo duro, responsabilidad y respeto durante años. Y cuando adquieras la potestas, no solamente no debes perder todo esto, sino además debes ser un ejemplo para todos. Y verás como todos creerán en ti, y lucharán juntos para conseguir los objetivos.

@gantillano