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martes, 11 de agosto de 2026

LA ÉTICA Y EL PENSAMIENTO COMPLEJO




No es posible asumir posiciones éticas en nuestra vida cotidiana si no consideramos todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en el entorno. Y esto en pensamiento complejo equivale a pensar con la ecología de la acción. La ecología de la acción consiste en que cuando comienza una acción determinada, ésta entra en diversas interacciones en uno mismo, en el medio ambiente, en los otros y en la sociedad en general, que pueden llevar a que se produzcan resultados contrarios o muy diferentes a la intención o intenciones iniciales con las cuales se puso en juego la acción inicial.

Entonces, pensar complejamente es pensar en todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en los diversos entornos, teniendo en cuenta los dos polos: el de la intención y el de los resultados.

Para actuar de forma ética es esencial prevenir las consecuencias negativas de nuestras acciones. Cuando pensamos complejamente, tenemos un pensamiento multidimensional, global y sistémico, y de esta manera entendemos que todo está interrelacionado, donde el bienestar nuestro es el bienestar de los demás, de la especie y del ambiente, y que a la vez, el bienestar de los demás es el bienestar del ambiente, de la especie y de nosotros mismos, ya que hay un bucle individuo-sociedad-especie-ambiente.

Actuamos éticamente cuando reconocemos con prontitud y en toda su significación los errores que como seres humanos cometemos cada día. Pensar complejamente es trascender nuestros esquemas mentales con flexibilidad y reflexión sobre nuestros actos, dialogando de forma continúa con nuestras ideas y percepciones, para tener en cuenta los contextos y a los demás, y así podernos percatar de errores en nuestra forma de vivir.
Cuando se tiene un pensamiento simple, se tiende a pensar que somos perfectos y que no nos equivocamos, o se nos dificulta dialogar con nosotros mismos y reflexionar sobre nuestras acciones teniendo en cuenta el ambiente y a los demás.

En la ética, en caso de cometer algún error, es preciso repararlo en el menor tiempo posible y de la manera más integra, evitando otros efectos negativos en el entorno. Tener compromiso ético es reparar nuestros errores y sus consecuencias negativas hasta donde sea posible, de lo contrario no se puede hablar de acción ética. Y aquí de nuevo entra el pensamiento complejo.

Pensar complejamente es reparar los errores de nuestras acciones en un plano ecológico, que significa tener en cuenta que si no las reparamos, o si nos demoramos en repararlas, o si la reparación no es integral, se tendrán efectos negativos, y, en algunos casos catastróficos, que afectan el bienestar personal, social, ambiental y de la especie, por el bucle existente entre todas estas dimensiones que conforman una sola totalidad. Esto trasciende el planteamiento tradicional de la responsabilidad por los actos como esencia de la ética. Se puede ser responsable de los actos y, sin embargo, no ser éticos en la forma de vivir, por repetir los mismos errores o por no repararlos, o por repararlos de forma no integral.

En la gestión del conocimiento, en cualquier campo y quehacer laboral - profesional, se nos plantea entonces el compromiso de actuar con ética, pero con un ética integral, multidimensional, al servicio del bienestar personal, pero también al servicio del bienestar colectivo y del medio ambiente, con proyección futura. Y esa es la ética que se tiene cuando se piensa y actúa de forma compleja. El  mundo se moverá en una dirección ética, sólo si queremos ir en esa dirección, y si queremos hacerlo necesitamos desarrollar el pensamiento complejo, para tener conciencia ecológica de nuestro ser en la sociedad, en el mundo y en el cosmos. De lo contrario, seguiremos en el error de gestionar el conocimiento al servicio de intereses egoístas que son los que nos tienen en una altísima contaminación, pérdida del sentido humano de realización, crisis del tejido social y familiar con los consecuentes actos de violencia, y el imperio de la política en general sin regulación ética y sin la visión del hombre íntegro e integral.

@gantillano





martes, 12 de mayo de 2026

AUTOESTIMA, EMPATÍA E INTELIGENCIA EMOCIONAL




He sido testigo los últimos años de las desastrosas consecuencias de las acciones de personas con bajos niveles de inteligencia emocional, se que esta es una realidad cotidiana que de alguna u otra forma, todos enfrentados. He querido rescatar, para la reflexión, algunos conceptos sobre el tema. Espero que puedan ser de ayuda para entender el comportamiento de algunas personas a nuestro alrededor y también, para analizar nuestro comportamiento frente a este tipo de personajes con notables limitaciones emocionales.

La autoestima es una actitud positiva hacia uno mismo que consiste en habituarnos a pensar, sentir y actuar de la forma más sana, feliz y auto satisfactoria que buenamente podamos, teniendo en cuenta el momento presente y el fututo.

La autoestima implica también conocernos a nosotros mismos, auto aceptarnos incondicionalmente, considerarnos en forma positiva y atender y cuidar nuestra salud, bienestar y desarrollo personal. A pesar de que a simple vista parezca lo contrario, la autoestima no es algo opuesto a la capacidad de ser sociable y la asertividad y la autoestima están muy relacionadas.

La inteligencia emocional se define como la habilidad de comprender y manejar nuestras emociones y las de quienes nos rodean, de la forma más satisfactoria y conveniente.

