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miércoles, 18 de marzo de 2020

EL VALOR DE LA CRISIS




“En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”
Albert Einstein


No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progreso.


La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos, es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.


Albert Einstein 





martes, 18 de febrero de 2020

LA CREATIVIDAD ES LA SALIDA




Los científicos lo tienen claro. Los niños nacen con un potencial creativo increíble que van perdiendo con los años. ¿Pero por qué algunas personas conservan esa capacidad? ¿Puede desarrollarse? ¿En qué parte del cerebro está la chispa de la genialidad? 
       
Steve Jobs creía que las mejores ideas surgen en el cuarto de baño y en la cafetería, charlando con los colegas. Introspección e interconexión: dos ingrendientes de la creatividad. Cuando se fue de Apple y fundó los estudios de animación Pixar, su preocupación no eran las películas, sino obligar al mayor número de empleados a que compartiesen los momentos de mayor intimidad y la franja más relajada de la jornada de trabajo (la hora de comer). Estaba seguro de que la chispa de la genialidad surgiría entonces, no en los despachos.

Así que rediseñó los planos de los estudios, que en un principio eran tres oficinas separadas: informáticos, animadores y directivos. Volvió loco al arquitecto hasta que consiguió lo que quería: un solo edificio con un gran atrio central. Allí ubicó una gran cafetería y los únicos aseos. La interacción del grupo estaba asegurada. «Las mejores reuniones ocurren por casualidad, en el vestíbulo, en el aparcamiento o mientras te lavas las manos», decía. Resultado: Toy story y otros 11 taquillazos, con una media de recaudación de 500 millones de euros.

Seamos igual de ambiciosos que Steve Jobs... o incluso más. Intentemos cambiar el mundo. Puede que no lo consigamos, pero quizá unas gotas de creatividad nos ayuden poco a poco a salir de la crisis o por lo menos a conseguir un empleo o a conservar el que tenemos.

Pero la creatividad no es solo artística, sino que se puede aplicar a las matemáticas, la biología, la antropología, la genética, la filosofía, la medicina, la física, la cocina.

Se trata de aplicar habilidades propias de los artistas a los procesos productivos. ¿Cuáles son esas habilidades? ¿Y cómo podemos fomentarlas? La creatividad es la cualidad de liderazgo más importante del futuro. Gente audaz para poner en práctica estrategias novedosas, incluso disparatadas, y que se sienta cómoda en la incertidumbre. En resumidas cuentas, que tenga valor para lanzarse a la piscina sin saber si tiene agua.

Pero ese salto de fe necesita un entorno favorable que, a veces, es insospechado. Un espacio físico que espoleó la inventiva de sus moradores de manera similar a los estudios Pixar es el Edificio 20 del Instituto Tecnológico de Massachusetts. «Es un lugar horrible para trabajar, con un sistema de calefacción defectuoso y con las paredes contaminadas de amianto -cuenta Jonah Lehrer en su libro Imagine: how creativity works (Houghton Mifflin, 2012)-. Es un edificio que tuvieron que compartir desde los años cincuenta lingüistas e ingenieros informáticos. Dos clases de científicos que entonces no tenían nada en común. Pero gracias a esta convivencia forzada surgió una nueva rama del saber: la inteligencia artificial. Obligar a la gente a que salga de su zona de bienestar e interactúe con personas de otros ámbitos es mucho más importante que disponer de la mejor tecnología».

La fricción es lo que hace saltar la chispa. El físico teórico Geoffrey West sostiene que la productividad per cápita y la riqueza aumentan en los espacios urbanos por esa colisión de mentes y de ideas, es decir, por la mera proximidad de las personas. Cifra ese incremento en un 15 por ciento por cada medio millón de habitantes. Internet multiplica esas condiciones de sobrecarga intelectual. «En lugar de compartir solo vínculos con nuestra red social o comentar los blogs de nuestros amigos, tiene mucho más potencial creativo interactuar con extraños y con propuestas que nos son ajenas o que provienen de disciplinas con las que no estamos familiarizados», añade Lehrer.

