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lunes, 18 de marzo de 2019

EL LENGUAJE CORPORAL NO MIENTE








Nuestro lenguaje no verbal rige la forma en la que otras personas piensan y se sienten acerca de nosotros.”

Amy Cuddy,

psicóloga estadounidense.




No es nada despreciable la influencia de nuestro lenguaje corporal en la imagen que transmitimos a los demás. Seguro que conoces personas que irradian confianza y transmiten simpatía aunque no sean especialmente habladoras, al igual que también conocerás a otras, que sin ser especialmente antipáticas, no llegan a despertar confianza en ti.¿El motivo? En muchos casos se debe a que no utilizan correctamente su lenguaje corporal o existe una contradicción entre su comunicación verbal y su lenguaje corporal.


En este artículo, sin pretender convertirte en experto, te daremos algunos consejos para que saques el máximo partido al lenguaje corporal.

  1
LA CARA


Dicen que “La cara es el espejo del alma” y es así. Nuestro rostro refleja el estado de salud y de ánimo, sobre todo entre los niños. Seguro que en alguna ocasión has visto a un niño taparse los ojos al ver algo que no le gusta o se ha puesto las manos en la boca después de decir una mentira. Son gestos innatos, no aprendidos, que transmiten la intención inconsciente de bloquear lo que dicen, oyen o ven. Aunque en los adultos se transmite de manera más disimulada, se siguen repitiendo estos gestos.



MANOS EN LA CARA. Evita este gesto siempre que puedas. En general, el que alguien se lleve las manos a la cara suele ser producto de algún pensamiento negativo, inseguridad o desconfianza. Al tocarnos la boca podemos transmitir un intento de ocultar algo, o al tocarnos la nariz podemos dar la sensación de que estamos mintiendo. En este caso, la base científica es la siguiente: cuando mentimos o nos enfadamos liberamos unas sustancias llamadas catecolaminas que inflaman el tejido interno de la nariz y pueden provocar un ligero picor. Tampoco vamos a transmitir una imagen de seguridad y control frotándonos un ojo o rascándonos el cuello, gestos muy habituales que, aunque no tengan más significado que ser un mero tic o una mala

costumbre, debemos evitar.

  2
LA MIRADA


Mira siempre a tu intelocutor. El contacto visual demuestra interés. Y si te diriges a un grupo, intenta hacer barridos visuales. La persona que mira a los ojos de sus interlocutores es una persona segura, sincera y amigable, o al menos eso es lo que transmite. Nuestros ojos y nuestra mirada expresan nuestras emociones, por eso utiliza tus ojos al hablar.



Según algunos estudios, cuando hablamos solemos mantener contacto visual entre un 40 y un 60% del tiempo. Como sabes, una falta de ese contacto suele relacionarse con desinterés, nerviosismo o timidez, y una mirada demasiado acentuada o continua puede suponer una molestia para nuestro interlocutor. Así que, en este caso, el mejor consejo es “La virtud está en el término medio”.



¿Sabes que el tamaño de la pupila cambia dependiendo de si nos gusta o no lo que estamos viendo?


No es algo que podamos controlar, pero seguro que te interesa saber que las pupilas se dilatan cuando vemos imágenes agradables. Sin embargo, las pupilas contraídas expresan hostilidad o enfado.
3
LA SONRISA


Sonreír es una señal de felicidad que nos sirve para comunicar y despertar reacciones positivas en los demás. Cuanto más sonrías, más feliz serás. La sonrisa es un arma poderosa que genera sentimientos positivos y mejora las relaciones, así que “Sonríe si eres feliz pero también si no lo eres”. Las personas que sonríen, aunque en ese momento no se sientan realmente así, pueden ser aún más felices, según el psicólogo Michael Lewis.


¿Sabemos diferenciar entre sonrisa verdadera y falsa? Según expertos como el profesor Paul Ekman, es muy fácil descubrir una sonrisa sincera de la que no lo es. Cuando sonreímos de forma natural se nos agudizan las arrugas alrededor de los ojos, las mejillas se elevan y los ojos se entrecierran, mientras que una sonrisa artificial sólo tira de la boca.