Podemos distinguir dos tipos de Inteligencia Emocional:

Inteligencia emocional intrapersonal. Es similar a lo que entendemos por autoestima aunque centrándose en los sentimientos. Debemos de darnos cuenta de nuestros propios sentimientos y deseos, de los estados de ánimo y de nuestros pensamientos, tener autocontrol de estas emociones, pero solo para mantenerlas en equilibrio y auto motivarnos.

Inteligencia emocional interpersonal. En las relaciones que mantenemos con otras personas, es la habilidad para relacionarnos de forma eficaz con nuestras emociones y las de los demás. Para esto hay que ser capaz de expresar adecuadamente nuestras emociones a nivel verbal y no verbal, ayudar a los demás a experimentar emociones positivas y reducir las negativas, conseguir que las relaciones interpersonales nos ayuden a conseguir nuestras metas, a realizar nuestros deseos y experimentar el máximo posible de emociones positivas y reducir las emociones negativas.

Un factor clave en la inteligencia emocional es la empatía, que no es más que la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona y de considerar las cosas desde su punto de vista, comprendiendo también sus sentimientos, pero no es necesario compartirlos.

Las personas empáticas permanecen atentas a las señales verbales y no verbales de aquellos con quienes interactúan, siendo capaces de percibir no solo sus mensajes si no también sus deseos y sentimientos.

Para ser empáticos también tenemos que ser conscientes de nuestras propias emociones y saber manejarlas para impedir que se desborden, ya que captar las emociones de los demás supone estar atentos y percibir las señales sutiles que emiten.

Por todo esto, quien es capaz de sintonizar con su propio mundo emocional está más capacitado para comprender los procesos emocionales que experimentan los otros. 


@gantillano





viernes, 17 de julio de 2020

ESFUERZO VS. RESULTADO





“Esfuerzo vs. Resultado”
Gustavo Antillano 


Me causa gracia y hasta algo de pena cuando escucho a mi alrededor hablar del gran esfuerzo, del inmenso trabajo realizado para lograr alcanzar un objetivo.

Desde mi punto de vista es completamente inútil  justificar los propios resultados amparándose en el esfuerzo realizado, más cuando los supuestos logros, no son más que resultados parciales e insustanciales. Justificar el esfuerzo solo por el esfuerzo, sin logros reales y de impacto, no es más que una estupidez que pretende engañar al ego.

Personalmente me parece irrelevante exaltar el esfuerzo sin considerar los resultados. Es mucho más interesante y útil lo que logró alcanzar; lo que hago y como lo hago es parte del proceso que adquiere sentido y dimensión en la medida que logramos alcanzar el éxito en lo que nos proponemos. 
El esfuerzo, en si mismo, es una mala medida del éxito. Los resultado, por otro lado, son incontestables: están, o no están.

Si te descubres a ti mismo explicando lo mucho que te has esforzado, prueba a cambiar el foco de atención: ¿Qué es lo que estás obteniendo?

Opino que es poco relevante, todo el "gran trabajo que has hecho", todas las "horas inacabables" que has dedicado, o todo el "esfuerzo desproporcionado" que has realizado...

¿Para qué? ....¿Estás consiguiendo realmente el tipo de resultados que deseas?

Esa es, para mi, la medida de tu éxito.

Cuando no logras lo que quieres, en vez de estar justificando en el esfuerzo realizado, analiza lo que estás haciendo, quizás no es lo correcto.

Vivimos en una cultura que premia el esfuerzo por encima del resultado, una vez y otra...
Las personas dicen "He dedicado una gran cantidad de horas a este proyecto", o "Me he entregado con cuerpo y alma"... pero muchas veces se olvida lo verdaderamente relevante: Después de haber hecho esa inversión de tiempo, dinero, energía,... ¿qué se ha logrado?

Me interesa mucho más una persona que consigue el mismo resultado con un menor esfuerzo que una persona que realiza un gran esfuerzo en sí mismo. Esforzarse el doble, o el triple, no es una variable determinante del éxito.

"No he conseguido nada, pero me he esforzado tanto, que merezco el reconocimiento"... Bueno, no comparto esta visión. No se trata de premiar lo que uno hace, sino lo que se consigue con cada acción.

No obstante el esfuerzo encierra un valor en sí mismo, si logramos aprender de nuestros éxitos y fracasos. Entender lo que hemos hecho bien, tanto como lo que hemos hecho mal, nos ayuda a ser mucho más eficientes y efectivos en el logro de nuestros objetivos.

Hay personas que creen que si se esfuerzan mucho van a ser necesariamente exitosos. Yo digo que no, que se gana andando en la dirección correcta. ¿De qué sirve esforzarse mucho en abrir la puerta equivocada?

Si quieres ganar el doble, no tienes que trabajar el doble. Si quieres ganar diez veces más tienes que trabajar en algo "diez veces" diferente,... no trabajar diez veces más.

Cambia la perspectiva y cambiarás tus resultados.

@gantillano


lunes, 13 de julio de 2020

ADECUACIÓN





LA ADECUACIÓN PARA SOBREVIVIR

El término adecuación sirve para señalar el proceso de adaptación que una persona, situación o fenómeno puede realizar ante el cambio de ciertas condiciones preexistentes. La adecuación significa, en otras palabras, aceptar las nuevas condiciones y responder de manera positiva ante ellas.