Con frecuencia, el acto de crear no es más que la recombinación de viejas ideas o bien una transposición de un campo a otro. En cierto modo todo está inventado, pero todo se puede reinventar. Los hermanos Wright aplicaron sus conocimientos en la fabricación de bicicletas a la aeronáutica; de hecho, su primer avión no era otra cosa que una bicicleta con alas. Y Larry Page y Sergey Brin desarrollaron el algoritmo de búsqueda de Google utilizando un método parecido al que se usa para clasificar artículos académicos.

Un estudio sobre dos millones de patentes registradas en los últimos 50 años demuestra que el trabajo en equipo se ha incrementado un 20 por ciento cada década en todas las ciencias. «Las ideas que cambiaron nuestra forma de pensar en la primera mitad del siglo XX eran producto de genios solitarios, como Einstein. Pero ahora las innovaciones provienen de equipos multidisciplinares reflexiona Lehrer. El secreto es mezclar a la gente y conectar cosas que en apariencia no tienen nada que ver. Normalmente, alguien de fuera ve más porque sabe menos. Por ejemplo, los químicos son excelentes resolviendo problemas de biología molecular. Comparten una base de conocimiento con los biólogos que les permite entender los desafíos, pero no saben tanto como para caer en las mismas trampas y quedar bloqueados». 

Desaprender es tan importante como aprender... y desconectar tanto como conectar. Carl Honoré es pionero del movimiento slow. «La lentitud no es mala. Es sinónimo de calidad. No por estar más horas en la oficina se es más productivo. Después de un descanso, la mente se oxigena y se es más creativo».Dar un paso atrás y mirar las cosas desde un punto de vista ligeramente diferente también ayuda. Es lo que se conoce como 'pensamiento divergente'. «Por este motivo, viajar libera la imaginación y por eso también los jóvenes, que no han aprendido aún todas las reglas, son con frecuencia más creativos que los mayores», afirma Lehrer.«El problema es que el sistema educativo está anclado en el siglo XIX y ahoga la creatividad. Algo hacemos mal si nuestros hijos entran en la escuela queriendo ser astronautas y salen queriendo ser funcionarios opina el pedagogo Richard Huguet. La educación no tiene en cuenta lo que quiere la demanda, que son los alumnos. ¿Se imaginan una empresa que nunca se haya detenido a preguntar a sus clientes si les gusta lo que ofrecen? Quebraría». Y explica que compañías como Hewlett-Packard ya no buscan al ingeniero con mejores notas, sino a aquel que sepa hablar con el cliente, trabaje en equipo, comparta y aprenda rápido.

La creatividad está asociada al lado derecho del cerebro: es el que se deja llevar por sentimientos, intuiciones, riesgo... Mientras que el lado izquierdo controla la lógica, el lenguaje y las matemáticas. Las asignaturas que tienen mayor relevancia en la enseñanza actual provienen de la revolución industrial y están asociadas al lado izquierdo, mientras que el arte, la música o la educación física siguen siendo las marías. Pero en este mundo líquido, en palabras del sociólogo Zygmunt Bauman, en el que nuestras identidades son cada vez más flexibles, donde se cambia de empleo o de país cada vez con más frecuencia, es fundamental una inteligencia fluida. Si el lado izquierdo nos proporciona el hardware, el software está en el derecho. Es el que nos permite resolver problemas en situaciones donde no hay precedentes a los que agarrarse, donde no existe salida.



@gantillano


jueves, 17 de enero de 2019

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y ÉXITO PROFESIONAL



No a todo el mundo se le hace fácil entender el valor e importancia que las competencias emocionales tienen en el ámbito personal y, muy especialmente, aquellas relativas a las habilidades de relación social. Sin embargo, es en las áreas profesionales donde más impactantes y trascendentes se están revelando los resultados de los estudios en torno a la inteligencia emocional.