4
LA BRAZOS


Los brazos, junto a las manos, sirven de apoyo a nuestra comunicación oral, así que no temas utilizarlos mientras hablas siempre que los gestos no sean excesivos. Eso sí, evita en lo posible crear barreras con tus brazos. Hay quien cree que cruzándolos se siente más cómodo y tranquilo, pero son gestos que predisponen a una actitud crítica. En general, cruzarse de brazos implica que estamos sintiendo inseguridad, de ahí la necesidad de proteger el cuerpo. Existen algunas formas de cruce de brazos “disimulado” como ajustarse el reloj o sujetar un bolso con las dos manos a la altura del pecho, pero todas transmiten el mismo mensaje.

Fíjate en tus gestos. Cuando estás en un ambiente relajado pasándolo bien con amigos no cruzas los brazos.

  5 
LAS MANOS
 

Los gestos con las manos están directamente relacionados con el habla, así que utilizarlas para apoyar tu mensaje puede incluso mejorar tu capacidad verbal. Suele ser muy útil en personas que se bloquean al hablar en público.  

¿Qué gestos debes usar y cuáles deberías evitar?


Mostrar las palmas de las manos. El gesto de enseñar las palmas de las manos está asociado con la honestidad y la verdad. Como sabes, muchos juramentos se realizan colocando la palma de la mano sobre el corazón o una Biblia. Cuando alguien quiere ser honesto levanta una o las dos palmas hacia la otra persona en un gesto inconsciente que transmite al que lo ve la sensación de que no le están mintiendo.


Manos en los bolsillos. Cuidado con este gesto porque puedes transmitir pasotismo y desinterés en la conversación.
 

Entrelazar los dedos de las manos. Aunque hay quien usa este gesto para transmitir seguridad, en realidad comunica una actitud negativa, de nerviosismo e incluso ansiedad. Si tu interlocutor adopta esta postura, intenta evitarla dándole algo para que tenga que sujetarlo.
 

Triángulo de poder. También conocido como manos en ojiva, este gesto con las puntas de los dedos unidas expresa confianza y seguridad, pero cuidado porque puede confundirse con arrogancia. Generalmente, la ojiva hacia arriba se usa cuando la persona está hablando, y hacia abajo cuando se está escuchando.

  6
LAS PIERNAS

Las piernas juegan un papel muy interesante en el lenguaje corporal. Basándonos en que,cuanto más lejos del cerebro está una parte del cuerpo menor control tenemos sobre ella, las piernas nos pueden ayudar a detectar posibles incongruencias en el mensaje. En general, nos acercamos a lo que nos gusta y nos alejamos de lo que no deseamos. Así, la forma de situar las piernas puede darnos algunas pistas ya que nos estará señalando hacia dónde queremos realmente ir.

Piernas cruzadas. Evita en lo posible crear barreras. Aunque en algunos casos se utiliza este gesto por comodidad o incluso como postura elegante, una persona sentada con brazos y piernas cruzados transmite que se ha retirado de la conversación. Como ejemplo, la investigación de Allan y Barbara Pease demostró que las personas recordaban menos detalles de una conferencia si la escuchaban con los brazos y piernas cruzados.

Aunque todas las conclusiones que te hemos expuesto en este artículo están basadas en estudios contrastados, el lenguaje corporal no debe ser tomado como una verdad absoluta. Existen muchos otros factores que influyen sobre él y analizando gestos aislados nunca podrás llegar a conclusiones claras. La clave está en ser conscientes de cómo estamos comunicando con nuestro cuerpo y en evitar gestos y posturas que puedan transmitir una imagen poco cercana, e incluso negativa, de nosotros.




Fuente:: 123EMPRENDE

jueves, 17 de enero de 2019

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y ÉXITO PROFESIONAL



No a todo el mundo se le hace fácil entender el valor e importancia que las competencias emocionales tienen en el ámbito personal y, muy especialmente, aquellas relativas a las habilidades de relación social. Sin embargo, es en las áreas profesionales donde más impactantes y trascendentes se están revelando los resultados de los estudios en torno a la inteligencia emocional.