Podría decirse que la adecuación es un fenómeno que puede darse en diferentes órdenes de la vida. Esto es así porque una persona puede adecuarse a nuevas situaciones que le tocan vivir con el objetivo principal de no tener que sufrir así como también intentar sobrellevar tales situaciones lo más que se pueda. 


En este sentido, ejemplos de adecuación existen muchos y van desde aquellos que requieren una adecuación física hasta otros que exigen una adecuación emocional y psicología. 

Pero la adecuación no sólo puede ser útil en momentos de cambio o transformación de nuestra vida tales como la graduación, la entrada en la adultez, la madurez, este. En tiempos difíciles la adecuación se constituye en una estrategia emocional útil y hasta necesaria para sobrellevar las situaciones límites y sobrevivir a las crisis.


La adecuación sin embargo no es un proceso o fenómeno que se aplica a individuos solamente si no que también puede aplicarse a diferentes situaciones. Así, por ejemplo la adecuación de un sistema político a las necesidades del pueblo también tiene que ver con el poder desarrollar un gobierno próspero que no se vea signado por las crisis o los conflictos.

En conclusión, podemos decir que si bien muchas veces el proceso de adecuación a una nueva situación o circunstancia puede ser dificultoso, siempre tiene que ver con la capacidad de aceptar el cambio de modo positivo y con vistas a un mejor futuro.

@gantillano

lunes, 8 de junio de 2020

COMUNISMO FRACASADO






“Ni los más radicales bolcheviques tenían idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas”


Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos y otros variados personajes, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas y movimientos de protesta, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Para los "socialistas" la violencia ha sido desde siempre una opción para llegar o para mantenerse en el poder.

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano



viernes, 1 de mayo de 2020

LA NUEVA ESCLAVITUD





"Sutil es la esclavitud, ya no sentimos el látigo que nos resuene en la espalda, es la nueva esclavitud"
Ali Primera (Esclavos de Esclavos)

En reiteradas oportunidades la Organización de Naciones Unidas ha hecho advertencias sobre  nuevas formas de esclavitud. Se mencionan los casos del endeudamiento, la venta de niños y el tráfico de mujeres e infantes con fines sexuales.
En los últimos años  ha proliferado una nueva forma de esclavitud que no se menciona pero que tristemente es una práctica cotidiana en Venezuela. Hablamos de la esclavitud de miles de servidores públicos que son sometidos a presiones y vejaciones por abusivos  jefes. Estos, amenazan constante a los trabajadores  con la pérdida de los  beneficios laborales adquiridos si no demuestran una obediencia servil y esclavizaste a sus caprichos personales, todo en nombre  de un supuesto compromiso con una única parcialidad política partidista.

Esta situación no es nueva en Venezuela. La novedad radica en que hoy cuando se habla de “Socialismo” del ser humano como centro de las acciones sociales del Estado, sea el mismo Estado, a través de funcionarios de gobierno el que abuce de los trabajadores públicos utilizando el miedo y la coerción bajo la amenaza de perder el ingreso con el que sostienen a sus familias.

La ONU, ha advertido que las raíces de esas prácticas están en la ignorancia, la intolerancia, el oportunismo y la discriminación;  planteamiento con el que estoy totalmente de acuerdo, porque esas raíces de las que habla, están cada día más presentes en Venezuela y como hemos podido observar cada día más presentes en la estructura de gobierno.

Todo esto me lleva a hacer una reflexión muy simple, ya lo dice el viejo y conocido refrán:  “La culpa no la tiene el ciego, sino quien le da el garrote” . Con esto, quiero decir que la culpa en realidad es de nosotros los ciudadanos al permitir que esas prácticas abusivas y faltas de ética se sigan cometiendo.

Quizá lo más grave de la situación se centre que muchos de los autodenominados “representantes” del pueblo y altos funcionarios públicos cometen omisión en el cumplimiento de la ley y de sus funciones, obedeciendo solo a intereses particulares o grupales, enfocándose  en realizar acciones contrarias al bien común.

Todo esto, seguirá sucediendo mientras los trabajadores callen, permitan y avalen estos abusos.  Si seguimos así, nada  va a cambiar y nuestra sociedad no va a mejorar.

La ONU convoca a los gobiernos y a las sociedades del mundo a imitar el valor y el coraje de quienes lucharon por emanciparse de la esclavitud, para acabar con las formas modernas de ese fenómeno.

A los poderes de los gobiernos y a los partidos ya no se les puede convocar a nada porque han demostrado en los hechos que no les interesa el bien común; sin embargo, la convocatoria debe seguirse reforzando hacia a la sociedad para imitar el valor y el coraje para acabar con la moderna esclavitud.  No debemos olvidar que el gobierno y los partidos los hacemos nosotros los ciudadanos, no debemos dejar que la ignorancia, la intolerancia, la desesperanza y el temor alimenten la codicia de unos cuantos.

“Hay que dejar de ser habitantes y comenzar a ser ciudadanos… en la medida que los funcionarios públicos se ciñan al orden legal establecido, se responderá al reto que demandan los ciudadanos… las prácticas clientelares y corporativas para controlar políticamente deben terminar…”

Concluyo pues con una frase bastante fuerte pero ilustrativa que aplica para todos:

“Lo importante no es cambiar de amo, sino dejar de ser becerros”


Gustavo Antillano
@gantillano 



viernes, 3 de abril de 2020

LA TEMPLANZA





Templanza significa sobriedad. Es la virtud por la cual empezamos a darnos cuenta de cuáles son nuestras necesidades reales, orientadas a lograr  nuestro bienestar y desarrollo, y cuáles son imaginarias y producto de los deseos inagotables que nacen de las carencias que produce el ego y son por tanto perjudiciales. Desde la sobriedad se manejan de manera adecuada los recursos, evitando tanto los excesos como las carencias.


