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lunes, 8 de junio de 2020

COMUNISMO FRACASADO






“Ni los más radicales bolcheviques tenían idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas”


Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos y otros variados personajes, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas y movimientos de protesta, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Para los "socialistas" la violencia ha sido desde siempre una opción para llegar o para mantenerse en el poder.

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano



martes, 5 de febrero de 2019

COMUNISMO FRACASADO





Ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas.

Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos, como Diosdado Cabello, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas como las FARC, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Así, concluye Cabello, seguimos siendo una opción para llegar al poder. 

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano





jueves, 27 de julio de 2017

COMUNISMO FRACASADO






Ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas.

Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos, como Diosdado Cabello, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas como las FARC, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Así, concluye Cabello, seguimos siendo una opción para llegar al poder. 

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano





miércoles, 26 de julio de 2017

FARSA CHAVISTA




PORQUÉ DEBEMOS OPONERNOS






LOS VENEZOLANOS ESTAMOS EN LA OBLIGACIÓN MORAL Y CONSTITUCIONAL DE OPONERNOS A LA REALIZACCION DE CUALQUIER PROCESO FRAUDULENTO QUE PRETENDA CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA 












NO PARTÍCIPES EN EL FRAUDE CONSTITUYENTE





Haciendo un breve repaso por la  Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se puede observar que la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente realizada por el régimen de Nicolás Maduro ha violado por lo menos seis artículos de esta Constitución, o por lo menos los ha manipulado fraudulentamente para utilizarlos a su favor.




SE DESCONOCE LA SOBERANÍA DEL PUEBLO AL NO CONSULTARSELE SU DESEO DE FORMULAR UNA NUEVA CONSTITUCIÓN.





EL PODER PÚBLICO VIOLA LA CONSTITUCIÓN AL NO CONSIDERARLA COMO NORMA SUPREMA. EL EJECUTIVO, EL PODER MORAL, EL PODER JUDICIAL Y EL PODER MORAL, HAN TOMADO DESICIONES QUE VIOLAN LOS PRECEPTOS CONSTITUCIONALES.





LAS BASES COMICIALES PROPUESTAS POR EL EJECUTIVO Y APROBADAS POR EL CNE VIOLAN EL DERECHO AL SUFRAGIO UNIVERSAL Y DIRECTO AL NO RESPETAR EL DERECHO AL VOTO MEDIANTE VOTACIONES LIBRES, SECRETAS Y UNIVERSALES.




EL CONSEJO NACIONAL ELECTORAL Y EL EJECUTIVO, HAN CONDICIONADO LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA MÁS ALLÁ DE LO CONTEMPLADO EN LA PRESENTE CONSTITUCIÓN. LOS CANDIDATOS PROPUESTOS NO REPRESENTAN A TODA LA CIUDADANÍA.




LA CONSTITUCIÓN LE OTORGA LA FACULTAD AL PUEBLO Y NO AL PRESIDENTE DE CONVOCAR UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE LO CUAL NO FUE CONSIDERADO EN ESTE PROCESO.

EL PUEBLO VENEZOLANO HA RECHAZADO MAYORITARIAMENTE LA CONVOCATORIA A UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, NO CONSIDERA NECESARIO LA REDACCIÓN DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN. ADICIONALMENTE LAS BASES COMICIALES NO CONTEMPLAN LA REALIZACIÓN DE UN REFERÉNDUM APROBATORIO, NI ESTABLECEN EL TIEMPO DE DURACIÓN PARA LA FORMULACIÓN DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN. 





EL PRESIDENTE ES UN FUNCIONARIO PÚBLICO ELECTO, NO ES EL DEPOSITARIO DE LA SOBERANIA POPULAR, PUEDE TENER LA INICIATIVA DE PROMOVER UNA CONSTITUYENTE ANTE EL SOBERANO, QUIEN ES EL UNICO QUE PUEDE CONVOCAR AL PODER CONSTITUYENTE. (Ver también Preámbulo de la CRBV y competencias del presidente en la Ley Orgánica de la Administración Pública)





EL PRESIDENTE, NI NINGÚN PODER PÚBLICO PUEDE OBJETAR NI MODIFICAR LA CONSTITUCIÓN, SOLO EL PODER CONSTITUYENTE, CONVOCADO Y ELECTO POR EL SOBERANO PUEDE HACERLO.



martes, 25 de abril de 2017

COMUNISMO FRACASADO






Ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas.

Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos, como Diosdado Cabello, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas como las FARC, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Así, concluye Cabello, seguimos siendo una opción para llegar al poder. 

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano





miércoles, 8 de febrero de 2017

COMUNISMO FRACASADO





Ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas.

Es aún usual escuchar declaracioanes de políticos, como Diosdado Cabello, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas como las FARC, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Así, concluye Cabello, seguimos siendo una opción para llegar al poder. 

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano






miércoles, 28 de octubre de 2015

COMUNISMO FRACASADO





Ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas.

Es aún usual escuchar declaraciones de políticos, como Diosdado Cabello, que afirman que solo los izquierdistas, comunistas o socialistas plantean la profundización de la democracia para hacerla participativa, directa y comunitaria. Incluso apoyan a grupos terroristas como las FARC, por “absolutizar” la violencia y usar el asesinato, el terrorismo y la masacre, ellos consideran la violencia como una circunstancia que puede darse independientemente de los actores políticos y del sistema. Así, concluye Cabello, seguimos siendo una opción para llegar al poder. 

Lenin, líder indiscutido de la revolución rusa, trataba igualmente de explicar su inesperada llegada y permanencia en el poder después de la exitosa revolución de 1917, organizada milimétricamente por otro pilar del comunismo, Leo Dawidowitsch Bronstein, más conocido como Trotsky. Y es que, como el mismísimo Lenin reconociera en escritos dados a conocer después del derrumbe de la Unión Soviética, ni los más radicales bolcheviques tenían una mínima idea de cómo hacer funcionar el conjunto de teorías marxistas y, mucho menos, que fuera posible darle vida a estas en un escenario real en tan corto tiempo. 

Pocos imaginarían, entonces, que el inesperado éxito y permanencia en el poder –por más de siete décadas– de un sistema iniciado por este improvisado grupo de revolucionarios fueron la génesis del peor descalabro mundial jamás sufrido por un pueblo en su historia, peor inclusive que el genocidio nazi. 

Comenzando con el desprecio con el que Stalin trató al ya moribundo Lenin en 1924, y siguiendo con los años del terror stalinista reflejados en la muerte de 14 millones de personas en los temidos Glawnoje Upralenije Lagerej (Gulags), la única forma con que se pudo garantizar la permanencia de un sistema económico tan ineficiente y comprobadamente fracasado fue a través de la férrea dictadura impuesta hasta el final por dirigentes que se embalsamaron por 70 años en sus propias mentiras para no ver lo que pasaba alrededor suyo. Los grandes logros de la utópica planificación central estatal de la economía fueron una esperanza de vida de 60 años, ingresos promedio de 177 rublos al mes (unos 100 euros de hoy que se iban al 50% en comprar alimentos), 9 metros cuadrados de vivienda por habitante, entre otros índices de (in)eficiencia conocidos públicamente. 

Se ha calculado estadísticamente que cada ciudadano ruso tenía que hacer 550 horas de cola al año (37,000 millones de horas/hombre) para conseguir lo que necesitaba; no había cepillos de dientes, focos, baterías, despertadores ni píldoras anticonceptivas. En la actualidad muchos rusos detestan pensar en el pasado, incluso muchos extrangeros que han hecho comentarios a favor del comunismo en Rusia, han sido apaleados por iracundos transeuntes. 

Claro que no todo era malo; Leonid Breschnew, secretario general del partido comunista desde el año 1964 y gran aficionado al automovilismo, llegó a tener hasta 80 autos de lujo, entre ellos varios Rolls Royce. No sorprende entonces que cuando, en 1985, Gorbachov llega al poder, ya no puede detener la presión generada por tanta mediocridad y la gran Unión Soviética se cayó a pedazos sin que nada ni nadie pudiera hacer algo al respecto. 

A esa izquierda que increíblemente aún cree en utopías habría que recomendarle leer Rebelión en la granja, de George Orwell. 

@gantillano