Es un hecho incontrovertible que muchas personas que han tenido notables dificultades a la hora de abordar y superar con éxito las exigencias académicas de unos estudios formales, acaban triunfando después arrolladoramente en sus carreras profesionales, convirtiéndose en importantes hombres de negocios, creadores y artistas, inventores y toda suerte de profesionales liberales.

Así mismo todos conocemos personas con brillantes expedientes académicos, que una vez alcanzada la etapa profesional no han pasado de obtener resultados mediocres en sus carreras, e incluso en no pocas ocasiones han tenido rotundos fracasos, llegando incluso a veces a un grado de ineptitud total para ganarse la vida y vivir de modo independiente y autónomo.

A lo largo del pasado siglo XX, la media del CI (Cociente Intelectual) de la población de los países desarrollados aumentó 24 puntos, en tanto que el CE (Cociente Emocional) parece haber ido en continuo descenso.

En los últimos años, diferentes investigaciones han demostrado que la correlación entre el CI y el nivel de eficacia en el desempeño profesional no supera el 25 por ciento, y análisis más rigurosos y detallados revelan que dicha correlación no llega en muchos casos ni siquiera al 4 por ciento.

En carreras tales como las ingenierías, o en los programas MBA (Maestría en administración de negocios), donde la selección profesional se basa casi exclusivamente en el CI, la inteligencia emocional se ha mostrado mucho más relevante para determinar quién acabará triunfando profesionalmente.

En relación a un concepto tan en alza hoy como la «excelencia profesional», más de cuarenta estudios realizados en empresas de diversos campos ponen claramente de manifiesto que las aptitudes emocionales representan el doble de importancia que las habilidades técnicas o intelectuales, habiéndose llegado a establecer que en el rango de la alta dirección empresarial hasta el 90 por ciento del éxito depende direc­tamente de la inteligencia emocional.

Por el contrario, en la inmensa mayoría de los directivos que fracasan, o de aquellos que no logran alcanzar puestos de responsabilidad, se suelen dar características y circunstancias tales como la falta de relaciones personales con su entorno, rigidez y falta de autocontrol emocional y de comportamientos; en definitiva, una inteligencia emo­cional escasa o nula.

 
Ejemplo de competencias emocionales profesionales


• Planificar con estrategias bien definidas; técnicas de autocontrol emocional y de comportamientos,

 
• Adquirir el autocontrol y autodisciplina necesarios para planificar, es decir, para pensar antes de actuar.

 
• Establecer relaciones de proximidad y confianza: técnicas de comunicación interpersonal (elementos de comunicación verbal y no verbal, empatía, escucha activa, retroinformación, crea­ción de un clima de confianza, técnicas para convencer).

 
• Orientarnos hacia las relaciones personales.

 
• Causar buena impresión.

 
• Buscar y descubrir intereses personales comunes.

 
• Entender e interpretar adecuadamente estilos individuales de comportamiento.

 
• Actuar de acuerdo a un estricto código ético.

 
• Aprovechar cada interacción para construir canales de comunicación con los equipos de trabajo.

 
• Demostrar habilidades como consultor eficaz y para ser percibido como tal.

 
• Ser competente y demostrarlo, de modo que se pueda confiar en nosotros.

 
• Adquirir y desarrollar recursos técnicos para influir con eficacia: asertividad (determinación de objetivos, elementos verbales y no verbales del comportamiento asertivo, técnicas asertivas).

 
• Superar las objeciones del equipo.

 
• Aprender y desarrollar habilidades de autogestión técnica y emocional.

 
• Establecimiento y consecución de metas.

 
• Gestión del tiempo y la energía.
• Delegación.

 
• Auto-control emocional:
— Frente al rechazo.
— Planificación y realización de actividades gratificantes.
— Técnicas de relajación y respiración.
— Asertividad. Mantener una actitud abierta hacia el aprendizaje y el cambio.

 
• Asumir la realidad del cambio permanente como la esencia de la «era de la información», y la adquisición de estrategias de adaptación al mismo, como objetivo fundamental de des­arrollo personal y profesional.