La templanza es la virtud que permite dominar racionalmente los apetitos y moderar la atracción hacia los placeres sensibles y el uso de los bienes creados. La disposición natural al gozo puede hacer obrar desordenadamente al ser humano. Existe en él una rebelión de los diferentes egos contra el dominio del propio espíritu, contra el vivir consciente y el obrar adecuado.

La moderación, la medida y la honestidad, al mantener y defender el orden en el propio interior, crean los fundamentos necesarios para la realización del bien. Sin la templanza, el instinto de la propia afirmación que hay en el ser humano rebasa todas las fronteras y anega todo cuanto encuentra en su camino. Se perdería la orientación y el raudal de energías jamás encontraría el mar de la perfección en que deben desembocar. La templanza no es el caudal, sino la madre del río que canaliza sus ímpetus y su velocidad y abre el paso preciso.

El desenfreno, la ambición desmedida y los deseos desordenados dan lugar a una ceguera del espíritu que incapacita para ver los bienes del alma y quita la fuerza de la voluntad. En cambio, la sobriedad nos hace capaces y nos dispone para la vida espiritual. No muere el alma porque le falte algo sino porque algo la envenena.

Nuestra existencia consiste en ser conscientes y en obrar adecuadamente, por eso se dice que cuando alguien vive espiritualmente es fiel a sí mismo. La deshonestidad y la ambición de poder  destruyen de una forma especial esa fidelidad del ser humano consigo mismo y ese permanecer en el propio ser. Ese abandono del alma, que se entrega desarmada al mundo sensible de las pasiones, paraliza y aniquila la capacidad de decidir y de obrar adecuadamente. El alma no es entonces capaz de escuchar silenciosa la llamada realidad, ni de reunir serenamente los datos necesarios para adoptar la postura justa en una determinada circunstancia. El ser humano se ha hecho parcial y se insensibiliza para percibir la totalidad de su realidad. Y esto significa el mal uso y corrupción de la prudencia, la ceguera del espíritu y la desaparición de la vida espiritual. Todo buen propósito quedará siempre amenazado por la inconstancia y teñido por los deseos más bajos.

El ser humano  envidioso, voraz y ávido de poder quiere, pero quiere exclusivamente para sí mismo; siempre se halla distraído por un interés ilusorio, que no es real. La obsesión de poder, que lo tiene siempre ocupado, le impide acercarse a la realidad serenamente y le priva del auténtico conocimiento. El mirador del alma se vuelve opaco, empolvado por el interés egoísta, que no deja pasar hasta ella el aroma de la Vida. Sólo puede ver y oír quien guarda un silencio consciente, y sólo emite Luz la pureza.

La templanza es honestidad, pero la búsqueda del poder desmedido  lleva sobre sí la maldición de un egoísmo estéril. La honestidad no sólo capacita y predispone para percibir correctamente la realidad, creando así conductas acordes con ella, sino que prepara el alma para la contemplación, esa forma sublime de contacto con la verdad objetiva en que se confunde el conocimiento límpido con la verdadera entrega.

Mediante la vida espiritual, el ser humano entra en comunión con Dios asimila la Verdad, que es el bien supremo, y obra adecuadamente. La esencia de la persona espiritual y virtuosa consiste en vivir abierto a la verdad real de las cosas, vivir la verdad que se ha incorporado al propio ser y obrar adecuadamente. Sólo quien sea capaz de ver esto y de realizarlo en su propia vida será también capaz de entender hasta qué profundidades llega la destrucción que en sí mismo desencadena un corazón impuro.

La deshonestidad destruye el verdadero gozo de lo que es sensiblemente bello, pues la persona, al percibir la belleza sensible propia de cada cosa, tiende siempre a reducirlo al deleite. Sólo percibe la belleza del mundo y la disfruta quien lo contempla con mirada limpia. La alegría del corazón es el agradable fruto de la muerte del ego. Cuando esa alegría está presente se puede estar seguro de que la simpleza de seguir una doctrina o unos ideales, o la estirada vanidad de quien sólo se mira a sí mismo, se hallan lejos. La alegría del corazón es una señal inequívoca de la verdadera templanza que sabe, sin egoísmos, conservar y defender el verdadero valor de la persona.

La templanza es el origen y la condición de toda verdadera valentía. En cambio, el infantilismo de un alma desordenada no sólo acaba con la belleza, sino que crea seres pusilánimes. Cuando el ser humano pierde esa moderación de carácter integral, disipa su esencia y su energía y se hace inservible para plantar cara a la fuerza del mal, que causa estragos por el mundo.


Gustavo Antillano

@gantillano




LIBERTAD O SUMISIÓN




Los seres humanos somos los únicos que elegimos de acuerdo con nuestra idiosincrasia, a diferencia de los animales, que responden a la programación de sus instintos, (aunque en ocasiones algunos se comporten como un animal más).

