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sábado, 22 de abril de 2017

HANS WUERICH





“Se llama Hans Wuerich y es mi alumno”

Juymar García


A pocos días de proclamar Aleluya, aleluya, cristo resucitó, después de orar como todos los días Hans salió a la convocatoria, contaba sus pasos desde la plaza hasta su destino final, uno, dos, tres, diez, mil, mil diez, atuendo ligero, koala a la espada y una sola consigna ¡YA BASTA!!…
Llegó a la autopista y respiro, se sumó a los correteos de aquí par allá, de allá para acá, biblia en mano y no pensó… Comenzó a desnudarse, a demostrar que no tenía nada, representación perfecta del pueblo que hoy somos, ese que lo ha perdido todo, y así caminó hacia el verdugo, como a cristo lo flagelaron, sus costillas se encrespaban de dolor, su voz se hacía más triste mientras pedía:
“no más, hermano, no más…, Yo me voy tranquilito, pero no más” …
Mientras el mundo veía la imagen mi corazón lloraba, y lo reconocí, grité es mi alumno, coño es Hans, es mi alumno, carajo que arrechera, Dios protégelo, no sueltes la biblia, le gritaba yo a la pantalla, no la sueltes por favor…. Después comencé a recordarlo en su pupitre, pensativo y soñador, sonriente y callado, preguntándome cosas desde su extrema humildad y de esa bondad desbordada. El muchacho desnudo tiene nombre, se llama Hans y es mi alumno.
No estamos frente a ningún loco, quienes crean ese absurdo y oscuro cuento de su locura, están más cerca de ella que mi muchacho desnudo, se llama Hans y es mí alumno.
Harto, obstinado, acabado y desprotegido, sin comida, sin medicinas, sin vida social activa y sin oportunidades, haciendo grandes esfuerzos para lograr su título, caminando del cuarto al metro, del metro al bus, del bus al campus, del campus al bus, del bus al metro, del metro al cuarto, del cuarto a la oración.
Cuántos años puede un joven venezolano sobrevivir así sin llegar al hartazgo, sin que su gran inteligencia le ordene “debes hacer algo marico” no es precisamente la locura ni la inestabilidad mental lo que ordena a un joven venezolano actuar así, es la impotencia.
Hoy recibo su respuesta tras las muchas horas de incertidumbre en su búsqueda, creyendo lo peor, lo veíamos en “La Tumba” apaleado. Los mensajes de profesores y amigos, verdaderos amigos y compañeros no se hicieron esperar para que emprendiéramos una cruzada hasta dar con su paradero, desempolvé documentos, busque listas, para saber su número de cédula y hasta las diez de la noche no supimos más del héroe desnudo.
Hoy tiene nombre el muchacho que se desnudó, se llama Hans y es mí alumno, mostró su cuerpo sin pudor para decirle señor deje de maltratar a su pueblo, se llama Hans y es mi alumno.
Pido y exijo para él respeto, todo acto de burla que reconozca hacia su heroica y valedera protesta será tomado como una afrenta a los miles de jóvenes que están dando sus vidas por el país.
Gracias a Luis Bond, Jack OV, Dayana Djanedk Gutierreza, , Armando Nori, Anghelly Sanchez , ellos saben por qué.
El que dice ser presidente, tuvo la gentileza de citar su hazaña con burlas, valiéndose siempre de su sucia boca, mente pervertida y retorcidas intenciones.
Gracias presidente de otros, le regaló al muchacho que se desnudó, que se llama Hans y es mi alumno, más atención y centimetraje mundial del que usted haya tenido cuando comete sus burradas, hoy el muchacho desnudó tiene nombre y apellido, se llama HANS y es mí alumno…
Pido un aplauso de pie para él, y en nombre de mi familia le agradezco su gesto rebelde, valiente y deslastrado de todo lo material para decir a su manera basta, se llama Hans Wuerich , es mi alumno y por Venezuela, ayer se desnudó”

Juymar García (Periodista venezolana)
Twitter @juymar 






Fuente: https://dp3jdt1df355d2.cloudfrondt.net/se-llama-hans-wuerich-y-es-mi-alumno-por-juymar-garcia/

lunes, 9 de enero de 2017

RADIOGRAFÍA DE UN PAÍS INFELIZMENTE FELIZ






Estas son palabras de despedida de un corresponsal de la BBC después de haber vivido y cubierto por 3 años las noticias de Venezuela para el prestigioso medio británico:

Las cosas que voy a extrañar de Venezuela (y las que no)
Por Daniel Pardo/BBC

“A veces no me queda claro si Venezuela es un lugar feliz o infeliz. Porque parece ambas cosas.
Más allá de las penurias que sufre el país, y por muy pesimista que esté, el venezolano anda por la vida regalando gestos fraternales.
La gente más alegre del mundo puede encontrarse en una cola kilométrica en el supermercado o en un hospital quebrado y sin insumos.
Temo que pronto vaya a suscribir lo que decía Gabriel García Márquez, quien en su “Memoria feliz de Caracas” (1982) escribió que “una de las hermosas frustraciones de mi vida es no haberme quedado a vivir para siempre en esa ciudad infernal”.
Hasta Gabriel García Márquez se enamoró de Caracas. Pero el recuerdo que me llevo es más feliz que infeliz. Incluso en las kilométricas colas es posible encontrar sonrisas y gestos fraternales.
Porque en la esencia del venezolano, en ese limbo entre felicidad e infelicidad, encontré enseñanzas para el resto de mi vida, aquellas en la raíz de instituciones como “poco a poco se llega lejos”, “esto es lo que hay” y “al mal tiempo, buena cara”.
Echaré de menos…
Y me transportaré a las playas del Caribe cada vez que huela y beba uno de los exquisitos rones venezolanos (también, dicen, los mejores el mundo) Memoria feliz de Venezuela
Cuando hable de la Venezuela que viví tendré que mencionar escasez, inflación, delincuencia, gente jodida en un sinfín de maneras.

Pero haré el esfuerzo de ir más allá de esta coyuntura, lejos de los cínicos, corruptos y malandros.
Me llevo, más bien, la sonrisa del recogedor de basura, el coqueteo de la funcionaria pública: ese calor humano caribeño que tanto extrañan los miles de venezolanos que se han ido del país recientemente.
Los venezolanos que ríen para sobrellevar la crisis. Es como si en Venezuela la movilidad social estuviera en la cultura; como si el clasismo fuera cuestión de las minorías: acá el chofer es el confidente del jefe y la empleada del servicio, un pilar en las familias de clase media.
No hay sueldo ni vestimenta ni buenos modales que estén por encima de un saludo, de una broma que democratice las relaciones: que ponga a un mototaxista en el mismo rango de un ministro; que archive, rápidamente, el trato de “usted”; que inspire, en cuestión de segundos, decirle “mi amor”, “mi cielo” o “papito” a un desconocido.
Venezuela vive en un raro estado de paciencia, de tolerancia. La impuntualidad es permitida.
Del país me llevó las sonrisas.

Algunos venezolanos dicen que ese estado de constante regocijo, de no tomarse nada en serio, es lo que “tiene a este país jodido”.
Pero para mí es una enseñanza de que no hay preocupación que arregle los problemas, esa gran solidaridad no la veo en ningún lado de la desarrollada Londres ni de mi Europa allí ni las familias se ven en su mayoría…
Ser feliz es gratis, aprendí de los venezolanos. “Por mucho que la arepa este cara”

Daniel Pardo -BBC LONDRES