 
• Percepción del aprendizaje como elemento de mejora con­tinua y fuente de gratificación.

 
• Meta-aprendizaje: métodos y técnicas de aprendizaje: apren­der a aprender.

 
• Herramientas para aprender con eficiencia.

  
Inteligencia emocional y oportunidad profesional

Al hilo del boom mediático en torno a la inteligencia emocional, una auténtica pléyade de profesionales provenientes no sólo del mundo de la psicología (ámbito natural de las competencias emocionales), sino de los más variopintos rincones académicos y empresariales, ha hecho su aparición en la arena pública ofertando todo tipo de cursos, seminarios, intervenciones de coaching para directivos y ejecutivos de empresa..., con los que implícitamente se promete cubrir las carencias de la gente en materia de competencias emocionales.

De este modo, el terreno de las emociones en que se asienta el concepto ha pasado a convertirse en tópico general del que todo el mundo sabe, opina y hasta pontifica con aparente conocimiento de causa, como, por otra parte, ocurre con toda suerte de disciplinas, desde el diagnóstico médico y la prescripción farmacológica de andar por casa, hasta las estrategias futbolísticas que debería seguir tal o cual equipo o entre­nador para triunfar en los terrenos de juego.

De cualquier manera, la aparición de la inteligencia emocional en escena parece haber actuado como espoleta del inicio de un renovado y creciente interés hacia todos los temas relacionados con la psicología, la autoayuda, y el desarrollo y crecimiento personales. El interés del público en general es tan alto, que, masivamente, se ha lanzado al consumo de literatura al respecto, y está llenando los aforos de los cur­sos y seminarios de inteligencia emocional y, en muchos casos, de las consultas psicológicas.

Recuerda

La inteligencia emocional es una habilidad compleja, necesaria para gestionar adecuadamente las emociones.

La inteligencia emocional está constituida por un conjunto de competencias que todos podemos aprender y adquirir en mayor o menor medida. Dichas com­petencias son las siguientes:

• Competencia personales.
• Conciencia de uno mismo.
• Autorregulación.
• Motivación.
• Competencias sociales.
• Empatía.
• Habilidades sociales.

La inteligencia emocional se ha demostrado esencial en todos los ámbitos de la existencia de los individuos, tanto el más próximo y personal, como el relativo a la esfera profesional.

 
Precisamente en el área profesional, cada vez es más patente la importancia radical de la inteligencia emocional, llegando a considerarse hoy día como un factor mucho más determinante del éxito, que el Cociente Intelectual o inteligencia dura.

 

@gantillano

sábado, 18 de julio de 2015

“EXCUSITIS”




La Tentación del Fracaso

Estas son algunas formas en que se manifiesta la “Excusitis”


NO TENGO CAPACIDAD DE: Nunca subestimes tu propia inteligencia, ni sobreestimes la inteligencia de los demás. Descubre tus talentos superiores. Busca las razones por las que sí puedes hacerlo, nunca por las que no podrás, y crea el hábito de pensar en grande.

NO FUNCIONA: Soy demasiado viejo, o demasiado joven. Es la ‘excusitis’ de la edad. 

MI CASO ES DISTINTO: … Yo atraigo la mala suerte. Las personas que alcanzan la cima en cualquier profesión, llegan hasta ahí porque tienen la mejor actitud, y usan su buen juicio en hacer una labor esmerada y sobresaliente.

TODOS ME SABOTEAN: Asume tus responsabilidades, reconoce tus limitaciones y acepta tus fracasos, es la única forma en que lograrás ser exitoso.

NADIE ME ENTIENDE: Si nadie te entiende, ¿Será que no te estas comunicando correctamente? Revisa tus habilidades sociales y como te relaciones emocionalmente con las personas, recuerda que la inteligencia no solo es intelectual.


Como protegerse de la “Excusitis”


Desarrolla y fortalece tus habilidades sociales, la autoconciencia, la autorregulación, la motivación y la empatía.

Considera a la gente desde la perspectiva adecuada. Recuerda que las personas tenemos muchas semejanzas, muchas más que las diferencias que podamos tener. Fórmate una idea equilibrada de los demás.