Elegir es lo que hacemos siempre, aún en los casos extremos, donde parezca muy limitada la posibilidad de hacerlo. Elegir nos hace libres. Aun estando en prisionero se puede elegir cómo vivir en esa circunstancia. La posibilidad de optar nos hace especiales, y de esta condición nace la moral.

Las elecciones tienen consecuencias y somos responsables de las nuestras. Cuando elegimos actuar frente a una agresión, una injusticia, lo hacemos de acuerdo con las pautas que nos rigen, con nuestra moral. Según lo hagamos, queda manifiesta nuestra calidad humana: podemos huir o enfrentar, rechazar o aceptar, construir o destruir. Aún no actuar, es, obviamente, una elección…

Nuestra vida es la oportunidad que se nos da para desarrollar y ejercer esa cualidad a la que a veces no le damos la importancia que merece. En cualquier circunstancia que el destino o el azar nos hayan impuesto, siempre está en nuestras manos cómo respondemos frente a ello, y es ahí donde se encuentra el verdadero alcance de nuestro libre albedrío.

Si nos encontramos en difíciles circunstancias y nuestra razón nos dice que este entorno de nuestra vida no es lo que deseamos, nos queda siempre en nuestras manos el poder de tomar distintas decisiones para cambiar nuestra realidad.

Si por esas cuestiones que no manejamos nos faltan los brazos al nacer o los perdemos en un accidente, podemos optar entre que nos alimente para siempre otra persona o aprender a hacerlo con nuestros propios pies (afortunadamente sobran ejemplos de esta espectacular capacidad de adaptación y coraje).

Podemos optar por convertirnos en uno de los obedientes y sumisos soldados de la revolución, podemos elegir emigrar a un país lejano, podemos optar por abandonar lo poco que tenemos y arriesgarnos a subir a un barco que ni alcanzamos a entender hacia dónde nos puede llevar, o podemos en cambio sentarnos a esperar que todo cambie.

Son muchas las elecciones que podemos hacer (y de hecho las hacemos cotidianamente) y será cada una de ellas las que imperceptible o bruscamente vayan trazando el camino que seguiremos.

El libre albedrío y la capacidad de razonamiento son aptitudes invalorables que nos diferencian de los animales en la medida en que nos dan el poder de dejar de ser pasivos y convertirnos, en cambio, en protagonistas de lo que a veces mal llamamos Destino (como si fuera éste totalmente generado por el azar y las circunstancias que determinaron nuestro nacimiento en un lugar y tiempo dado).

Sin duda no podremos cambiar todo lo que nos condiciona, pero sí lo que depende de nuestras múltiples elecciones.

En definitiva: no podemos modificar el dónde, el cuándo y el cómo nacemos, eso corresponde a un orden que está fuera de nuestro alcance y no comprendemos, pero sí está en nuestras manos decidir cómo respondemos a esas circunstancias y en ello está nuestra calidad y forma de ser que nos identifica y distingue.

Llevando este concepto a la actualidad y pensando en la situación que vivimos en Venezuela, quizás sea atinado decir que podemos optar entre lamentarnos cuestionando las injusticias y corrupción de las sociedades en que vivimos, aislándonos en un mar de inacción que nada positivo aporta, o, en cambio, podemos elegir construir con cada una de nuestras pequeñas y grandes acciones, el camino práctico y moral que nos acerque a esa soñada libertad.

Al final es tu elección....
@gantillano

martes, 31 de marzo de 2020

¿REACTIVO O PROACTIVO?



Hay dos tipos de persona. Los que dirigen su vida y a los que se la dirigen. Una persona que dirige su vida sabe lo que quiere, y trabaja cada día en obtener lo que quiere. Una persona a la que le dirigen la vida generalmente no tiene objetivos, y trabaja cada día para darle a quienes le dirigen lo que ellos quieren obtener.

Así es como se configura el mundo. Las personas reactivas "reaccionan" ante los estímulos que les llegan de las personas proactivas. Por ejemplo, una persona proactiva puede diseñar un programa de televisión para que muchas personas reactivas pasen las tardes sentados en su sillón viendo su programa.

Las personas que dirigen su vida son proactivas, van hacia lo que quieren, deciden qué hacer con su tiempo, tienen planes para conseguir lo que quieren y están siguiendo sus planes. Saben que existe el riesgo de que sus planes no salgan bien, pero entonces cambiarán su plan y volverán a probar. Una persona que dirige su vida ha aceptado que es responsable de su situación y de cómo cambiarla. Una persona proactiva, a la larga, avanza en su vida como consecuencia de sus estrategias.

Una persona a la que le dirigen la vida trabaja en modo reactivo la mayor parte de su tiempo. Simplemente alguien decide qué es lo que tiene que hacer con su tiempo y se ponen inmediatamente manos a la obra. Una persona reactiva no tiene planes, ellos forman parte de un plan de otra persona. Una persona reactiva cree que su situación no depende de sus actos y que sólo los demás podrán cambiar su situación. Una persona reactiva, a la larga, no avanza, se mantiene donde está como consecuencia de carecer de objetivos y estrategias.

La pregunta que puedes hacerte es: ¿estoy reaccionando a mi entorno o yo transformo mi entorno? o en en otras palabras ¿soy  reactivo o proactivo?