Es un hecho incontrovertible que muchas personas que han tenido notables dificultades a la hora de abordar y superar con éxito las exigencias académicas de unos estudios formales, acaban triunfando después arrolladoramente en sus carreras profesionales, convirtiéndose en importantes hombres de negocios, creadores y artistas, inventores y toda suerte de profesionales liberales.

Así mismo todos conocemos personas con brillantes expedientes académicos, que una vez alcanzada la etapa profesional no han pasado de obtener resultados mediocres en sus carreras, e incluso en no pocas ocasiones han tenido rotundos fracasos, llegando incluso a veces a un grado de ineptitud total para ganarse la vida y vivir de modo independiente y autónomo.

A lo largo del pasado siglo XX, la media del CI (Cociente Intelectual) de la población de los países desarrollados aumentó 24 puntos, en tanto que el CE (Cociente Emocional) parece haber ido en continuo descenso.

En los últimos años, diferentes investigaciones han demostrado que la correlación entre el CI y el nivel de eficacia en el desempeño profesional no supera el 25 por ciento, y análisis más rigurosos y detallados revelan que dicha correlación no llega en muchos casos ni siquiera al 4 por ciento.

En carreras tales como las ingenierías, o en los programas MBA (Maestría en administración de negocios), donde la selección profesional se basa casi exclusivamente en el CI, la inteligencia emocional se ha mostrado mucho más relevante para determinar quién acabará triunfando profesionalmente.

En relación a un concepto tan en alza hoy como la «excelencia profesional», más de cuarenta estudios realizados en empresas de diversos campos ponen claramente de manifiesto que las aptitudes emocionales representan el doble de importancia que las habilidades técnicas o intelectuales, habiéndose llegado a establecer que en el rango de la alta dirección empresarial hasta el 90 por ciento del éxito depende direc­tamente de la inteligencia emocional.

Por el contrario, en la inmensa mayoría de los directivos que fracasan, o de aquellos que no logran alcanzar puestos de responsabilidad, se suelen dar características y circunstancias tales como la falta de relaciones personales con su entorno, rigidez y falta de autocontrol emocional y de comportamientos; en definitiva, una inteligencia emo­cional escasa o nula.

 
Ejemplo de competencias emocionales profesionales


• Planificar con estrategias bien definidas; técnicas de autocontrol emocional y de comportamientos,

 
• Adquirir el autocontrol y autodisciplina necesarios para planificar, es decir, para pensar antes de actuar.

 
• Establecer relaciones de proximidad y confianza: técnicas de comunicación interpersonal (elementos de comunicación verbal y no verbal, empatía, escucha activa, retroinformación, crea­ción de un clima de confianza, técnicas para convencer).

 
• Orientarnos hacia las relaciones personales.

 
• Causar buena impresión.

 
• Buscar y descubrir intereses personales comunes.

 
• Entender e interpretar adecuadamente estilos individuales de comportamiento.

 
• Actuar de acuerdo a un estricto código ético.

 
• Aprovechar cada interacción para construir canales de comunicación con los equipos de trabajo.

 
• Demostrar habilidades como consultor eficaz y para ser percibido como tal.

 
• Ser competente y demostrarlo, de modo que se pueda confiar en nosotros.

 
• Adquirir y desarrollar recursos técnicos para influir con eficacia: asertividad (determinación de objetivos, elementos verbales y no verbales del comportamiento asertivo, técnicas asertivas).

 
• Superar las objeciones del equipo.

 
• Aprender y desarrollar habilidades de autogestión técnica y emocional.

 
• Establecimiento y consecución de metas.

 
• Gestión del tiempo y la energía.
• Delegación.

 
• Auto-control emocional:
— Frente al rechazo.
— Planificación y realización de actividades gratificantes.
— Técnicas de relajación y respiración.
— Asertividad. Mantener una actitud abierta hacia el aprendizaje y el cambio.