Sé muy cuidadoso para evitar el lenguaje despectivo e hiriente.

Elogia a otros cuando tengas oportunidad. Un elogio hecho con sinceridad es una puerta para el éxito.

Usa palabras de ánimo, esperanzadoras, alentadoras. Usa palabras que den esperanza, felicidad y placer.

Ensancha tu visión; visualiza lo que puede ser, no lo que es. Valora más las cosas, a la gente y a ti mismo.

Centra tu atención en los objetivos importantes. Antes de involucrarte en algo, pregúntate ¿en realidad merece la pena?

Amplía tus horizontes. Déjate estimular. Busca personas que puedan ayudarte a concebir nuevas ideas, nuevas formas de hacer las cosas. Rodéate de gente con distintas profesiones e intereses sociales.









martes, 13 de septiembre de 2011

EL ÉXITO ¿UN ASUNTO DE GANAR O PERDER?






Los seres humanos vivimos en una constante búsqueda del éxito ese estadio que nos convierte en “ganadores”, diferenciándonos de aquellos que en nuestro concepto o en el de la sociedad son “perdedores”, y que nos garantiza la “felicidad”.
Vivimos en sociedades que nos empujan a competir, con los otros y con nosotros mismos, para alcanzar ese ideal de éxito que nos venden a través de los medios de comunicación y que está definido por la acumulación de bienes materiales, logros académicos, reconocimiento externo, etc. No hay que pasar mucho tiempo frente al televisor, una pantalla de cine o escuchando alguna canción en la radio para identificar estos valores sociales asociados al éxito, como poseer riqueza, autos último modelo, grandes casas, ser bien parecidos, ser ejecutivos de alguna corporación internacional, tener familia a cierta edad y en el caso de los hombres, estar rodeado de mujeres hermosas, salidas de algún concurso de belleza.
Estos valores nos van desdibujando como personas y terminamos identificándonos con nuestras posesiones, cuántas veces no nos hemos referido a alguien como fulanito de tal, el doctor, el del carro verde, el que vive en tal sitio o el que se ganó el premio, etc., obviando por completo características como el carácter, la integridad, la honestidad y muchas otras cosas que seguramente nos definen mejor que lo que tenemos.
El paradigma del éxito que nos venden está casado entonces con la cantidad de cosas materiales que vamos adquiriendo en nuestra vida y el estatus asociado a estas, dos elementos que al final del día nos permiten alcanzar la tan ansiada diferenciación de los demás. ¿Pero nos hacen nuestras posesiones y estatus personas exitosas?
En mi opinión y respetando el concepto que cada uno pueda tener sobre el éxito, su alcance no está para nada relacionado con la acumulación de cosas materiales, ni con el estatus. Tiene que ver con nuestra capacidad de ser útiles y aportar a la sociedad en la cual nos desenvolvemos.
Al contrario de lo que nos han enseñado pienso que para alcanzar el éxito no es necesario competir sino colaborar con los demás, abandonar esa carrera que seguramente nos llevará a la decepción de no alcanzar ese patrón social impuesto y poner todas nuestras capacidades, humanas y profesionales, al servicio del bienestar individual y colectivo. Tampoco es necesario que seamos unos genios e inventemos una vacuna o descubramos una nueva fuente de energía, basta con desempeñarnos en nuestro campo de acción con nuestro mayor empeño y excelencia.
Estoy seguro además que el actuar de esta manera nos permite lograr reconocimiento propio, que es mucho más importante que el del resto del mundo. Para mí ser exitoso significa poder acostarme todas las noches con la satisfacción de haber sido útil, poniendo lo mejor en mi trabajo, mis relaciones con los demás y con mi entorno.
No es necesario entonces que nos clasifiquemos entre “ganadores” y “perdedores” ya que todos tenemos la capacidad, a través de lo que hacemos, de transformar aunque sea en mínima parte nuestra vida y la de las personas que están a nuestro alrededor, eso nos convierte a todos al menos en personas potencialmente exitosas.

Alejandro Acosta