@gantillano 




sábado, 28 de marzo de 2020

ECOLOGÍA DE LA ACCIÓN, ÉTICA Y PENSAMIENTO COMPLEJO




“LA ECOLOGÍA DE LA ACCIÓN, ÉTICA Y PENSAMIENTO COMPLEJO” (*)

No es posible asumir posiciones éticas en nuestra vida cotidiana si no consideramos todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en el entorno. Y esto en pensamiento complejo equivale a pensar con la ecología de la acción. La ecología de la acción consiste en que cuando comienza una acción determinada, ésta entra en diversas interacciones en uno mismo, en el medio ambiente, en los otros y en la sociedad en general, que pueden llevar a que se produzcan resultados contrarios o muy diferentes a la intención o intenciones iniciales con las cuales se puso en juego la acción inicial.

Entonces, pensar complejamente es pensar en todas las posibles consecuencias de nuestras acciones en los diversos entornos, teniendo en cuenta los dos polos: el de la intención y el de los resultados.

Para actuar de forma ética es esencial prevenir las consecuencias negativas de nuestras acciones. Cuando pensamos complejamente, tenemos un pensamiento multidimensional, global y sistémico, y de esta manera entendemos que todo está interrelacionado, donde el bienestar nuestro es el bienestar de los demás, de la especie y del ambiente, y que a la vez, el bienestar de los demás es el bienestar del ambiente, de la especie y de nosotros mismos, ya que hay un bucle individuo-sociedad-especie-ambiente.

Actuamos éticamente cuando reconocemos con prontitud y en toda su significación los errores que como seres humanos cometemos cada día. Pensar complejamente es trascender nuestros esquemas mentales con flexibilidad y reflexión sobre nuestros actos, dialogando de forma continúa con nuestras ideas y percepciones, para tener en cuenta los contextos y a los demás, y así podernos percatar de errores en nuestra forma de vivir.
Cuando se tiene un pensamiento simple, se tiende a pensar que somos perfectos y que no nos equivocamos, o se nos dificulta dialogar con nosotros mismos y reflexionar sobre nuestras acciones teniendo en cuenta el ambiente y a los demás.

En la ética, en caso de cometer algún error, es preciso repararlo en el menor tiempo posible y de la manera más integra, evitando otros efectos negativos en el entorno. Tener compromiso ético es reparar nuestros errores y sus consecuencias negativas hasta donde sea posible, de lo contrario no se puede hablar de acción ética. Y aquí de nuevo entra el pensamiento complejo.

Pensar complejamente es reparar los errores de nuestras acciones en un plano ecológico, que significa tener en cuenta que si no las reparamos, o si nos demoramos en repararlas, o si la reparación no es integral, se tendrán efectos negativos, y, en algunos casos catastróficos, que afectan el bienestar personal, social, ambiental y de la especie, por el bucle existente entre todas estas dimensiones que conforman una sola totalidad. Esto trasciende el planteamiento tradicional de la responsabilidad por los actos como esencia de la ética. Se puede ser responsable de los actos y, sin embargo, no ser éticos en la forma de vivir, por repetir los mismos errores o por no repararlos, o por repararlos de forma no integral.

En la gestión del conocimiento, en cualquier campo y quehacer laboral - profesional, se nos plantea entonces el compromiso de actuar con ética, pero con un ética integral, multidimensional, al servicio del bienestar personal, pero también al servicio del bienestar colectivo y del medio ambiente, con proyección futura. Y esa es la ética que se tiene cuando se piensa y actúa de forma compleja. El  mundo se moverá en una dirección ética, sólo si queremos ir en esa dirección, y si queremos hacerlo necesitamos desarrollar el pensamiento complejo, para tener conciencia ecológica de nuestro ser en la sociedad, en el mundo y en el cosmos. De lo contrario, seguiremos en el error de gestionar el conocimiento al servicio de intereses egoístas que son los que nos tienen en una altísima contaminación, pérdida del sentido humano de realización, crisis del tejido social y familiar con los consecuentes actos de violencia, y el imperio de la política en general sin regulación ética y sin la visión del hombre íntegro e integral.

Gustavo Antillano 
@gantillano




*Artículo original de Gustavo Antillano publicado por primera vez con el título, “La Ética y el Pensamiento Complejo en el Blogspot G A N T I L L A N O  el 17 de marzo de 2012. 

viernes, 20 de marzo de 2020

GRACIAS A LA CRISIS






Alex Rovira, en su libro "La buena crisis", indica que superar una crisis, incluida la que atravesamos, no es volver a tener, sino conseguir ser, es decir, aprender a afrontar cada instante con dignidad, esperanza y sentido de la realidad. Los momentos de crisis
 son propicios para aprender a combatir las dificultades, los cambios inesperados, la inmovilidad… y utilizar la inteligencia, confiar y seguir remando.

En este contexto, cobran especial relevancia dos palabras como son “longanimidad” y “Resiliencia”, que hacen referencia al ánimo de las personas para afrontar situaciones adversas.



Según el Diccionario de la Real Academia, longanimidad es “grandeza y constancia de ánimo en las adversidades”. Se trata de un concepto que conviene aplicar en situaciones de crisis y que equivale a coraje. Según el filósofo Antonio Marina: “La valentía es una decisión y, cuando se prolonga, un hábito y una virtud. No podemos dejar de sentir miedo. Tan solo podemos no escuchar sus indicaciones si hay razones para ello”. El valor supone, por tanto, no abandonar una buena y provechosa acción solamente porque nos parezca complicada. En el ánimo, el valor, la moral, el coraje o la longanimidad es donde reside la verdadera riqueza del ser humano.