 
• Asumir la realidad del cambio permanente como la esencia de la «era de la información», y la adquisición de estrategias de adaptación al mismo, como objetivo fundamental de des­arrollo personal y profesional.

 
• Percepción del aprendizaje como elemento de mejora con­tinua y fuente de gratificación.

 
• Meta-aprendizaje: métodos y técnicas de aprendizaje: apren­der a aprender.

 
• Herramientas para aprender con eficiencia.

  
Inteligencia emocional y oportunidad profesional

Al hilo del boom mediático en torno a la inteligencia emocional, una auténtica pléyade de profesionales provenientes no sólo del mundo de la psicología (ámbito natural de las competencias emocionales), sino de los más variopintos rincones académicos y empresariales, ha hecho su aparición en la arena pública ofertando todo tipo de cursos, seminarios, intervenciones de coaching para directivos y ejecutivos de empresa..., con los que implícitamente se promete cubrir las carencias de la gente en materia de competencias emocionales.

De este modo, el terreno de las emociones en que se asienta el concepto ha pasado a convertirse en tópico general del que todo el mundo sabe, opina y hasta pontifica con aparente conocimiento de causa, como, por otra parte, ocurre con toda suerte de disciplinas, desde el diagnóstico médico y la prescripción farmacológica de andar por casa, hasta las estrategias futbolísticas que debería seguir tal o cual equipo o entre­nador para triunfar en los terrenos de juego.

De cualquier manera, la aparición de la inteligencia emocional en escena parece haber actuado como espoleta del inicio de un renovado y creciente interés hacia todos los temas relacionados con la psicología, la autoayuda, y el desarrollo y crecimiento personales. El interés del público en general es tan alto, que, masivamente, se ha lanzado al consumo de literatura al respecto, y está llenando los aforos de los cur­sos y seminarios de inteligencia emocional y, en muchos casos, de las consultas psicológicas.

Recuerda

La inteligencia emocional es una habilidad compleja, necesaria para gestionar adecuadamente las emociones.

La inteligencia emocional está constituida por un conjunto de competencias que todos podemos aprender y adquirir en mayor o menor medida. Dichas com­petencias son las siguientes:

• Competencia personales.
• Conciencia de uno mismo.
• Autorregulación.
• Motivación.
• Competencias sociales.
• Empatía.
• Habilidades sociales.

La inteligencia emocional se ha demostrado esencial en todos los ámbitos de la existencia de los individuos, tanto el más próximo y personal, como el relativo a la esfera profesional.

 
Precisamente en el área profesional, cada vez es más patente la importancia radical de la inteligencia emocional, llegando a considerarse hoy día como un factor mucho más determinante del éxito, que el Cociente Intelectual o inteligencia dura.

 

@gantillano

domingo, 13 de enero de 2019

SOMOS MUCHOS EN EL CAMINO




“Somos muchos en el camino”

En la más extrema oscuridad, en la más amarga de las noches, o eternos de los días… la angustia no será capaz, la vida no será banal, el eco no será vacío. Entre tanto negro, siempre hay unos ojos que poco a poco son capaces de apreciar formas… de escuchar lo que no ven, y de ver aquello que ni siquiera se puede forzar ver… en lo caótico de la soledad, el ser humano ansía esa pequeña chispa de vida, ese atisbo de luz, esas ganas de sentirse parte del suelo que pisa, y no perecer, en la ausencia de todo un mundo. Es ese miedo a vencer nuestro futuro, ese miedo a lo inevitable, esa parte predeterminada que asumimos en la mentira, y que en realidad somos capaces de crear el cambio. Ese cambio, es de uno, y no de otros. Ese cambio, es el que te lleva a la lucha por una vida sin futuro impuesto y donde eres tú, el que escribes ese futuro. Muchos creen no poder… y pueden, somos muchos en el camino.

@gantillano