Una comparación con el mundo animal sirve para ilustrar estas ideas. Como es sabido, el gusano de seda construye un capullo para luego liberarse y renacer como mariposa tras la metamorfosis. El proceso de liberación es de lo más difícil, porque la crisálida tiene que esforzarse sobremanera con sus alas recién formadas para romper la cáscara de seda que la ha protegido durante su transformación. Cuando los científicos intentaron abrir artificialmente el capullo desde el exterior para ver qué pasaba, las mariposas liberadas fueron incapaces de emprender el vuelo; no se pudieron alimentar y murieron, porque no podían ni sabían volar. De esta prueba científica se desprende que ese sobreesfuerzo y esa gran cantidad de energía desplegada por las mariposas para agrietar el capullo son necesarios para que estas confíen luego en la fuerza de sus alas. Sin embargo, si no pasan por la experiencia de hacerlo de forma autónoma, no tienen ningún recuerdo ni sentido de seguridad.


Este fenómeno recuerda mucho a las personas que tampoco se atreven a vivir su propia experiencia. Así, completar el periodo de duelo desencadenado por una grave crisis o una gran pérdida podría ser visto como la metamorfosis tras la cual nos liberaremos de la coraza de dolor que nos contenía, pero que lentamente ha ido cayendo en el ejercicio del reconocimiento de la nueva realidad, de asumir el dolor, de encontrarle sentido y de constatar que, a pesar de todo, la vida merece la pena ser vivida con entrega y gratitud. Si utilizamos las alas de nuestro espíritu podremos vencer la cáscara de la angustia, la tristeza y la desazón.


En el mundo del cine, encontramos buenos ejemplos de longanimidad y transformación en las figuras de Forrest Gump o de Benjamin Button, el niño que nace viejo y comprende que lo más importante para pasar por la vida es su estupendo fondo personal, más allá de la apariencia. Ambos personajes dan muestra, asimismo, de una extraordinaria resiliencia (o capacidad para sobreponerse a adversidades, pérdidas o a periodos de intenso dolor emocional). Cuando un sujeto es capaz de hacerlo, se dice que tiene resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o, incluso, resultar fortalecido por ellos. En definitiva, en la pérdida hay ganancia. Perder puede ser positivo y deberíamos dedicar tiempo a la crítica y a la autocrítica para definir lo que ganamos cuando aparentemente perdemos.


En definitiva, podemos afirmar que crisis es vida. Si no vivimos situaciones críticas, es que estamos muertos. Debemos celebrar que podemos contarlo y seguir remando… Además, es importante que a prendamos a relativizar: lo que ahora nos parece terrible, quizá sea una bendición mañana. Así pues, conviene que tomemos distancia y veamos qué lecciones y oportunidades nos ofrece la crisis para poder aprovecharlas.


No debemos conformarnos con la resignación y el miedo, sino luchar, sobre esforzarnos, entregarnos y cooperar para crecer haciendo crecer a los demás. Conviene que desafiemos la rutina, rompamos la inercia, demos la vuelta a nuestro mundo y seamos rebeldes constructivos. El destino es aquello que nos sucederá seguro si no hacemos nada para evitarlo.


La crisis nos ha abierto los ojos. Así pues, sólo queda decir “Gracias, crisis”…




Fuente: http://pabloereno.blogspot.com

martes, 18 de febrero de 2020

LA CREATIVIDAD ES LA SALIDA




Los científicos lo tienen claro. Los niños nacen con un potencial creativo increíble que van perdiendo con los años. ¿Pero por qué algunas personas conservan esa capacidad? ¿Puede desarrollarse? ¿En qué parte del cerebro está la chispa de la genialidad? 
       
Steve Jobs creía que las mejores ideas surgen en el cuarto de baño y en la cafetería, charlando con los colegas. Introspección e interconexión: dos ingrendientes de la creatividad. Cuando se fue de Apple y fundó los estudios de animación Pixar, su preocupación no eran las películas, sino obligar al mayor número de empleados a que compartiesen los momentos de mayor intimidad y la franja más relajada de la jornada de trabajo (la hora de comer). Estaba seguro de que la chispa de la genialidad surgiría entonces, no en los despachos.

Así que rediseñó los planos de los estudios, que en un principio eran tres oficinas separadas: informáticos, animadores y directivos. Volvió loco al arquitecto hasta que consiguió lo que quería: un solo edificio con un gran atrio central. Allí ubicó una gran cafetería y los únicos aseos. La interacción del grupo estaba asegurada. «Las mejores reuniones ocurren por casualidad, en el vestíbulo, en el aparcamiento o mientras te lavas las manos», decía. Resultado: Toy story y otros 11 taquillazos, con una media de recaudación de 500 millones de euros.

Seamos igual de ambiciosos que Steve Jobs... o incluso más. Intentemos cambiar el mundo. Puede que no lo consigamos, pero quizá unas gotas de creatividad nos ayuden poco a poco a salir de la crisis o por lo menos a conseguir un empleo o a conservar el que tenemos.

Pero la creatividad no es solo artística, sino que se puede aplicar a las matemáticas, la biología, la antropología, la genética, la filosofía, la medicina, la física, la cocina.

Se trata de aplicar habilidades propias de los artistas a los procesos productivos. ¿Cuáles son esas habilidades? ¿Y cómo podemos fomentarlas? La creatividad es la cualidad de liderazgo más importante del futuro. Gente audaz para poner en práctica estrategias novedosas, incluso disparatadas, y que se sienta cómoda en la incertidumbre. En resumidas cuentas, que tenga valor para lanzarse a la piscina sin saber si tiene agua.

Pero ese salto de fe necesita un entorno favorable que, a veces, es insospechado. Un espacio físico que espoleó la inventiva de sus moradores de manera similar a los estudios Pixar es el Edificio 20 del Instituto Tecnológico de Massachusetts. «Es un lugar horrible para trabajar, con un sistema de calefacción defectuoso y con las paredes contaminadas de amianto -cuenta Jonah Lehrer en su libro Imagine: how creativity works (Houghton Mifflin, 2012)-. Es un edificio que tuvieron que compartir desde los años cincuenta lingüistas e ingenieros informáticos. Dos clases de científicos que entonces no tenían nada en común. Pero gracias a esta convivencia forzada surgió una nueva rama del saber: la inteligencia artificial. Obligar a la gente a que salga de su zona de bienestar e interactúe con personas de otros ámbitos es mucho más importante que disponer de la mejor tecnología».

La fricción es lo que hace saltar la chispa. El físico teórico Geoffrey West sostiene que la productividad per cápita y la riqueza aumentan en los espacios urbanos por esa colisión de mentes y de ideas, es decir, por la mera proximidad de las personas. Cifra ese incremento en un 15 por ciento por cada medio millón de habitantes. Internet multiplica esas condiciones de sobrecarga intelectual. «En lugar de compartir solo vínculos con nuestra red social o comentar los blogs de nuestros amigos, tiene mucho más potencial creativo interactuar con extraños y con propuestas que nos son ajenas o que provienen de disciplinas con las que no estamos familiarizados», añade Lehrer.

Con frecuencia, el acto de crear no es más que la recombinación de viejas ideas o bien una transposición de un campo a otro. En cierto modo todo está inventado, pero todo se puede reinventar. Los hermanos Wright aplicaron sus conocimientos en la fabricación de bicicletas a la aeronáutica; de hecho, su primer avión no era otra cosa que una bicicleta con alas. Y Larry Page y Sergey Brin desarrollaron el algoritmo de búsqueda de Google utilizando un método parecido al que se usa para clasificar artículos académicos.

Un estudio sobre dos millones de patentes registradas en los últimos 50 años demuestra que el trabajo en equipo se ha incrementado un 20 por ciento cada década en todas las ciencias. «Las ideas que cambiaron nuestra forma de pensar en la primera mitad del siglo XX eran producto de genios solitarios, como Einstein. Pero ahora las innovaciones provienen de equipos multidisciplinares reflexiona Lehrer. El secreto es mezclar a la gente y conectar cosas que en apariencia no tienen nada que ver. Normalmente, alguien de fuera ve más porque sabe menos. Por ejemplo, los químicos son excelentes resolviendo problemas de biología molecular. Comparten una base de conocimiento con los biólogos que les permite entender los desafíos, pero no saben tanto como para caer en las mismas trampas y quedar bloqueados». 

Desaprender es tan importante como aprender... y desconectar tanto como conectar. Carl Honoré es pionero del movimiento slow. «La lentitud no es mala. Es sinónimo de calidad. No por estar más horas en la oficina se es más productivo. Después de un descanso, la mente se oxigena y se es más creativo».Dar un paso atrás y mirar las cosas desde un punto de vista ligeramente diferente también ayuda. Es lo que se conoce como 'pensamiento divergente'. «Por este motivo, viajar libera la imaginación y por eso también los jóvenes, que no han aprendido aún todas las reglas, son con frecuencia más creativos que los mayores», afirma Lehrer.«El problema es que el sistema educativo está anclado en el siglo XIX y ahoga la creatividad. Algo hacemos mal si nuestros hijos entran en la escuela queriendo ser astronautas y salen queriendo ser funcionarios opina el pedagogo Richard Huguet. La educación no tiene en cuenta lo que quiere la demanda, que son los alumnos. ¿Se imaginan una empresa que nunca se haya detenido a preguntar a sus clientes si les gusta lo que ofrecen? Quebraría». Y explica que compañías como Hewlett-Packard ya no buscan al ingeniero con mejores notas, sino a aquel que sepa hablar con el cliente, trabaje en equipo, comparta y aprenda rápido.

La creatividad está asociada al lado derecho del cerebro: es el que se deja llevar por sentimientos, intuiciones, riesgo... Mientras que el lado izquierdo controla la lógica, el lenguaje y las matemáticas. Las asignaturas que tienen mayor relevancia en la enseñanza actual provienen de la revolución industrial y están asociadas al lado izquierdo, mientras que el arte, la música o la educación física siguen siendo las marías. Pero en este mundo líquido, en palabras del sociólogo Zygmunt Bauman, en el que nuestras identidades son cada vez más flexibles, donde se cambia de empleo o de país cada vez con más frecuencia, es fundamental una inteligencia fluida. Si el lado izquierdo nos proporciona el hardware, el software está en el derecho. Es el que nos permite resolver problemas en situaciones donde no hay precedentes a los que agarrarse, donde no existe salida.



@gantillano